Mujeres públicas

“Hacer malabares: Mujeres públicas en cargos políticos y los obstáculos que encuentran al abrirse camino” capítulo sobre Colombia en el libro “Mujeres muy políticas, mujeres muy públicas”, Fundación FES (Friedrich Ebert Stiftung), noviembre 2014.

Colombianas en cargos públicos y de elección popular y los obstáculos que enfrentan al abrirse camino en la vida pública nacional.

Cuando hablamos de “hombres públicos” es claro que nos referimos a funcionarios y políticos. Sin embargo, desde que las mujeres pudieron ser elegidas para cargos públicos y de elección popular nació una nueva acepción a la expresión “mujeres públicas” que antes estaba reservada para la prostitutas. Las mujeres públicas enfrentan esta paradoja semántica en carne propia, pues en el ejercicio de su labor su género, con demasiada frecuencia, obra como un obstáculo para realizar de manera efectiva su trabajo.

¿Cuáles son estas barreras? ¿Cómo es la participación política de las mujeres en Colombia? ¿Implica esta participación una defensa de los derechos de las mujeres? ¿Cómo reciben los colombianos a las mujeres que se dedican a la política? A continuación revisaremos la situación actual de las mujeres en el ejercicio de la política colombiana revisando tres aspectos principales: cómo ha sido la irrupción política de las mujeres en Colombia, cómo experimentan las mujeres su participación y cómo la reciben los colombianos a través de los medios de comunicación.

La experiencia de la política: aprender a hacer malabares

Según la senadora Ángela María Robledo, la baja participación política de las mujeres es el resultado de otro tipo de desigualdades, por ejemplo que las jóvenes doblan los índices de desempleo de los hombres. “Ante igual trabajo y hasta con mejor formación, las mujeres reciben un 20% menos de salario, no hay reconocimiento del trabajo doméstico ni de  todo lo que significa la economía del cuidado. Esto se tiene que traducir de alguna manera en el no reconocimiento a la participación. Las mujeres hacemos política en espacios comunitarios pero ya para que eso se traduzca en votos para alcaldes para congreso, es diferente.”

La gran mayoría de las mujeres entrevistadas dicen no haber sido víctimas directas de discriminación por su género en el ejercicio de su carrera política. Por ejemplo, Esther Molinares, la única mujer entre 21 concejales de Barranquilla, declara que todos se han portado con ella como caballeros y que su condición de mujer le ha ayudado a tener visibilidad dentro del concejo. “Es claro que la mujer al entrar a una corporación pública intenta ser demeritada pero le corresponde a la misma mujer demostrar su trabajo”. Reconoce, sin embargo que la política es un mundo machista y eso se nota, por ejemplo, en que mientras la Asamblea está llena de mujeres, son pocas las que se atreven a lanzarse al Concejo. Molinares lo explica diciendo que “por naturaleza las mujeres le temen a la discusión, a la controversia”.

Aunque las entrevistadas no se sienten discriminadas, paradójicamente, casi todas reportan descalificaciones verbales en debates y en la presentación de propuestas y problemas para mantener la estabilidad de su vida personal. Esta contradicción puede deberse a dos cosas, la primera es que son formas de violencia y discriminación que han sido naturalizadas y la segunda es que, como representantes de la comunidad, es difícil (y poco estratégico) que estas mujeres se asuman como discriminadas.

“Vaya trabaje eso con la primera dama”, “seguramente amaneció hoy con el periodo concejala”, son expresiones frecuentes con las que se enfrentan las mujeres en los municipios colombianos. Según Ana Castro, consultora para procesos legislativos de ONU Mujeres y que ha trabajado codo a codo con candidatas de todo el país, unas optan por tratar de terminar el periodo y quedarse calladas porque realmente no pueden agendar mayor cosa. Las entrevistadas también coinciden en que sus colegas hombres se refieren a las mujeres como “emocionales, histéricas, pasionales” mientras estos comportamientos en los hombres se leen como “vehemencia”. Anastasia Rivera, coordinadora de la Oficina para los asuntos de las mujeres y apoyo para el desarrollo de políticas sociales de otros grupos vulnerables de Santa Fé de Antioquia, explica que “lo más visible es la forma como ignoran sus aportes, como de manera sutil no se le da valor a su palabra, como si fuéramos niñas como si no tuviéramos capacidades, como si nuestro papel fuera el de estar detrás por siempre.”

