¿Pro-vida?

Columna publicada el 4 de noviembre de 2014 en Sin Embargo.

Desde el 24 de septiembre hasta el domingo pasado, grupos de cristianos católicos, bajo la campaña “40 días por la vida”, estuvieron rezando frente a la sede de la Roma Sur de la clínica en derechos sexuales y reproductivos Marie Stopes. La campaña 40 días por la vida viene de una iniciativa estadounidense que se ufana de haber cerrado 56 clínicas de aborto con sus jornadas de oración con protesta pacífica. Según el comunicado del final de la campaña, la primera jornada realizada en México “salvó 11 bebés”, aunque no explican cómo documentan el dato. Durante 40 días se plantaron a rezar el rosario frente a la sede, obstruyeron el paso, y la clínica tuvo que poner una bambalina para despejar la entrada. También entretuvieron e incomodaron a los vecinos que oscilaron entre bajar a gritarles que dejaran al vecindario en paz, y sentarse a observarlos mientras tomaban unas cervezas.

Carla Eckhardt es la Directora General de Marie Stopes en México y lleva 23 años trabajando como administradora de clínicas que prestan el servicio de aborto. En Estados Unidos trabajó 5 años con la Federación Nacional del Aborto en temas de seguridad y control de calidad y no es ajena a las protestas de los autodenominados “pro-vida” (y que en este texto llamamos “antiderechos”). Me cuenta que tuvieron que contratar seguridad privada y costosa y que algunas becarias ayudan y acompañan a pasar a las pacientes. También me explica que la patrulla de policía pasa cada cierto tiempo, sin saber muy bien cómo apoyar o cómo ayudarles pues técnicamente no están haciendo nada malo, (literalmente están rezando), pero esas oraciones si resultan muy intimidantes para las clientas que quieran acceder al derecho de la interrupción del embarazo. Un día un cura se tiró a la entrada de la clínica, y entonces sí intervino la policía para retirarlo, pero casi todos los días han tenido que convivir vecinos, cristianos, y staff de Marie Stopes, sin que intervenga la autoridad.

Eckhardt no cree que 40 días por la vida sea un grupo violento, casi todos han firmado un compromiso de no serlo, pero también señala que es muy difícil llevar el control de quién está en la protesta. Sin embargo, Marie Stopes ha recibido amenazas en paralelo que son bastante específicas y por eso mucho más preocupantes que las jornadas de oración. Las amenazas llegaron la semana pasada a través del chat público de información en derechos sexuales y reproductivos de la organización. Un usuario anónimo les dijo que “iban a matar a todos sus médicos uno por uno, y cuando acabaran con ellos seguirían las enfermeras y el personal de administración”. También afirmaba que se encontrarían con sorpresas en las clínicas y explosivos en sus coches. Marie Stopes está tomando medidas al respecto vía seguridad privada y ya notificó de la situación al Secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, Jesús Rodriguez Almeida y la Subsecretaria de Derechos Humanos y Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Gobernación a nivel Federal, Lía Limón. Los funcionarios no contestaron al aviso y Marie Stopes tampoco esperaba una respuesta, pero una de las medidas de seguridad es tenerlos informados. En todo caso y aunque se asumiera a 40 días por la vida como un grupo pacífico estas manifestaciones implican obligadas medidas de seguridad que encarecen la prestación del servicio.

Eckhardt también señala que es importante no mezclar la jornada de protesta pacífica con las amenazas del chat, lo más probable parece ser que las amenazas sean aisladas y están aprovechando la cadena de oración para ser más intimidantes. Por supuesto, esta es una situación que inquieta al staff de las clínicas, quienes a pesar de todo siguen yendo a trabajar con mucho stress pero la convicción de prestar un buen servicio. Marie Stopes, que está en México desde el año 2000, tuvo alrededor de 65,000 visitas en el 2013, y según la herramienta de medición Impact 2 previno 24,400 abortos inseguros durante el 2012. “Si cerramos, ganan ellos” dice Eckhart.

Cuando una mujer ha decidido abortar es un asunto de vida o muerte y ante una situación así, no importa que haya gente rezando al lado. Las mujeres que decidan abortar irán a esta sede o a cualquier otro lugar. Por otro lado, es cierto que los cristianos pueden protestar cobijados por el derecho a la libertad de expresión. “Yo también tengo creencias muy fuertes, puedo entenderlos, lo que pasa es que son creencias opuestas, pero en el mundo siempre va a ser así.”, por eso, para Eckhart lo más efectivo no es reprimir la protesta sino educar a las mujeres para que conozcan sus derechos, sepan qué esperar de la clínica y del procedimiento, y tengan mayor seguridad y tranquilidad en su decisión. Mientras más información tengan menos intimidante será la protesta. Eckhardt cuenta que en su experiencia, muchas de las mujeres que participan en las protestas “anti aborto” después llegan a las clínicas a solicitar los servicios de interrupción del embarazo en las clínicas. Después muchas regresan a las protestas. “Para ellas, las que protestan frente a la clínica, también estamos prestando un servicio”, dice Eckhardt y agrega “puedes estar en contra hasta que lo necesites, y después también, mi punto es que no te juzgo, es tu decisión.”

Uno de los aspectos positivos de la protesta es ver cómo los vecinos están apoyando a la clínica. Por iniciativa propia hicieron un cartel que dice “Cosas que ayudan a reducir tasas de aborto: Educación sexual, libre acceso a anticonceptivos. [Cosas que no ayudan]: Miedo, culpa, intimidación e imposición de valores religiosos”. El apoyo espontáneo de la comunidad vecinos es muestra de que el contexto social ha cambiado, la idea de que el aborto es un derecho se hace cada vez más clara en la sociedad. Aunque ha habido roces entre protestantes y vecinos, ese disenso es señal de una sociedad diferente: una que empieza a respetar la autonomía de los cuerpos de las mujeres.

Sin embargo, esta protesta no es ni tan inocente ni tan inofensiva. No están protestando ante la Asamblea Legislativa para derogar el derecho al aborto o cambiar la política de atención en Salud Pública, ni están ahí para entablar un diálogo ni incentivar una discusión abierta sobre el tema. No están pidiendo cambios de fondo en el Estado haciendo ejercicio de su ciudadanía; están ahí para importunar a las mujeres que quieren una interrupción voluntaria del embarazo, están para matonear al personal de la clínica que simplemente está cumpliendo con su trabajo. Está bien que las protestas sean incómodas y disruptivas y todos los ciudadanos pueden salir a las calles a hacer resistencia pacífica, pero de esta protesta hay que decir que es más bien pasivo agresiva, porque el sentimiento de culpa que genera tiene poco de amor, o caridad, o contenido propositivo en términos democráticos. Se trata solo de inquietar a los prestadores de un servicio necesario e inhibir el acceso de las mujeres a un derecho. Bajo el disfraz de la bondad y la piedad hay una crueldad inmensa: intimidar las vidas reales de mujeres que están pasando por una situación difícil, en supuesta defensa de vidas hipotéticas.

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