Morir de risa

Columna publicada el 8 de enero de 2014 en El Espectador.

Ayer, hombres enmascarados entraron a las oficinas de la revista francesa Charlie Hebdo y mataron a 12 personas.

La revista fue atacada también en noviembre de 2011, después de publicar una edición especial que supuestamente tenía como editor invitado al profeta Mahoma, quien aparecía como caricatura en la portada advirtiendo a los lectores de una condena de “cien latigazos” si al leer la revista no “morían de la risa”. En ese entonces las oficinas de la revista quedaron totalmente destruidas, la página web fue hackeada y el personal amenazado de muerte. Seis días después del ataque, la revista publicó una caricatura en la que dos hombres (un musulmán y un caricaturista de la revista) se dan un beso apasionado, bajo la leyenda “el amor es más fuerte que el odio”.

Desde entonces, Charlie Hebdo ha continuado con una crítica extrema y sin tregua al islamismo y el año pasado publicaron una caricatura de Mahoma desnudo y otra en la que un judío ortodoxo lo empuja en una silla de ruedas. El gobierno francés le pidió a la revista “mesura” y hasta el ministro de Relaciones Exteriores, Lauren Fabius, la criticó públicamente preguntando “si era inteligente echarle leña al fuego”, desentendiendo al Estado de su deber de controlar ese “fuego” y proteger y garantizar esa “leña”, por ser un discurso político chocante que está especialmente protegido por convenios internacionales. Sin embargo, en el último minuto Charlie Hebdo continuaba picándole al avispero y por eso muchos dicen que “se lo buscaron”.

Lo que plantean es un falso dilema entre la libertad de expresión y la libertad religiosa. Ninguna caricatura o artículo publicado por Charlie Hebdo ha matado ni matará a nadie, ni le impedirá a nadie practicar su fe. En cambio, las intimidaciones sistemáticas seguidas de asesinatos sí le impiden a la revista —y por extensión a todos los periodistas, comentadores y caricaturistas del mundo— criticar al Islam. Un ataque como este crea un clima de autocensura que nos pone en peligro a todos los medios de comunicación del mundo: el mensaje es que si no somos “políticamente correctos”, nos van a matar.

Miedo no es lo mismo que respeto y ser políticamente correcto no es lo mismo que ser tolerante. De nada sirve decir “afrocolombiano” en vez de “negro” si quien lo dice es racista. El problema no son las palabras, sino las ideas que esas palabras descubren. ¿Es intolerante la revista Charlie Hebdo con el Islam? Lo es, como también lo son Francia (la nación y el Estado) y muchos rincones de Occidente. Muchos musulmanes, islamistas y árabes son perseguidos injustamente y en muchos contextos se les prohíbe practicar su religión. Sin embargo, nada justifica la retaliación violenta. De todos los perseguidores del Islam, Charlie Hebdo es de los pocos que lo hacen de una manera legal y pacífica.

“No se puede gritar ¡fuego! en un teatro”: la libertad de expresión tiene límites: la injuria, la calumnia, la posibilidad de que un mensaje ponga en peligro la seguridad nacional o la salud pública (por ejemplo, afirmaciones como las que se hicieron contra la vacuna que previene el virus del papiloma en El Carmen de Bolívar deberían estar prohibidas, pues atentan contra la salud). Pero estas limitaciones a la libertad de expresión deben ser siempre mínimas, necesarias y fijadas colectivamente desde los sistemas legislativos. Hace parte del derecho de la libertad de expresión burlarse de una religión y criticarla duramente. El discurso intolerante de Charlie Hebdo debe ser combatido con otros discursos críticos que muestran que los musulmanes, árabes e islamistas no son todos monstruos violentos y homogéneos. En cambio, el lamentable ataque de la revista solo reafirma esos estereotipos, con la forma de censura más definitiva: el silencio inapelable de la muerte.

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One comment

  1. Buen artículo y buena argumentación. Lamentablemente seguimos en la dinámica de la tergiversación de la Libertad de Expresión y la Moral. Estos señores han muerto por hacer su trabajo, por hacer de este mundo una tira satirica que nos saque del terror en el que nos quieren confinar todos. Los unos y los otros. Podemos estar más o menos de acuerdo y, sin duda, el apunte que haces sobre la Francia actual es bastante acertado. En España también nos las damos de tolerantes y así estamos, a pelotazos contra los inmigrantes en Melilla, que parecemos Quijote con los Molinos.

    Lo que a mí me pone de muy mala leche es el doble rasero occidental frente a esto. En mi caso hablaré de España porque es lo que veo día a día. Acaba de entrar en vigor una ley por la que se nos multa casi que por publicar. Ahora ya decir en voz alta que el presidente del gobierno es un inepto, que los políticos son unos ladrones y demás, puede acarrearnos multas millonarias y prisión. Sí, esos que firman, son los mismos que condenan al Estado Islámico por asesinar a los inocentes de Charlie Hebdo por unas caricaturas.

    De hecho, al día siguiente del lamentable atentado, la Audiencia Nacional imputa a Facu Díaz por un sketch satirizando el terrorismo porque atentaba contra las víctimas. Tal vez el sketch no fuese lo más acertado, pero de ahí a una imputación… hay un trecho.

    En fin, no me extiendo más… Me ha parecido un gran artículo. Gracias, Catalina, por tan sabias palabras. Un saludo.

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