Además de las descalificaciones verbales, hay formas sutiles de discriminación que dificultan el ejercicio político de las mujeres. “Las mujeres que entramos al mundo de la política tenemos que hacer muchos más cambios en nuestra vida porque tenemos casi que volver nuestro mundo y nuestras rutinas mucho más parecidas a la vida de los hombres. A nosotras nos afecta mucho más el mundo privado y familiar. Además no hay una valoración económica cultural política o social del trabajo doméstico. Veo en mis compañeras más jóvenes, que tienen hijos pequeños que tienen dobles y triples jornadas. El mundo de tus relaciones amorosas, si no es un vínculo muy fuerte puede romperse en un escenario como estos, porque hay mucha incertidumbre en los horarios y todo eso rompe la posibilidad de tener un proyecto de vida con un poquito más de certeza” dice la senadora Ángela María Robledo.

“Hace años fui asistente de Ingrid Betancourt y después de Antonio Navarro. En ellos vi la diferencia. Mientras ella limitaba viajes para estar con sus hijos, él no tenía ese lío. Cuando ella se lanzó a la presidencia lo primero que hizo fue sacar a sus hijos del país con un costo emocional para ella brutal, los hombres suelen tener todo resuelto y su único reto es la campaña. La veía devastada sin sus niños… costo altísimo.” Cuenta Angélica Lozano, representante a la Cámara. Sobre la soledad de la vida personal de las mujeres políticas añade: “he visto un par de veces a Piedad Córdoba sola en cine los domingos. Me encanta ir a cine sola, cero problema, pero me impresionó, verla sola con 15 escoltas detrás y todas las miradas siguiéndola.”

“Creo que si hubiese igualdad de oportunidades tendríamos que hablar de costo en igualdad en ambos géneros, es decir el hecho de postergar asuntos familiares por ejemplo debe ser para ambos y no una dificultad solo de mujeres, así como las esposas de los políticos los apoyan para que  sigan adelante, así deberían ser con nosotras las mujeres nuestros esposos” comenta Anastasia Rivera.

Ángela María Robledo señala que además de los problemas que genera en la vida personal y doméstica de las mujeres, en el mundo de la política entra en una serie de rutinas horarios prácticas y lenguajes que rompen o buscan romper con ejercicios solidarios de liderazgos más colectivos.

Según Ana Castro, en el 2011, se estrenó la ley de cuotas (1475 de 2011), se vio un malestar muy grande en los partidos, sobre todo en los territorios y las regiones, municipios, consejos municipales, donde las mujeres recibían agresiones de sus colegas políticos, inclusive los de su mismo partido para que dejaran la campaña o no se la tomaran en serio. “Ustedes quietecitas ustedes están ahí de relleno solo están para conseguir votos” se escuchaba con frecuencia.

Otro desestímulo particular son las finanzas. Colegas políticos le decían a las mujeres que no sabrían recaudar ni manejar el dinero para su campaña y quedarían en la quiebra. En efecto, este es un problema recurrente en todos los niveles, y tiene que ver con que las mujeres son relativamente nuevas en la política y muchas no tiene contactos de vieja data con las maquinarias. La ley 1475 también obliga a los partidos a dar acompañamiento a las mujeres, más precisamente apoyo financiero y capacitación política y electoral a grupos minoritarios y mujeres al interior del partido. Según Ángela María Robledo, el acompañamiento no se cumple y la diferencia es palpable.

Otra barrera que enfrentan las mujeres para ser elegidas es saber “cuidar los votos” y mover la maquinaria electoral el día del escrutinio. “Me acuerdo de la campaña de Cecilia López en el 2006, Gina Parody la llamó a decirle que le estaban robando las elecciones porque había movimientos sospechosos en las mesas de votación”, cuenta Castro.

