De intelectuales, políticos e idiotas

Columna publicada en Sin Embargo el 3 de febrero de 2015.

hay festival xalapa

“El Hay Festival es una muestra de la gran libertad de expresión cultural y artística que gozamos los habitantes de esta ciudad”, se le escuchó decir sin pudor al alcalde de Xalapa, Américo Zúñiga en un desayuno organizado el año pasado por el infame gobernador Javier Duarte, en honor a los invitados del Festival. Esta grandilocuencia es solo una muestra de cómo, desde hace más de tres años, el Hay Festival está siendo usado de manera abierta y descarada como propaganda política para maquillar la grave situación de libertad de expresión por la que pasa el estado de Veracruz. Bajo el escenario en donde los intelectuales del Hay Festival Xalapa elogian las ideas, hay una tierra abonada con periodistas muertos. Bajo la responsabilidad del gobernador Duarte, quien posa orondo para la foto con los organizadores del Festival, hay once reporteros muertos y cuatro desaparecidos, -el más reciente, Moisés Sánchez, quien fue sacado de su casa por la fuerza el dos de enero de este año-.  Los organizadores lo saben pero no han querido darle la importancia que merece. Por eso más de 300 personas y organizaciones hemos firmado una carta para pedir que el Hay Festival salga de Xalapa.

Es innegable que el Hay Festival es un evento que trae una oferta cultural de primera línea y muchos se preguntarán si realmente ayuda a la libertad de expresión limitar los eventos culturales en Veracruz. Sin duda, la educación y la cultura pueden ser importantes formas para construir una sociedad menos violenta y más democrática y muchos xalapeños disfrutan y aprenden con el Festival. Sin embargo, ante este panorama, todo lo que no sea una crítica franca y directa a la impunidad de las  amenazas, asesinatos, desapariciones de periodistas, se convierte en un distractor. Sí, puede haber conversatorios, foros, manifestaciones culturales en Veracruz, y de hecho, las actividades culturales no están obligadas a tomar una postura política, pero que sean usadas desde el Estado para enmascarar la corrupción y naturalizar la impunidad es meter la pata en la peor trampa en la que puede puede caer la cultura.

Sin duda habría otras maneras para distanciarse de Duarte y resguardar la marca del Festival de sus usos políticos: el Hay podría hacer un pronunciamiento reprobando de manera radical la situación, podría dedicar sus charlas a la revisión crítica de la impunidad del crimen de Regina Martinez, o del desaseo judicial con el que han sido llevados otros casos de crímenes contra periodistas. La visibilidad internacional con la que cuenta el Festival le permitiría decir cosas que la prensa local ni siquiera se atreve a pensar en voz alta. Aunque muchos de los afamados invitados al Festival se han pronunciado en contra de la situación, el Hay, desde lo institucional, se ha quedado corto; no ha tomado un partido claro al respecto. Esto resulta incomprensible, pues  no se puede “pensar el mundo como es, e imaginar cómo debería ser” desde Xalapa, pasando por alto la violencia contra la prensa en Veracruz. El Hay Festival, además, se presenta a sí mismo y de manera voluntaria como un festival con compromiso social, ¿no incluye este compromiso la protesta contra la violencia contra periodistas? Si no lo incluye, el Hay Festival cae en una lamentable contradicción performativa: convertir a los intelectuales en idiotas útiles para esconder la violencia y perpetuar la impunidad política.

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