Paladines de los machos

Creo que las reacciones posteriores a la crítica al texto de Alejandro Sánchez para la revista Emeequis merecen algunos comentarios en respuesta:

1. Pobrecito

Muchos salieron a defender a Sánchez argumentando que el periodista es muy buen tipo y que todos sus textos no son así de misóginos. Uno de sus amigos Wilbert Torre dijo en Facebook que:

“Un grupo de feministas cree que la historia de Sánchez es una apología de la violencia contra las mujeres y para impulsar su argumento se transforma en una manada violenta e intolerante que destaza al periodista en las redes sociales: ha llegado al extremo demencial de escribir a la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano para decir que Sánchez no debería recibir el premio Gabriel García Márquez”

¿Qué grupo de feministas? Yo he visto acciones aisladas de no más de 10 críticos (mujeres y hombres en su mayoría auto-identificados como feministas) que probablemente ni nos conocemos entre nosotros, ¿cómo es que eso se convirtió en una manada violenta?  Ahora, ¿quién le escribió a la FNPI pidiendo la cabeza de Sánchez? Yo no lo sé, ni nadie ha citado tal petición formal y yo hasta me pregunto si existe.

Pero por si alguien lo hizo, hay que decir que pedir la cabeza de Sánchez en nada ayuda a resolver el grave problema de feminicidios que hay en México, lo que si ayuda es que Sánchez, como lo hizo, ofreciera una disculpa a la familia de Sandra Camacho y a sus lectores por hacer apología del feminicido en su fallida crónica. Ahora, como veedores del periodismo latinoamericano, la FNPI sí tenía que pronunciarse al respecto, y también lo hizo. A la revista Emeequis también hay que reconocerle que su siguiente número está dedicado a los feminicidios.

Dice también Torre:

“No es que esté mal debatir. Lo que no me parece es, otra vez, el tono absolutista, intolerante, deshumanizado, de máquinas perfectas y no de seres humanos, que se emplea para revisar la historia, como si todos los críticos hubieran escrito o escribieran todos los días historias con la profundidad sicológica de Tóibin, Talese, Dostoyevsky o Hemingway.”

A mí no me importa si el autor es buen tipo, buen novio, o qué intención tuvo o si ha hecho otros textos buenos. Yo le estoy criticando un texto machista y misógino que naturaliza el discurso que justifica a los feminicidios, un texto que él publicó. Al parecer hemos tratado con mucha “furia e injusticia” a Alejandro Sánchez. Al parecer ha sido una “avalancha despiadada”, “linchamiento”. Somos muy crueles las feministas con nuestras exigencias de que no hagan apología al feminicidio. Porque ya saben, sería mejor que fuéramos maternales y comprensivas con los hombres que cometen y hacen apología de asesinatos a mujeres. Ellos, a los asesinos y periodistas machistas ¿quién los entiende y ayuda? ¿quién los defiende de nosotras y nuestras hirientes palabras?

El periodismo es un escenario de ese debate público y los periodistas, y más aún después de la revolución de internet, tenemos que estar preparados para el escrutinio de nuestros lectores.

No hay que olvidar que el punto más importante en este debate sobre machismo y periodismo no es:

  • Ni qué tan bravas son “las feministas”
  • Ni las medallas de Javier
  • Ni el ego de Alejandro Sánchez

Lo importante es que hay una víctima, Sandra Camacho, que representa a miles de mujeres mexicanas cuyos asesinatos quedan impunes porque están totalmente normalizados en el discurso y en un texto periodístico que debería estar al servicio de la democracia y los derechos humanos.

Cuando un periodista escribe para una publicación pública se expone de manera legítima a la crítica. Acaso es tan difícil aceptar un error y hacer una rectificación? ¿y acaso por qué es tan difícil decir “sí fui machista, no me di cuenta pero estuvo mal” y corregir? A mí me sorprende que se quejen de la tal “crítica despiadada” ¿acaso Sánchez está amenazado? ¿acaso se quedó sin trabajo? ¿acaso bajaron su texto de la revista? ¿está herido? Más bien es hora de que los periodistas se acostumbren a que los lectores contestan. ¿Querían audiencias críticas? ¡Pues aquí las tienen.

2. Tras los pasos de Capote

En lo que sí estoy de acuerdo con Torre es en que Sánchez no es ningún Talese, ningún Hemingway, ningún Dostoyevsky.

Muchos han argumentado que lo que él quería hacer era “periodismo narrativo” y “meterse en la mente del asesino”, esto según la escuela que dejaron Talese y Capote. Es posible que esta fuera la intención de Sánchez, pero es claro que le falta aprender mucho de sus maestros pues ellos, en ningún momento, hacen apología de los asesinos: por eso la novela de Capote se llama “A sangre fría” A s a n g r e f r í a, no “Pobre hombre blanco que mató a una familia entera por error y se cagó la vida”.