Para Vilma García, Secretaria general de Apartadó, “El reto fue acostumbrar a los concejales, la zona es muy machista y en general querían hacer las cosas de manera informal, a su modo o como se habían manejado antes. Administrar los gastos de funcionamiento con austeridad y transparencia me costó varios ataques y algunos intentaron promover una moción de censura para ser removida de mi cargo”.

Otro punto común es la desestimación de las opiniones que va desde ni siquiera preguntarle a las mujeres hasta el trato displicente. “En nuestro nivel directivo el 60% somos mujeres la mayoría solteras muy dedicadas al trabajo, el Alcalde reconoce en nosotras la capacidad y el compromiso, pero a pesar de ello; lo veo buscando consejo y orientación más en los hombres que en nosotras las mujeres” dice García.

En otras contextos estos desestímulos no son tan evidentes. “Políticamente ya es incorrecto excluir a las mujeres, por eso hay tanta inclusión nominal y carreta. No creo que haya desestímulos concretos visibles, no te metas, no aspires. Las barreras vienen de atrás y vienen removiéndose al ritmo que en otros campos” opina Angélica Lozano.

Sin embargo, Lozano también observa que la belleza juega un papel fundamental para maltratar, dominar y poseer a las mujeres. “Éramos 20 alcaldesas de Bogotá. Había dos muy bonitas y atractivas. Sobre una hubo una apuesta entre ediles: ¿cuál se la “come” primero? La otra, en entrevistas de radio de cadenas pequeñas, de barrio, fue tema indagar por su ex marido, separación y por qué tan sola si es tan bonita… Claramente hubo mucha presión, se separó estando en el cargo. La primera terminó siendo “novia trofeo” de uno de los grandes involucrados en el cartel de la contratación, y al parecer testaferro de bienes. Viendo a esas dos colegas vi lo que viven las mujeres muy bonitas.”

Ana Castro, que estuvo presente en varias discusiones del senado sobre la 1475, cuenta que hubo mucha resistencia (entre otras cosas el candidato a vicepresidente Germán Vargas Lleras, pasó un proyecto para revocarla). Cuenta Castro, que el senador Roberto Gerlein decía “Yo amo a las mujeres y tengo dos hijas pero cuando estamos hablando de política estamos en otro nivel, aquí no le vamos a regalar nada a nadie”. Veían la cuota como una forma de favoritismo o desigualdad.

A pesar de que la 1475 lleva tres años de sancionada aún no hay cifras que muestren si se aplica de manera completa. Hay partes de la ley que no han sido ejecutadas en los partidos, como un incentivo del 5% para los partidos que más mujeres elijan, acciones afirmativas para que las mujeres entren a los cuadros directivos y de financiamiento de los partidos. Sin embargo, Castro anota que como los partidos políticos en Colombia son tan inestables es muy difícil dar un apoyo continuado a las mujeres y en este aspecto solo el MIRA (que en el 2014 no alcanzó curules para el congreso) se destaca por su fomento a la participación de las mujeres.

“No estoy muy convencida que se use mínimo el 15% del presupuesto estatal para la inclusión de jóvenes y mujeres en el proceso político. Además no sé si sean publicadas las auditorías que se hagan realmente al uso de dichos recursos en cuanto a esta composición” dice Vilma García. “Sin embargo resaltó que por lo menos se ha dado la importancia al crear estos mecanismos de presión para que se dé la inclusión porque “antes del 2011 era normal el desconocimiento de nuestras capacidades y también nuestra resignación a que así fuera.”

Participación política: abrirse espacio a los codazos

En 1853, las colombianas de la provincia de Vélez, por obra de la República Liberal, tuvieron brevemente el derecho al sufragio. Las primeras en América. El derecho duró poco y en 1860 la revolucionaria medida pasó a la historia. Las mujeres no pudieron volver a votar hasta un siglo después, cuando el controvertido plebiscito de 1957, les dio el derecho al voto y a lanzarse para cargos públicos. Así, Colombia pasó de una democracia restringida a una democracia incluyente. durante casi 30 años, desde 1958 (cuando se permitió elegir a una mujer en el Congreso) hasta 1988 las elegidas no ocuparon más del 2 % del Senado.

