¿No hay mujeres en internet?

Columna publicada el 4 de diciembre de 2014 en El Espectador.

En la década de los 60, la programación de computadoras era un campo privilegiado para las mujeres.

Hasta Cosmopolitan sacó un artículo promoviendo la carrera, pues entonces la programación parecía una extensión del trabajo de las secretarias. Sin embargo, desde los ochenta, la tecnología se convirtió en un campo para hombres y su uso, producción, diseño y programación fue desestimulado en las mujeres. Hoy, una proporción importante de los “barrios” de internet son machistas y hostiles, tanto así que, en un manifiesto irónico llamado “Las reglas de internet” (un texto comunitario que reúne algunos aforismos de 4Chan, entonces asociado con el grupo Anonymous), una de las reglas es “There are no girls on the internet” (“No hay niñas en internet” —ojo, en vez de “mujeres” dice “niñas”—). La frase se refiere a que en los intercambios virtuales, especialmente los anónimos, muchos hombres se hacen pasar por mujeres, y a que internet es un “ciberclub de Toby”. Aunque la frase es una ironía, es un claro testimonio de la violencia de género que se vive online, pues el “mundo virtual” cada día tiende más a ser una extensión del “mundo real”, y las violencias de la vida diaria se extrapolan a los entornos digitales.

Así, las mujeres somos stalkeadas, morboseadas, acosadas y atacadas online, considerablemente más que los hombres. Entrar a internet, o interactuar en redes sociales, para la mayoría implica insultos, insinuaciones procaces no pedidas, observación constante y otras formas de intimidación con sesgo de género, que a veces se agudizan con el anonimato del agresor. Para muchas, esto es algo tan natural que pasa sin ser mencionado. Estamos acostumbradas a esas formas de violencia en la vida diaria y en este caso lo único que cambia es el medio, y tal vez también la frecuencia e intensidad. Aunque los insultos están protegidos por la libertad de expresión y nunca es bueno recurrir a la censura, hay otras formas de violencia que podrían ser denunciadas, como la “sextorsión” (una forma de explotación sexual en la cual una persona es chantajeada con una imagen o video de sí misma desnuda o realizando actos sexuales, aun cuando muchas veces dicha imagen ha sido compartida de forma consensuada) o la violación de datos personales, ciberacoso o formas de violencia intrafamiliar en las que la pareja controla las contraseñas y el acceso a internet de la mujer.

A pesar de que estas conductas no están contempladas con estos nombres en el Código Penal colombiano, la Ley de Delitos Informáticos permite que se tipifiquen como delitos y pueden denunciarse en la Fiscalía o las Comisarías de Familia. La Fundación Karisma y Colnodo acaban de lanzar la campaña Denuncia.dominemoslateconologia.org, en donde pueden consultarse rutas y mecanismos de denuncia. Otra forma muy efectiva de defenderse es la denuncia pública o recurrir a la sanción o desprestigio en redes sociales; hacer visibles estas violencias promueve y ayuda a identificar y reconocer buenas prácticas en redes. No menos importante es usar, a manera de prevención, contraseñas seguras y guardar de manera adecuada fotos o información sensible que podrían usarse para la extorsión. No se trata de autocensurarse, pero hay formas más seguras de enviar y guardar esta información. Conocer los mecanismos de denuncia y protección es tomar control de la tecnología en vez de quedar a merced de los abusadores de internet.

Antes que “cibervíctimas” somos “cibernautas”, y la hostilidad de internet, en vez de intimidarnos, debe ser una razón para que más mujeres colonicemos espacios en la red. Apropiarse de la tecnología es una forma importante de resistencia y empoderamiento. Podemos dominar estos espacios y usarlos para crear comunidades fuertes que puedan protegernos de la violencia. Los medios digitales también pueden ser comunicación, solidaridad, diversidad, incidencia, defensa de los derechos de las mujeres. Por eso, hoy son más vigentes que nunca los gritos de batalla de los ciberfeminismos de los 90, que afirmaban una disrupción simbólica desde la tecnología y que en su “Manifiesto para cyborgs” de 1985 gritaban que las mujeres tenemos literal y virtualmente “un clítoris con línea directa a la matriz”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s