El Caribe que se expande

Columna publicada el 31 de enero de 2015 en El Heraldo.

La sección de cultura de la BBC entrevistó a un grupo de calificados críticos y filólogos de Estados Unidos, que en su mayoría coincidieron en en que la mejor novela que se ha publicado en lo que va del siglo es La breve y maravillosa vida de Oscar Wao, del dominicano y estadounidense Junot Díaz, premio Pulitzer 2008. Oscar Wao es una novela escrita en el más fluido spanglish neoyorkino sobre un nerd dominicano. Uno solo puede maravillarse ante la suavidad con que se entrelazan referencias a los orishas de la santería con otras del cómic o de El señor de los anillos. Es una novela que vive intensamente las contradicciones de los sincretismos culturales en cada párrafo.

El libro es considerado por muchos como La Novela sobre ‘Lo Dominicano’. Paradójicamente, Díaz contó en una entrevista que para sus amigos dominicanos era tan ajena la idea de un nerd-Caribe que asumían su proyecto no los representaría. La novela está escrita, y es leída, en clave de ellos-nosotros, lo que quizás es un lugar común en las narrativas de todos los migrantes. Oscar Wao, resulta siendo un retrato de la naturaleza caleidoscópica de esos barrios latinos, que son como charcos de Caribe en medio de los edificios.

Varios teóricos sobre el Caribe, entre ellos Antonio Benítez-Rojo y Edouard Glissant, han retomado la metáfora del rizoma (traída a la filosofía por Deleuze y Guattari) para hablar del caldo de cultivo que ha sido la región desde hace más de 500 años. Los rizomas son las hierbas, los platanales, los archipiélagos, esas estructuras que crecen hacia todos lados, interconectadas de maneras flexibles y múltiples, imposibles de recorrer linealmente. Todos estos teóricos hablan del rizoma como una estructura múltiple que se reinventa de manera constante. El Caribe, con su multiplicidad infinita de migraciones e inesperados emparentamientos, es social y culturalmente un rizoma vivo; hay un poquito de cada cosa y todo tiene que ver con todo. Eso se nota en los genes, en las familias, en el lenguaje (hay que ver la rapidez con que cambia el argot barranquillero y la complejidad de capas semióticas bajo cada abreviatura o sobrenombre) se nota en la música y se nota en el arte.

Nueva York, que también se convirtió en centro de encuentro de culturas, es también un rizoma, por momentos un Caribe. Por eso allá se inventó la salsa que es el rizoma hecho sonido. Ese rizoma neoyorkino es el fondo y la forma de la novela de Díaz, que no pierde la oportunidad para criticar la falta de diversidad en la academia y la literatura estadounidenses. Díaz también critica el privilegio caucásico y masculino, evidente en el medio, y por eso es llamativo que esos mismos hombres blancos, en la blanquísima BBC, digan que su novela es la mejor en lo que va del siglo. No es una hipocresía, es simplemente difícil competir con la exuberancia del rizoma, o resistirse al vértigo de un Caribe que se expande.

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One comment

  1. Sublime tu óptica meticulosa y obsesiva acerca del maravilloso caldo de cultivo cultural que se genera en siertos puntos geográficos tan singulares solo una acotación te falto mencionar los maravillosos manglares de la costa

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