Con el proceso de la Reforma Constitucional se reactivó la participación política del movimiento de las mujeres en Colombia. La Constitución de 1991 en el artículo 13, establece como obligación del Estado promover la igualdad, dando espacio a acciones afirmativas a favor de las mujeres. A su vez, el artículo 40 establece como obligación promover la participación política de las mujeres. Sin embargo, no fue sino hasta el 2000 que por fin se aprobó la ley 581, de cuotas de género en la administración pública, hasta el 2008 que se aprobó la ley 1257, Prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres finalmente, fue hasta el 2011 que se aprobó la ley 1475 de cuotas de género en la reforma política. En los últimos 10 años también se han creado la Bancada de mujeres en el congreso (2006, bajo el auspicio de Dilian Francisca Toro cuando fue presidenta del senado), la Comisión Legal para la equidad de la mujer (que ha permitido debates de control político, visibilizar agendas en el tema de los derechos sexuales y reproductivos, derechos laborales, madres comunitarias y aportes de las mujeres a la paz) y la Alta consejería para la equidad de la mujer.

Según la academia, hay dos formas de representación: la descriptiva, en la que basta con que el representante comparta características como clase, raza o sexo para representar a una porción de la sociedad, y la substantiva que se refiere a la habilidad del representante para actuar a favor de los intereses del representado. Para la académica Jane Mansbrige, una honda subordinación entre el grupo dominante y dominado hace necesaria la representación descriptiva. Karen Beckwith, que también trabaja el tema añade que cuando las mujeres tienen muy poca representación descriptiva dejan de actuar como individuos para ser símbolos, y eso dificulta su capacidad para la conformación de alianzas para avanzar sus propuestas y por ende, se ven sometidas a pruebas de lealtad por parte del grupo dominante, lo cual las lleva a ser más conservadoras.

Estas posturas aparecen recogidas en la investigación La representación substantiva de las mujeres en el congreso colombiano de 1998 a 2012: una visión más allá del número total de legisladoras, de Luis Alfredo Rodríguez Valero publicada por la Universidad de Los Andes. La investigación muestra que entre 1998  y 2012 se ha observado un cambio progresivo en el número total y promedio de legisladoras. En el 2006 hubo un total de 26 mujeres en el congreso (9,7%), 12 de los 102 senadores eran mujeres y 14 entre un total de 166 representantes a la Cámara. En el 2010  hubo 514 mujeres inscritas y 38 fueron electas, 18 para el senado y 20 para la Cámara es decir se alcanzó el 14,17%.

En las elecciones del 2014, aplicó por primera vez para Congreso la Ley de Cuotas de 2011, que obliga a que en las circunscripciones donde haya cinco o más curules para proveer, las listas que presenten los partidos políticos al Senado y Cámara de Representantes estén compuestas por mujeres al menos en un 30%. En el 2014 se postularon 750 mujeres que representan el 32,7% de los 2291 candidatos que aspiraban a congreso, un incremento frente a 2010, cuando solo el 19,8% de los candidatos postulados fueron mujeres. 52 mujeres fueron electas, una cifra histórica que representa el 19,4%. Con ese resultado, La participación femenina en el Congreso pasó del puesto 113 hoy aproximadamente el puesto 87 en el ranking de la Unión Parlamentaria, que incluye a 140 países.

Sin embargo, en 19 departamentos los partidos no estuvieron obligados a incluir al menos un 30% de mujeres en sus listas pues en las respectivas circunscripciones se asignaban menos de cinco curules, lo que quiere decir que en más de la mitad (57.6%) del territorio nacional no aplican los efectos de la cuota mínima de género. Sin embargo, gracias a la ley, en el 2014 por primera vez algunos departamentos superan la cuota mínima de participación aun cuando la norma no aplique en sus circunscripciones: San Andrés (40%), Chocó (33,33%), Guaviare (33,33%) y Quindío (30,76%).