3. ¡¿Censura?!

Finalmente, Gisela Pérez de Acha escribe en Sin Embargo que las hordas feministas hemos censurado a Sánchez. Empiezo por decir que el texto tiene serios problemas lógicos y argumentativos. Desafortunadamente, estos errores lógicos se alimentan de argumentos del patriarcado o del statu quo y terminan por estigmatizar los argumentos feministas y banalizar el –siempre urgente– reclamo por el derecho a la libertad de expresión.  Aunque esto presenta un escenario pobre para una réplica, contesto con el interés de que continúe la discusión para avanzar derechos desde el debate público y el cambio cultural.

Pérez de Acha parte de una premisa falsa: que el texto de Sánchez ha sido censurado, y continua con otra falacia: que la crítica que se le hace al texto está en el plano de lo legal.  Como su texto en ningún momento prueba que haya una vulneración, directa o indirecta, a la libertad de expresión de Alejandro Sánchez o de la revista Emeequis, o de nadie, es claro que esto no es un problema de libertad de expresión. ¡Los machistas que se expresen libremente! Así nos dan el chance de rebatirlos con argumentos y sentar precendentes. Criticar no es censurar, así las críticas duelan

Por eso, mi primera pregunta para Pérez de Acha es ¿cómo fue que lo censuramos? Su texto sigue ahí colgado, nadie ha pedido que lo bajen, el puede seguir escribiendo tranquilo, no ha perdido si trabajo ni está en riesgo su vida. Entonces, ¿cómo es ese tal efecto de la “sutil censura feminista”?

Qué yo sepa nadie ha interpuesto una denuncia penal para bajen el texto de Sánchez, ni lo ha acusado de un crimen y en tanto no hay acciones legales no veo de dónde se asume que se usa la acepción jurídica del término. La gente tiene derecho a trollear en Twitter, a escribirle cartas a la revista, al autor, y a quejarse ante instancias del Estado, eso, precisamente, es libertad de expresión. Pérez de Acha confunde las peleas de Twitter con las cortes. Hasta que no haya una denuncia penal o una orden estatal que ordene que el texto se remueva no hay manera de argumentar que acá hay algún tipo de censura. Tampoco ha habido castigo de ningún tipo al texto de Sánchez más allá de pedirle, y con toda razón, que pidiera disculpas.

El texto de Sánchez sí, hace apología del feminicidio, más allá del significado legal de ese término, la hace, si quieren, según la definición más pedestre la de Wikipedia: “La apología del delito trata de justificar acciones de dudosa legalidad (o ilegales) normalmente mediante el discurso, tratando de hacer comprender que la acción debe realizarse por corresponder a los principios éticos de los que se hacen gala. Es el elogio público de un acto que ha sido declarado criminal.” Luego, ¿Es el texto de Sánchez apología de un delito, el feminicidio? ¡Sin duda! ¿Alguien ha hecho una denuncia penal al respecto como para entender la queja de forma jurídica? No. ¿Ha tomado alguien medidas penales para “censurarlo”? No, nadie.

Pérez de Acha cree que las disculpas de Alejandro son cosas de moralina, y aquí se equivoca de nuevo, porque sí, como dicen quienes se quejaron en Conapred, el artículo, con su “ponderación descarada del feminicida”, “refuerza los patrones de discriminación”. ¡Y lo hace! Es un feminicidio de libro y las mimMas excusas con las que disculpa a Javier son las que se usan para dejar en la impunidad el 95% de los asesinatos a mujeres en México que son:

6.4 cada día.

¡6.4 feminicidios cada día!

Pedir que el autor de un texto que hace apología de eso no es pedirle que se ajuste cánones morales específicos. Esta no es una diferencia moral. Estamos hablando de mujeres muertas. Pedir disculpas y reconocer que el texto es machista es lo único que puede desmontar los posibles efectos nocivos del texto, como normalizar el feminicidio.

Aunque creo que nada tiene que ver con el debate, siento que debo detenerme un momento en el argumento más desafortunado del texto de Pérez de Acha:

“¿Qué pasaría si Emeequis publicara un número especial a favor del aborto? Si abortar es matar, ¿diría la derecha que la redacción hace apología al homicidio? ¿Irían a CONAPRED a quejarse de la discriminación hacia los no-nacidos? ¿Pedirían una disculpa pública por el honor de los nascitutrus?”

La analogía con el aborto es una falacia muy desafortunada para alguien que se dice feminista. Abortar es matar pero no es asesinar, ¡No es un homicidio! No es un homicidio porque el feto, o embrión no es una persona (en ninguna de sus acepciones, ni siquiera la jurídica) ni un individuo, porque solo disfruta de derechos a través de la mujer que lo contiene que sí es sujeto de derechos. Tal vez Pérez de Acha presenta este argumento de los anti-derechos con el fin de hacer una reducción al absurdo, pero al no darse cuenta de que no son equivalentes practicar un aborto que asesinar una mujer cae en la trampa de la derecha de creer que el aborto es equiparable a un homicidio. Ojalá que jamás, ni en chiste, ni por reducción al absurdo los y las autodenominados feministas  caigan en las trampas de las falacias argumentativas de los anti-derechos y terminen estigmatizando los argumentos que defienden la perspectiva de género.

