De bocas para afuera

Columna publicada el 13 de diciembre de 2014 en El Espectador.

Nuestro Congreso tiene pocos ánimos de incorporar medidas de equidad de género en la reforma del equilibrio de poderes. Actualmente, según la Ley de cuotas (1475 de 2011) se exige que al menos el 30% de uno de los dos géneros debe estar presente en lista de candidatos inscrita por partidos.

Esta ley es exclusiva para circunscripciones de más de 5 curules, por lo tanto, excluye a 19 de 34 de éstas en la Cámara, casi el 60%, es decir, la Ley de cuotas, como está, no garantiza equidad en el derecho de participación política para las mujeres.

Aunque las mujeres somos el 52% de la población colombiana, no tenemos más del 14% de los puestos públicos de elección popular. Esto quiere decir que nuestros intereses y experiencias no están representados de manera justa en los cargos públicos. El proyecto, que va por su cuarto debate, busca que el 50% de las listas estén conformadas por mujeres y que haya alternancia (intercalar hombre-mujer) en las listas tanto abiertas como cerradas y que la medida aplique para todas las circunscripciones, sin embargo, los congresistas de la Unidad Nacional solo están dispuestos a subir la proporción del 30% al 33.3% (es decir, gracias por nada).

Las acciones afirmativas son necesarias y definitivas para que lleguen al poder los grupos que tradicionalmente no lo han tenido, pues compensan la existencia de barreras culturales, como el machismo. No se trata solo de permitir la participación de las mujeres, hay que promoverla. No es que simplemente “las mujeres no quieren lanzarse a la política”. Hay formas de discriminación estructural que van desde que desde niñas nos regañan por participar demasiado hasta el hecho de que las mujeres en poder son acusadas de ser “malas esposas” y “malas madres”, la sociedad les exige elegir entre el trabajo y la familia, una disyuntiva que no enfrentan los hombres. Los mismos hombres de los partidos le dicen a las mujeres que no se lancen, que no van a quedar, y no hay políticas para capacitar a las mujeres en los tejemanejes del ejercicio político que como bien sabemos, son muchos, y cruciales para lograr una elección. La baja participación de las mujeres en la política colombiana hace evidente una exclusión endémica a las mujeres en el poder. No se trata simplemente de que las mujeres lleguen a los cargos públicos por “mérito” o “talento”, en una sociedad machista como la nuestra hace falta mucho más. No quiere decir que las mujeres elegidas serán de suyo defensoras de los derechos de las mujeres, o que serán mejores gobernantes, se trata de que es lo justo pues somos la mayoría de la población. El solo hecho de que haya mujeres con participación política cambia la manera en que se toman las decisiones y las prioridades de las agendas, y sobre todo, el hecho de ver una mujer en el poder envía el mensaje de que otras mujeres también pueden alcanzar ese tipo de puestos.

Según la Cedaw, “la participación de la mujer en todas las esferas de la vida social, en igualdad de condiciones con el hombre, es indispensable para el desarrollo pleno y completo de un país.” Pero estos cambios no ocurrirán solos. Quienes siempre han tenido el poder no lo van a compartir si no se establecen reglas de juego que promuevan la participación de todos. Apoyar este proyecto de ley mostraría que nuestros congresistas sí están dispuestos a mejorar el acceso a los derechos para las mujeres. No basta con pintarse la boca para la foto el 25 de noviembre.

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