En las elecciones de asambleas departamentales y consejos municipales realizadas en 2011 algunos medios afirmaron que los partidos tuvieron que recurrir a candidatas de relleno para cumplir el requisito electoral. En ese entonces, Angélica Lozano, con una carrera política de 14 años, recibió ofertas de 14 colectividades para lanzarse al concejo de Bogotá en menos de seis meses. “Hace unos años las mujeres en la política éramos utilizadas para ‘cargar ladrillos’, no se nos tenía en cuenta en la creación de programas de gobierno ni en aspectos ideológicos, mucho menos éramos concebidas como candidatas”, dijo al portal Terra.com. “Los partidos y movimientos tienen la necesidad de cumplir con la cuota de género y además de  alcanzar votos para pasar el umbral. Por eso tienen en la mira a las mujeres que tenemos carrera política” añadió.

En la ciudad de Cali, varios partidos, desesperados, empezaron a buscar cualquier mujer con un pasado judicial limpio. Los partidos más afectados por la ley fueron Cambio Radical, el Partido Liberal  el Partido Verde. El senador de Cambio Radical, Carlos Fernando Motoa, dijo que había sido “muy difícil encontrar mujeres que quieran ser candidatas, aunque en muchas ocasiones lideran procesos al interior de sus comunidades, prefieren hacerse a un lado cuando se trata de dar la cara. Esto ha puesto en serios problemas a los partidos para encontrar la cuota”. Como podemos ver, hay una percepción (sobre todo entre políticos hombres) de que “las mujeres no quieren lanzarse a la política”. Por otro lado, la candidata del partido liberal Clementina Vélez dijo al mismo medio que “las mujeres siempre tenemos que luchar más, para que una mujer siga en este camino tiene que trabajar el triple de lo que hace un hombre. Esa es la causal de que en este momento no hayan mujeres y que los partidos estemos corriendo para cubrir la cuota”.

“A pesar de ser histórica la representación de las mujeres en este momento muchas son las esposas, tías, hermanas, hijas de parapolíticos” dice la senadora Ángela María Robledo. En efecto, 9 de las 23 mujeres elegidas en el 2014 para el senado son herederas de curules de políticos condenados la mayoría por parapolítica: Yamina Pestana (su hermano está condenado por paramilitarismo), Nadia Blel (hija de Vicente Blel, condenado por parapolítica), Sandra Villadiego (esposa del parapolítico Miguel Ángel Rangel), Olga Suárez Mira (hermana de Óscar Suárez), Teresita García (hermana de Álvaro el ‘Gordo’ García), Doris Vega (esposa de Luis Alberto Gil), Arleth Casado (esposa de Juan Manuel López Cabrales), Rosmery Martínez  (hermano, Emilio Martínez, fue condenado por peculado), Nora García Burgos (la mujer con más votos en el Senado, 86.047, y es hija del senador asesinado Amaury García) y Maritza Martínez (su esposo, Luis Carlos Torres, fue destituido por la procuraduría por irregularidades en contratación y tiene una investigación abierta por nexos con paramilitares). De Martínez hay que anotar que fue escogida como una de los 10 mejores congresistas por la revista Dinero. También se escuchan buenos comentarios de Doris Vega, lo que muestra que incluso cuando candidatas acusadas de ser “de relleno” tienen buena gestión, siguen siendo estigmatizadas por el vínculo con sus hermanos, padres, o parejas.

Según Congreso Visible, si bien en el 2014 las mujeres han aumentado su participación en las listas partidistas esto no garantiza su elección y muchas son candidatas de relleno. Una forma aproximada de medir las posibilidades que tiene alguien de ganar una curul es revisando su visibilidad mediática. Congreso visible buscó los nombres de las candidatas a la Cámara en 24 sitios web de diversos medios periodísticos y encontraron que alrededor de la mitad de las mujeres inscritas a los comicios electorales no aparecen en los medios colombianos.