En esa misma línea hay que anotar que decirle extremistas o censores a quienes reclaman la reivindicación de un derecho en el debate público de manera pacífica y crítica es aliarse con el patriarcado o el sistema opresor de turno. También es necesario señalar que es, como mínimo extraño, que una persona que representa a Femen en México, una organización que apoya la protesta disruptiva y va en contra del patriarcado, venga a decirme que un texto en mi blog es excesivo. Pérez de Acha, que en ocasiones anteriores ha usado palabras como “asesino” y “dictadura” con total desdén por los significados de estas palabras en el ámbito jurídico y en el cotidiano, y que ha dicho en repetidas ocasiones que protestar no es un delito. ¿Es que solo se puede prostetar contra el Estado pero no contra los sacrosantos medios de comunicación?

La gente tiene derecho a usar conceptos salidos de donde sea para decir lo que quiere en un debate público ¿o es que las palabras solo pueden usarse en sus acepciones jurídicas? Los abogados deben entender que las palabras tienen significados previos, y acepciones diferentes por fuera de las cortes. En un debate público que no tiene implicaciones penales o legales, asumir que todas las acepciones de las palabras son jurídicas solo entorpece la conversación de los ciudadanos. Es clasista y antidemocrático imponer un monopolio jurídico en el debate público.

Si la sutil censura consiste en que la proxima vez que Sánchez o cualquier otro periodista en México lo piense dos veces antes de hacer apología de victimarios y escribir con flagrante misoginia pues ¡muy bien! Pero lamento decirle a Pérez de Acha que eso no es censura, es crítica y esa es la forma en que se regulan las sociedades y las culturas. Se llama debate público, y esa es la manera pacífica de lidiar con los discursos violentos como lo hemos hecho varios en este caso. El periodismo, por supuesto, es uno de los ejes del debate público y está legítimamente sujeto a la regulación a través de la crítica.

Mi posición siempre será en contra de las prohibiciones y la censura. Los mecanismos de Conapred me parecen excesivos y poco efectivos. Ya he dicho en otras ocasiones que conviene que los intolerantes y los anti-derechos, hablen, la mejor manera de cambiar la opinión de la gente y de avanzar culturalmente un derecho es por medio del debate público y eso es lo que estamos haciendo varios al criticar el texto de Sánchez.

Si algo, lo que ha sucedido con El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia) es síntoma de que hay una masa de lectores crítica que puede recurrir a métodos pacíficos como la crítica y el debate público para desmontar discursos que naturalizan la violencia contra las mujeres. Eso, en vez de un ejemplo de censura, es más bien un triunfo de la libertad de expresión.

Es grave hacer acusaciones de censura a la ligera cuando no hay ningún hecho que sustente dicha censura. Hacerlo es preocupante porque hace que la gente confunda criticar con censurar y porque banaliza los reclamos legítimos de quienes defienden la libertad de expresión en los casos en que sí se ve vulnerada. Qué “el niño que gritaba ¡lobo!” no se convierta en “la niña que grita ¡censura!”.

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2 comments

  1. Añadiría que este debate en torno al artículo de Sánchez ha mostrado el grado de intolerancia hacia el feminismo, palabra que se usa como insulto cuando no hay razón lógica, y desdén hacia los temas relacionados con mujeres. Me pregunto si se atacaría igual a críticos de un artículo que hiciera apología de alguna masacre. Seguro que no,.

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  2. Soy de aquellos que desde el inicio se enfureció y se fue a las redes de emeequis y del periodista mismo. Recuerdo muy bien la nota original del asesino, decía “Genio en física mata y descuartiza a su novia”, en ella venía una cuenta de lo que había hecho y su escape. En los comentarios por desgracia estaba lo peor del academicismo recalcitrante “tercer lugar no es genio” “era inteligente más no genio” “ya a cualquier lo tildan de genio”, olvidando por completo que había un feminicidio de por medio.
    Luego me encontré la nota en emeequis porque mi amiga Elisa me la pasó. Dejé que se me enfriará la cabeza y leí los comentarios tanto a la nota como en el FB de emeequis y en tw.
    Me enfurecía ver a idiotas defendiendo el texto (que además a mi parecer es bastante malo) y a otros hablando del feminismo (que no entienden) como el peor de los males, hablando de las mujeres como si fueran cosas (como si hubieran nacido solos y no de una madre); pero lo peor y lo que me hizo distanciarme un poco del caso fue ver a mujeres aplaudiendo el texto.

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