Susana y los sabios

Columna publicada el 30 de octubre de 2014 en El Espectador.

Entre la iconografía bíblica que reprodujeron pintores barrocos y renacentistas hasta el infinito está la historia de Susana y los viejos. Susana era una joven “muy bella” y su marido era un hombre adinerado. Unos viejos adquieren la costumbre de espiarla en el baño. Intentan violarla, ella no se deja, la acusan de adulterio y la condenan. Irónicamente, el profeta que la salva se llama Daniel. La historia pasó a la iconografía con la representación de una “bella” mujer desnuda y unos viejos, peliblancos y verdes, mirándola, vestidos y desde la oscuridad. Las imágenes publicadas en la revista Jet Set, sobre la Fotonovela de Soho parecen parte de la misma iconografía. Una mujer desnuda que camina mientras unos señores, calvos y canosos la miran desde la orilla. ¿Quiénes son estos señores? Algunos de los intelectuales más respetados de Colombia, hombres sensibles e inteligentes que muchos admiramos.

¿Por qué es sexista la foto si ha sido tomada con completo consenso? Porque estos hombres están ahí porque son personas con nombres, apellidos, logros intelectuales: sabios. Ella, Natalia Silva, está en la foto porque está desnuda. Es evidente que los intelectuales aparecen en la foto como sujetos, ellos la miran, ella es mirada. Las fotos hacen parte de una larga tradición de imágenes en que las mujeres desnudas son una utilería que adorna o acompaña un tema: pasta de dientes, cerveza, carro, hombre. Ayudan a mantener una sociedad donde es “normal” que las mujeres sean vistas como un objeto más, ayudan a que eso se acepte sin pensarlo. También refuerzan una visión de los hombres, inteligentes o no, como animalitos con deseos irrefrenables e irracionales. Creer que esto es normal es el primer paso para que alguien asuma que, en tanto que cosas, podemos ser propiedad, pueden hacernos daño, y de esa normalidad se deriva la impunidad de los crímenes de género. Además, esas fotos son una especie de oda al acoso callejero que vivimos las mujeres todos los días, que nos hace cambiarnos de acera. El acoso callejero da miedo, no es halagador y se da en el marco de una cultura patriarcal y machista, que se alimenta en el día a día con imágenes como estas.

Coincido con Carolina Sanín en que ver a unos señores mirando a la modelo como quien se relame ante una empanada es penoso, pero no para la modelo, sino para estos profesionales respetados que encuentran divertido posar de viejos verdes. No estaba Carlos Gaviria casual en una banca sucia cuando se le sentó una modelo desnuda al lado. Él, todos, se prestaron para la puesta en escena de estas imágenes y símbolos. Poco podemos pedirle a estas alturas a la revista Soho, pero creo que sí hay que hacerle exigencias de respeto a los intelectuales que participaron. Nadie los está acusando de un delito (no han cometido ninguno) y no creo que nadie piense que son malvados, maltratadores o violadores. El machismo no es exclusivo de los hombres ni culpa de unos cuantos agresores, es un sistema cultural engranado hasta lo más hondo de nuestra sociedad, y verlo es difícil cuando todo el mundo lleva toda la vida diciendo que la desnudez de las mujeres es un producto comercial, obviando que somos personas. Son cosas como estas fotos las que hacen difícil verlo. El problema no es tener comportamientos machistas; todos los tenemos porque el patriarcado es un sistema arraigado en la cultura. El problema es negarse a aceptarlo, justificar estos comportamientos, no tener la capacidad reflexiva para ver ese machismo y/o la entereza para enmendarlo. Esta columna es para pedirle a “los intelectuales” que miren esas fotos entendiendo que hay un juego de poder en la escena del hombre vestido y célebre junto a quien posa una mujer desnuda “anónima”, accesorio de su celebridad, y que las imágenes que tratan a mujeres como objetos normalizan la violencia de género y la discriminación. Señores: de ustedes esperamos mucho más.

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One comment

  1. De acuerdo como la mayoría de las veces con Catalina. Està tan arraigada en nuestras entrañas esta cultura -que no solo existe en los hombres, y nos es difícil mirar a las mujeres como miraríamos a nuestra hija, con respeto y orgullo. Algunos hasta justifican la violencia contra la mujer predicando que es su culpa sacar lo animal que tenemos. Llegarà el dìa en el que seremos capaces de verlas en su justa dimensión de seres humanos capaces de ser las mejores amigas y consejeras.

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