Tortura pop

Columna publicada el 15 de diciembre de 2014 en Sin Embargo.

Este año, y para estar a tono con la fascinación de los  adolescentes gringos con las distopias, el canal CW lanzó la serie ‘The 100′ (‘Los 100′), que cuenta la historia de los 4000 sobrevivientes humanos al Armageddon, que viven en una nave espacial hechiza esperando (por casi un siglo) la oportunidad para volver a bajar a la tierra. La serie comienza cuando mandan a 100 adolescentes a la tierra a ver si sobreviven o qué. Hay ideas malas, y mandar jóvenes hormonales, sin preparación y con mala conducta a repoblar un planeta, pero así las cosas. Rapidamente cinco personajes (insoportables todos) asumen el liderazgo del grupo y empiezan a construir un modelo de sociedad como en la peor versión de ‘El señor de las moscas’. ¿Qué sociedad construyen? Una aterrorizada con lo raro o externo, armada hasta los dientes, en la que unos pocos tomas las decisiones por todos.

En un capítulo descubren a un “terrestre”, un humano que al parecer es descendiente de sobrevivientes al tal Armageddon que quién sabe por qué pudieron continuar viviendo en la tierra. No hablan la misma lengua o el tipo se niega a comunicarse con ellos. Así que rápidamente y casi que por unánime consenso, deciden torturarlo. Cada uno de los cinco protagonistas pasa y lo tortura, incluso una que después le jura amor eterno. Al tipo, amarrado, lo cortan, lo electrocutan, lo amenazan estos niños de 16 años. En ningún momento los personajes se hacen preguntas éticas o morales sobre si deben o no torturarlo. Al parecer “tienen que hacerlo por el bien de todos”, porque si no “su comunidad estará en peligro” de la “amenaza externa”.

Además de en ‘The 100′, este año he visto escenas de tortura perfectamente naturalizadas (y horrendas) en ‘Scandal’ (aquí a una mujer le sacan los dientes como si nada), en ‘Revenge’ (la protagonista rubia tiene a alguien secuestrado y vendado en un sótano y lo golpea para interrogarlo) y en ‘Cover Affairs’ (una agente de la CIA que cada tanto tortura gente también para interrogarlos). Son muchas más series las que han mostrado escenas de tortura sin justificación suficiente (¿acaso hay justificación para la tortura?) y los personajes principales (gringos todos) parecen pensar que torturar es de lo más efectivo y natural.

Y sí. Al menos a juzgar por el informe sobre tortura que acaba de sacar el senado estadounidense. Desde el ya famoso waterboarding, al que se refieren como “casi ahogo” hasta la alimentación forzada por vía rectal, y otras técnicas que llevaban a los interrogados a tener alucinaciones, paranoia, insomnio e intentos de suicidio y auto-mutilación. Según el informe la CIA actuó con total opacidad y no dejó que hubiera veeduría desde el congreso. El número de detenidos y torturados es un sub registro y según este documento al menos 26 detenidos no cumplian las condiciónes para ser privados de su libertad. La CIA también filtró información exagerada a periodistas para que pareciera que las técnicas eran efectivas y así ganar la aprobación de la ciudadanía. Todo esto argumentando que la tortura es la única manera de conseguir cierta información y que esto es vital para ganar la (imaginaria) guerra contra el terrorismo.

No se trata de inventar teorías de conspiración. La CIA probablemente no está manipulando los argumentos de programas de televisión para que la gente crea que la tortura está bien y justificada. La verdad es que el entretenimiento puede servir para adormecer, pero su función no es educar, y en realidad jamás ha podido preveerse o controlar los efectos que los símbolos y las imágenes tienen sobre la gente cuando son usados en el entretenimiento y el arte. En realidad sucede algo más triste y preocupante: las series son un reflejo de lo que ya piensa la sociedad. El entretenimiento y el arte son un espejo, lo que aparece en la televisión no sale de la nada, sale de una conversación con los gustos y deseos de televidentes, anunciantes, creativos, y otros grupos que tienen influencia sobre el contenido de la televisión. Lo que nos dicen series como ‘The 100′, ‘Revenge’, ‘Scandal’ y ‘Covert Affairs’, es que para una cantidad considerable de gringos la tortura ya está justificada.

Pero es totalmente descabellado que la tortura pueda estar justificada en algún caso y también es loco creer que la información que se obtiene a través de la tortura es la verdad. Mi colega Catalina Uribe dijo la semana pasada en su columna de ‘El Espectador’ que, de alguna macabra manera, se equiparo el dolor con decir la verdad.”El dolor era la manera de probar la autenticidad y de validar una confesión para poder lidiar con la brecha de lo que es verdadero y lo que no. De todas formas, la práctica de la tortura no fue efectiva.” Por ejemplo, en tiempos de la inquisición, a las brujas las torturaban para que confesaran su “alianza con el diablo”. Como las brujas en estricto sentido no existen, las mujeres siempre negaban serlo; sin embargo, para los inquisidores, la muerte era la única prueba de inocencia.

No porque algo sea dicho en situaciones de extrema angustia o dolor es verdadero. Ante la tortura lo más probable es que la gente esté dispuesta a decir cualquier cosa con tal de que le dejen de hacer lo que sea que le estén haciendo. Para no ir más lejos, en México tenemos el caso de Verónica Razo Casales, que fue detenida arbitrariamente en el 2011 por policías federales, que la torturaron física, sexual y psicológicamente hasta que se inculpara por el delito de secuestro. También está el caso de Miriam Isaura López Vargas, detenida en 2011 en Baja California por militares y torturada de todas las formas posibles para que se autoincrimina, también está el caso de Claudia Medina Tamariz o el de Yecenia Armenta Graciano que después de 15 horas de tortura fue obligada a declararse responsable del asesinato de su esposo. Las mujeres que acabo de mencionar hacen parte de la campañaRompiendo el silencio contra la tortura sexual, que llama a visibilizar cómo este tipo de prácticas no son ajenas a la fuerza pública mexicana.

La mayor injusticia aquí es que en realidad la tortura no sirve para que la gente diga la verdad. Es un mecanismo perverso e inútil y facilista, que hace las delicias de cuanto psicópata se cuela en las filas de la fuerza pública. La segunda injusticia es que a pesar de ser indefendible e inargumentable, los gringos, y muchos en Latinoamérica, incluidos gobierno y ciudadanos, piensan que torturar a alguien es efectivo y justificable y eso es muestra de una crueldad inmensa en una sociedad. A pesar de que los personajes de ‘The 100′ tienen diálogos mal escritos y están encarnados por pésimos actores, son una implacable caricatura del televidente asustado, cruel e indolente que los observa.

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