De Diomedes a Platón

Columna publicada el 10 de enero de 2015 en El Heraldo.

El próximo martes se estrena en Canal RCN la telenovela Diomedes: el Cacique de la junta. Espero estar equivocada pero, según el modus operandi de los canales en Colombia, la telenovela pinta para ser otra historia más de Cenicienta, solo que en este caso, la princesa es un feminicida. Muchos le reclaman a los canales y a la telenovela “tener responsabilidad social” pues eso de “diomedizarse” parece de lo menos deseable: Diomedes es un ídolo que encarna, moralmente, lo peor de nuestra idiosincrasia.

Sin embargo, ni las telenovelas, cuyo fin es entretener, ni los canales privados, que no están sujetos a las mismas obligaciones que las instituciones del Estado, tienen una obligación moral con nadie. Y no deberían tenerla. El objetivo del entretenimiento es entretener, hacerle exigencias formadoras a las telenovelas es simplemente una evidencia de lo mal que está la educación en el país. Las telenovelas no están para educar, otra cosa es que el sistema educativo y los padres y madres de familia estén haciendo un trabajo tan deficiente que generaciones terminan educadas por el televisor, pero, de nuevo, eso no es responsabilidad de las telenovelas.

Las telenovelas no son periodismo. No están obligadas a defender la democracia ni a decirnos la verdad. Es ideal que el arte y el entretenimiento tengan esas libertades pues no todas nuestras ficciones pueden ser sobre personajes correctos y virtuosos (como soñaba Platón). Nuestras ficciones son nuestro reflejo. La ficción es una interpretación de la realidad, y en nuestra realidad los dilemas morales viven en una gama de grises que se altocontrasta al llegar a la ficción. Si el arte fuera para educar nos habríamos perdido de Medea y Clitemnestra, de Lolita, del mismísimo Aureliano Buendía. La ficción tiene un compromiso con la estética y el periodismo con la ética. La única exigencia que puede hacérsele a la telenovela de Diomedes es que sea buena televisión.

Calidad en la serie implicaría una historia equilibrada en donde se mostrasen las paradojas de un hombre que era a la vez un ídolo y un feminicida. La historia de Diomedes, bien contada, resultaría en una crítica a todo el país. Con mucha frecuencia, cuando una obra es fiel a su compromiso estético, resulta teniendo un impacto social. Por el contrario, una obra de entretenimiento o arte cuyo propósito sea educar, será más veces que menos, sosa y sin gracia. Las intenciones se notan.

Además, así la novela de Diomedes sea un desastre, no hay por que asumir que la toda la gente copia todo lo que ve en televisión. A los colombianos no hay que tratarlos como bobos, así muchas veces lo seamos. Asumir que la audiencia colombiana no entenderá que excederse con el consumo de drogas y matar una mujer es mala idea, es tener al país en muy baja estima. En cambio, sería mejor que la crítica ayudará a convertir su historia en ejemplo condenable de machismo, y que la telenovela sirviera de excusa para reclamar por los huecos del sistema educativo, después de todo, mejorar el nivel crítico de las audiencias es la mejor manera de mejorar la calidad de la televisión.

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