Trece años

Columna publicada el 18 de octubre en El Heraldo.

Acaban de caer dos redes de trata y explotación sexual de niños (especialmente niñas) y adolescentes en Barranquilla y Cartagena. Las autoridades también lograron desmantelar una red en Armenia que estaba vinculada a anillos de trata en la región cafetera y que enviaba a las víctimas a la costa Caribe. En Barranquilla parece que la red de proxenetas buscaba a las niñas en colegios, centros comerciales, redes sociales, y alcanzaron a cooptar a más de 200 adolescentes entre los trece y diecisiete años que promocionaban como “vírgenes”, usando fotografías de sus genitales para concretar servicios de hasta seis millones de pesos. Mientras tanto, en Cartagena, las autoridades realizaron un operativo en Islas del Rosario, donde se celebraba una fiesta con 25 menores de edad que habían llegado engañados y drogados al lugar. Al parecer esta red usaba la fachada de una academia de modelaje con sede en Bocagrande y manejada por la ex reina de belleza popular Kelly Suárez.

Estas capturas recientes muestran cómo han evolucionado las tácticas empleadas por las redes de trata para captar menores y cómo la “subasta de la virginidad” se ha convertido en un problema gigante que amenaza a las niñas y niños de todas las regiones del país. Medellín, Cartagena, Pereira, Barranquilla y Cali ganan cada día más renombre como centros de prostitución infantil y como ciudades de origen y destino para la trata de menores con fines de explotación sexual. También es claro que muchas de las empresas legítimas relacionadas con el turismo, como hoteles y agencias de viaje, y trabajadores independientes (como taxistas que ofician de reclutadores y proxenetas) sirven como facilitadores del abuso infantil e incentivan la prostitución forzada. Eso sin contar las muchas ‘agencias de modelaje’ o de ‘citas para extranjeros’ que se han convertido en fachadas recurrentes para este tipo de delitos. Según Insight Crime, en Colombia hay al menos 35.000 menores de edad que son explotados sexualmente.

A pesar de la alarmante situación, aún hay quienes dicen que el problema es inventado, como la secretaria de Participación Social y Desarrollo, Rocío Castillo, que afirma que “en Cartagena no existe turismo sexual porque aquí no vienen los turistas a eso”. Castillo cree que la explotación sexual a menores (un hecho innegable) existe, pero que no está relacionada con un “imaginario” turismo sexual. ¿Quién cree que son los clientes que abusan de estos niños y niñas? A la indolencia y negación de muchos funcionarios se suma que el Estado difícilmente cumple la Ley 985 de 2005 de asistencia a víctimas. “El Estado colombiano no garantiza integralmente los derechos de las víctimas de trata, por lo tanto las víctimas regresan al mismo contexto de vulnerabilidad donde fue captada, o a uno peor. Las víctimas por serlo no dejan de tener derechos ni se pueden volver la prueba de los casos penales”, dice Ariadna Tovar, directora legal y de incidencia regional para Women’s Link Worldwide.

Ni el Estado ni la ciudadanía pueden negar el problema de la trata y explotación sexual (esclavitud) que enfrentan las niñas y niños de Colombia. De nada sirven las capturas mediáticas si en contextos políticos se sigue negando el problema, si no se les da atención adecuada y garantías a las víctimas y si la ciudadanía sigue viendo la prostitución infantil como algo normal y hasta necesario, mientras da vueltas felices en la pista de baile sin escuchar a Wilfrido Vargas que le canta “eeeeella, llegó por engaños, tiene trece años, el maquillaje la ayudó”.

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