Así como la inscripción en las listas no garantiza la elección, la elección no garantiza que las legisladoras logren sacar adelante sus proyectos. Según la investigación Rodríguez Valero, en el cuatrienio 2006-2010, que tuvo el menor número de mujeres legisladoras de los últimos cuatro Congresos, tuvo también la participación más elevada en términos de proyectos de ley radicados (522), casi el doble de los cuatrienios cuatrienio 1998-2002 y 2002-2006. El congreso del 2006 también triplicó la radicación proyectos de ley con interés para las mujeres (76). En los últimos años, también ha habido tres presidentas del senado, Claudia Blum de Barbieri, (Cambio Radical 2005-2006) Dilian Francisca Toro (2006-2007, Partido de la U) y Nancy Patricia Gutiérrez (2007-1008). La investigación muestra que la efectividad de las legisladoras depende en gran medida de su experiencia o “cancha” como congresistas. Cita a Claudia Wilches (Senadora del partido de la U) que afirma que en su segunda vuelta como senadora tuvo mejor conocimiento de las reglas informales del congreso, sobre todo del manejo de los lapsos y coyunturas políticas que afectan el trámite de las iniciativas. La inexperiencia también puede ser la razón de la parálisis de la actividad en la bancada de mujeres y la comisión de la mujer en el cuatrienio 2010-2014.

Gloria Inés Ramírez, senadora electa del polo democrático le dijo a La silla vacía que la representación descriptiva tampoco es garantía de la defensa de los derechos de las mujeres. “Hay que tener mujeres y hombres convencidos de la importancia de esta temática”. Dilian Francisca Toro le dijo al mismo medio que “Como somos minoría y de acuerdo con la cultura machista del país, la mayoría de hombres nos tumban todas las iniciativas que tengamos”. Cristina Plazas, que en ese entonces era Alta consejera presidencial para la Equidad de la mujer, invitó a “los partidos a fortalecer sus direcciones de género y sus escuelas de formación, con el fin de incentivar la participación de las mujeres”.

La vida pública: un escenario hostil

Aunque no sea reconocido abiertamente como tal, el ejercicio público de la política es violento para las mujeres debido a varios factores que van desde el ambiente laboral hasta los cubrimientos mediáticos.

Para empezar, es altísima la impunidad para los funcionarios públicos acusados de o condenados por violencia sexual y/o maltrato físico. Son conocidos los casos del congresista yopaleño Rodolfo Pérez que es acusado de maltrato por su pareja que dice que sus golpes le hicieron perder un embarazo. El edil de Usaquén, Luis Alfonso Villamil también fue acusado de maltrato físico y psicológico y de amenazas contra la vida de su pareja. Wilson Duarte, concejal del Polo Democrático, fue acusado de maltrato físico por parte de su cuñada María del Pilar López. En 2011 la periodista Lina Castro acusó al Asesor Presidencial en Derechos Humanos, Tomás Concha, por abuso sexual. Existen denuncias contra el ex gobernador de la Guajira Kiko Gómez por el asesinato de Yandra Cecilia Brito, alcaldesa de Barrancas. Otro caso importante es el de la excongresista Zuleima Jattin que recibió golpes de su ex aliado político Gregorio Salgado Palomo. El ataque fue un gran escándalo, entre otras cosas porque ocurrió mientras la Gobernación de Córdoba promovía una campaña contra el maltrato a la mujer. Estos casos muestran que entre los servidores públicos colombianos se cuentan muchos agresores, misóginos y violentos, que son con quienes las políticas deben negociar todos los días.

Además de estos delitos, es común que los funcionarios públicos hagan declaraciones machistas y misóginas a los medios de comunicación. “En el pueblo no hay prostitución porque las mujeres son muy calientes y no necesitan que les paguen”, dijo el alcalde de Segovia, Jonhy Castrillón, en respuesta a una investigación de la periodista Jineth Bedoya sobre los campamentos de explotación de niñas en zonas mineras. En un debate sobre movilidad en el Concejo de Bogotá, Jorge Durán dijo que si a él le van a mandar un carro debía ser “con una dama a la que le gusten los hombres”, porque él no se monta en el carro con lesbianas: “eso sí no me gusta a mí, que me manden de esa clase de mujerzuelas”.

Según la percepción de las entrevistadas  los medios colombianos son más clasistas que machistas. Por eso, no reportan un trato especialmente agresivo y menos en contraste a declaraciones como las aquí citadas. Sin embargo, pueden observarse sesgos en la manera en que, por ejemplo, se cubren las campañas de candidatas mujeres.

