Justicia para Jineth

Columna publicada el 4 de octubre en El Heraldo.

Han tenido que pasar 14 años para que Bedoya empiece a vislumbrar la posibilidad de justicia. Este año, el 21 de julio, la CIDH admitió el caso de la periodista para determinar la responsabilidad del Estado colombiano en los crímenes que, para callarla, se cometieron en su contra, y la semana pasada, el 26 de septiembre, por fin, la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía confirmó que el secuestro, tortura y violencia sexual contra la periodista constituyen un Crimen de Lesa Humanidad.

Hace 14 años, Jineth Bedoya era la reportera de judiciales en El Espectador y estaba siguiendo el caso de un cadáver que encontraron dentro de La Modelo. La investigación tocaba el nervio de la infiltración de organismos criminales en instituciones del Estado. El 25 de mayo Bedoya fue secuestrada a la entrada de la cárcel, durante 16 horas la drogaron, la torturaron y la violaron, por órdenes de los comandantes de las autodefensas Miguel Ángel Arroyave y Ángel Custodio Gaitán, hoy muertos.

Solo hasta hace dos años se dictó medida de aseguramiento contra alias el Panadero, Mario Jaimes Mejía, el sicario encargado de ejecutar el asesinato, y otros dos paramilitares, Jesús Emiro Pereira Rivera, alias Huevoepisca, y Alejandro Cárdenas Orozco, alias JJ Jaimes, que es el único que aún es acusado del crimen, nunca confesó su participación en los hechos, ni siquiera en Justicia y Paz, y ahora, finalmente, enfrentará juicio por los delitos de secuestro, tortura y acceso carnal violento. En ese entonces el caso fue declarado Crimen de Lesa Humanidad, pero el fiscal Montealegre rechazó la categoría en un comunicado de su oficina, dejándolo en una situación ambigua.

En ese entonces Bedoya dijo en una carta abierta al fiscal “Y a estas alturas, en las que las amenazas, la persecución, la intimidación y las lágrimas me han dado la fortaleza para no desfallecer un solo día, esta decisión ya no solo dignifica a Jineth Bedoya Lima, la mujer y la periodista, sino a las miles de mujeres colombianas que hoy represento y que como yo han sido atropelladas y muertas en vida. Pero también es un reconocimiento al calvario silencioso que afrontaron decenas de periodistas, en medio de la amenaza criminal que forjó el paramilitarismo, para silenciar los micrófonos y las salas de redacción de este país. Como periodista le digo, que en la misma mesa en la que se planeó el asesinato de Jaime Garzón, se ordenó mi homicidio y desaparición, y de allí mismo salieron las amenazas para otra decena de periodistas. Si eso no es sistemático y preconcebido, ¿cómo más se le puede llamar?”

El crimen contra Bedoya fue un mensaje de intimidación a las mujeres, los periodistas y la libertad de prensa en Colombia. Su persistente impunidad, 14 años después, reitera el mensaje de miedo y amenazas para todos. Mientras tanto, Bedoya se ha perfilado como una de las mejores periodistas del país, continúa su trabajo con disciplina y rigor, hoy como subeditora de El Tiempo y líder de la campaña ‘No es hora de callar’, contra la violencia que viven las mujeres en Colombia. Bedoya es un ejemplo de valentía y persistencia para mujeres y periodistas de toda Latinoamérica. Cualquier avance en su caso es una razón de esperanza para una Colombia más libre y justa; pero es hora de que el crimen se resuelva, los, y sobre todo las colombianas, más qué esperanzas, queremos justicia real.

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