Miss Tanguita

Columna publicada el 15 de enero de 2015 en El Espectador.

Resulta que cada año desde hace 25 años, en el municipio de Barbosa, Santander, niñas entre 6 y 10 años desfilan en tanga, maquilladas, contoneándose y tirando besos a una audiencia de adultos que ingieren licor. Miss Tanguita, según la alcaldesa Maryury Rocío Galeano Jiménez, es una tradición de Festi-Río, y nadie en el municipio, ni los padres de familia, ni las empresas privadas que pautan, ni la misma alcaldía (que invita y promociona), ve nada malo en que las niñas participen en este reinado de belleza. De hecho, la alcaldesa afirma que a las niñas las educan en valores (¿qué valores?) y que se les enseña que su cuerpo es un templo (¿un templo para quién?).

El problema no es que las niñas estén en tanga, podríamos ver a una niña jugando desnuda en la playa sin sexualizarla, pero el contexto del reinado hace que su aparición en vestido de baño tenga como único propósito que todos detallemos su cuerpo y, si aprobamos, le digamos “qué bonita”. El problema tampoco es que menores de edad participen en una competencia-espectáculo. Las niñas jugadoras de volleyball playero pueden decirnos una que otra cosa sobre los morbosos que van a verlas jugar en vestido de baño; pero hay una gran diferencia entre un reinado y un partido de volleyball, pues el único propósito de las reinas es pararse ahí, para que las observen y las midan, mientras que las deportistas están haciendo una actividad que tiene un propósito en sí mismo, independiente de esa mirada a la que nos enfrentamos las mujeres permanentemente, que nos objetiza y nos sexualiza.

Ser sexualizada no está mal en sí, el problema es no tener control ni voto sobre esa sexualización que es impuesta sobre las mujeres en todo momento, sin siquiera preguntarnos. El mundo discute la apariencia física de la profesora, la científica, la candidata a presidenta, y los juicios sobre su belleza tienen, sin duda, un efecto la manera en que la gente juzga su trabajo y en todos los ámbitos de su vida. En muchos contextos (demasiados) la belleza es el eje de la función social de las mujeres. Ante esta situación, una mujer adulta puede decidir participar en un reinado de belleza, y si le parece que esa es realmente su mejor opción (para muchas lo es) hay que respetarle su autonomía y su derecho a la autodeterminación. Pero las niñas, niñas de 6 a 10 años, muy seguramente no tienen las herramientas para entender qué significa posar como un objeto sexualizado, ni las implicaciones que esto tiene para su proyecto de vida y su autoestima, y menos en un municipio en donde ni los adultos no son conscientes de estos peligros y abusos.

En un país en donde cada año, en promedio, nacen 159.656 niñas y niños con madres entre los 9 y 18 años, no hay forma de argumentar que un reinado de belleza pueda ser formativo y Miss Tanguita (junto con todos los certámenes de belleza para menores de edad) tendría que ser entutelado por violación al interés superior de las niñas, su derecho a la intimidad, a no ser explotadas, y por discriminación de género. Más aún, la prohibición antioqueña a los reinados y concursos de modelaje en los colegios tendría que ser extensiva a todo el país, ni siquiera son necesarias nuevas leyes, basta con atender el artículo 5 de la Cedaw y el 9 de Belem do Pará, convenciones internacionales para proteger los derechos de las mujeres que Colombia ha ratificado*. Que las mujeres adultas participen en reinados es una cosa, pero el Estado colombiano tiene la obligación de proteger su derecho al libre desarrollo de la personalidad de las niñas en un contexto que no sea discriminador ni violento con su género, y que por el contrario les garantice opciones diversas para sus proyectos de vida. Las niñas de Colombia tienen derecho a soñar con ser más que una madre, una musa o una moza y como sociedad no podemos mandarles el mensaje de que su único rol en el mundo es el de objeto de deseo y/o máquina reproductiva. Solo una mujer con opciones puede ser dueña de su vida.

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Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW), artículo 5:

“Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para:

a) Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres;

b) Garantizar que la educación familiar incluya una comprensión adecuada de la maternidad como función social y el reconocimiento de la responsabilidad común de hombres y mujeres en cuanto a la educación y al desarrollo de sus hijos, en la inteligencia de que el interés de los hijos constituirá la consideración primordial en todos los casos.”
Convención Belem do Pará, artículo 9:
“Para la adopción de las medidas a que se refiere este capítulo, los Estados Partes tendrán especialmente en cuenta la situación de vulnerabilidad a la violencia que pueda sufrir la mujer en razón, entre otras, de su raza o de su condición étnica, de migrante, refugiada o desplazada.  En igual sentido se considerará a la mujer que es objeto de violencia cuando está embarazada, es discapacitada, menor de edad, anciana, o está en situación socioeconómica desfavorable o afectada por situaciones de conflictos armados o de privación de su libertad.”

 

 

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3 comments

  1. Quienes aprueban este tipo de certámenes alegan que es una actividad tradicional y que no tiene ningún viso de manipulación hacia la mujer. Es acaso la tradición general motivo para no cambiar? de acuerdo con este parámetro piden que se continúe con la lidia de toros, con las corralejas y con el boxeo. El cambio en algunas costumbres ancestrales debe darse! Siempre en pro de una mejor forma de vida y de interrelación social.

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  2. Una parte desagradable de nuestro imaginario también está en frases como: “esa niña va a ser divina” y la contra parte para la tercera edad “esa viejita debió haber sido una mamasita”. Qué maña tan fea la que tenemos de no vivir el presente y alojar la belleza en el recinto de la juventud nada más. Hay que desideologizar!

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