La primera mujer candidata a la presidencia de la república de Colombia fue María Eugenia Rojas de Moreno-Díaz en 1974 por la ANAPO (Alianza Nacional Popular). Regina Betancourt, inició su campaña presidencial en 1998 pero fue secuestrada. La segunda mujer en lanzarse a la presidencia fue Noemí Sanín en 1998 por el “Movimiento Sí, Colombia” obteniendo un número considerable de votos. En las elecciones del 2002 se presentó nuevamente Noemí Sanín y también Ingrid Betancourt por el partido Verde Oxígeno, pero esta última también fue secuestrada por las Farc durante su campaña. Ocho años más tarde, Sanín volvió a presentarse. A pesar de que nunca pasara a segunda vuelta, hay que reconocerle que ha sido una de las figuras políticas más exitosas de la historia colombiana y que abrió camino para que aparecieran muchas más. Sin embargo, la prensa siempre mantuvo su sesgo de género frente a ella, por ejemplo, en 1994, la revista ¡Hola! la presentó como la ejecutiva, ministra, embajadora, canciller “más bella del mundo”.

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales 2014 dos candidatas, Martha Lucía Ramírez del Partido Conservador, y Clara López del Polo Democrático, recibieron una votación considerable e inesperada que las perfiló como importantes figuras políticas para sus colectividades. Ramírez, en tercer lugar, obtuvo 1’995.698 votos, el 15,52% de las votaciones y López, en cuarto lugar por muy poco, obtuvo 1’958.414, el 15,23%. Esto quiere decir que al menos un 30% de los votantes vio con buenos ojos la posibilidad de tener una mujer presidente.

Sin embargo, la prensa las trató con sesgo de género. En repetidas ocasiones entrevistaron al peluquero de Clara López. El periódico El Tiempo reportó que “Desde que Clara López, candidata presidencial del Polo, cambió el ‘look’, su estilista, Édgar, se ganó un lugar en la comitiva que la acompaña, hasta el punto de que tiene silla en el vehículo en el que ella se desplaza por las regiones. Él es responsable de que la candidata se vea fresca, hasta cuando está en las zonas más calurosas.” En el último debate electoral llegaron a preguntarle “¿qué haría su esposo si ella quedase elegida presidente?”. Además, la prensa desempolvó un breve y antiguo noviazgo con el expresidente Álvaro Uribe Vélez, líder indiscutible del Centro Democrático.

Por su parte, Martha Lucía Ramírez que fue ministra de Defensa en tiempos de Uribe contó al diario La Opinión que experiencia de ser candidata “es difícil,  pero sobre todo es muy difícil cuando uno trata de hacer política dentro de un partido tradicional.” Ramírez añade que las mujeres no han alcanzado la presidencia porque “lamentablemente las mujeres que hemos querido hacer política nos hemos encontrado con barreras que a veces ponen otras mujeres, al pensar que no tenemos la fortaleza suficiente para hacer los cambios que este país necesita. En el caso mío, recuerdo cuando me nombraron ministra de Defensa, mucha gente era escéptica de que una mujer pudiera tener el carácter y la fortaleza para manejar las Fuerzas Militares y demostré que sí se puede.”

En años recientes dos casos de posible matoneo a funcionarias públicas ocuparon los titulares de los periódicos nacionales. Uno fue el de Leszli Kalli, asesora de la oficina de comunicaciones de la Alcaldía de Bogotá en 2012. Según Kalli, fue perseguida por la primera Dama del distrito, Verónica Alcocer, que la acusaba de tener una relación con el alcalde, Gustavo Petro. Kalli afirmó que un funcionario de la alcaldía, Christian Puentes, le hacía llamadas acosadoras en las que la amenazaba diciendo “le voy a meter mi verga en su cuca y la voy a partir en dos.” Ante las amenazas la Alcaldía dijo que no podía hacerse responsable pues Puentes hizo las llamadas estando de vacaciones. El asesor de comunicaciones de Petro, Daniel Winograd dijo al respecto a los medios: “Yo no sé hasta qué punto yo pueda amenazarte con violarte. Qué argumentos habrá. No sé si yo pudiera tener la opción de coger el teléfono y decirte: Te voy a violar. Yo no sé si eso es una amenaza.” En el 2013 Kalli se dedicó a escribir un libro sobre el escándalo que podría ser publicado por Editorial Planeta o Random House. En mayo de 2014 se divulgaron nuevos audios en los que Winograd le dice a Kalli “Te estoy diciendo lo que toca hacer y ya. No compliques lo que hay que hacer. Eso es todo lo que hay que hacer. A cincuenta viejas les ha tocado hacer lo mismo, les pasa a las campañas, les pasa a las empresas, a cada rato pasa…” La Fiscalía se encuentra investigando las denuncias de la ex funcionaria.

El segundo caso es el de la primera mujer fiscal y hoy senadora Viviane Morales. En marzo de 2012 la revista Semana anunciaba su renuncia titulando “Triunfó el amor”. Carlos Alonso Lucio era el esposo de Morales y tenía vínculos no del todo claros con guerrilla, narcos y paramilitares. Esto ocasionó fuertes críticas sobre la gestión de la fiscal. Según Morales, su renuncia se debió a una “escalada de ataques perversos e inhumanos en el empeño desesperado por provocar mi renuncia”. Morales se encontraba llevando casos de mucha visibilidad política como el de Agro Ingreso Seguro. También había dos lecturas jurídicas alrededor de su elección y el Consejo de Estado se decantó por una interpretación que anulaba la elección de la fiscal. Quedó, sin embargo, un gran interrogante sobre si el Consejo de estado habría tomado otra decisión si Morales no hubiera estado casada con Lucio “sin lo de Lucio habría sido muy difícil que el Consejo de Estado tomara esa decisión. Por lo menos el ambiente político le sería más adverso” dijo un magistrado a Semana. El excomisionado de paz, Luis Carlos Restrepo aseguraba que la imputación de cargos en su contra era una respuesta “visceral” de la fiscal por meterse con su marido y muchos medios se preguntaron si este tenía influencia en la decisiones de Morales. “En un país en donde el fiscal tiene que lidiar con la peor mafia del narcotráfico del mundo, la guerrilla más antigua y los carteles de corrupción más enquistados en las venas del establecimiento, no deja de ser una gran paradoja que a la dama de hierro, de cierta manera, solo pudo doblegarla el amor.” dijo la revista Semana.

Zancadillas con perspectiva de género

Los casos de Morales y de Kalli parecen coincidir en un matoneo mediático y en que toman formas específicas que tienen que ver con que son mujeres. En los casos de López, Ramírez, y Morales, la opinión de sus parejas cobra una importancia inusitada, algo que jamás sucede con las esposas de políticos hombres. Lo mismo sucede con las mujeres que tienen curules heredadas y por eso no se toma en cuenta su gestión sino la del hombre a quien están vinculadas.

Las mujeres no hacen denuncias por los ataques verbales pues se percibe como una forma de debilidad. Tampoco se combaten desigualdades laborales que las obligan a trabajar 3 jornadas y a poner en riesgo su vida emocional y familiar. Esto último es una de las quejas más recurrentes y uno de los principales disuasores cuando las mujeres piensan en entrar a la política.

Así, las mujeres se enfrentan a un ambiente de trabajo hostil pero resuelven invisibilizar el matoneo pues es la única manera de mantenerse en la vida pública; cualquier queja será vista como debilidad o exageración, dos formas frecuentes de descalificar a las mujeres. Si bien no puede decirse que el género siempre sea el motivo del matoneo o ataques que enfrentan las mujeres (muchos de ellos motivados por rivalidades políticas) vienen con perspectiva de género.

A pesar de todos estos obstáculos que muchas funcionarias soporta en negación o silencio, hay que anotar que las acciones afirmativas, como la Ley 1475 si bien han llegado considerablemente tarde, han mostrado que son efectivas para aumentar la participación de las mujeres en la vida pública nacional. Si bien la vida pública en Colombia es un escenario machista, es claro que las cosas están cambiando de manera progresiva y no sería descabellado esperar que en un futuro cercano, incluso con todas las zancadillas y matoneo, tengamos índices justos de representatividad.

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