Feminista, pero de a poquito

Columna publicada el 7 de marzo de 2015 en El Heraldo.

Cuenta la historiadora Rafaela Vos Obeso que en 1920 la barranquillera Beatriz Nieto entró a trabajar como cobradora de letras en el Bank of Spanish América

Ltda. El 28 de diciembre de 1929 se podía leer en el periódico El Día “…no cabe duda que en Barranquilla el feminismo avanza: de simples encargadas de un ‘complot’ han ido avanzando nuestras damitas hasta llegar al puesto de la señorita Nieto, pasando como corresponsales, ayudantas de contabilistas, todo en contra del sexo feo, único hasta ayer. Claro que no sólo los jóvenes más o menos competentes pierden con el nombramiento recaído en doña Beatriz, sino el comercio en general. Porque ¿quién le dice a una mujer de cara de cielo y de aires de princesa, vuelva usted que no hay plata?”.

El año siguiente, en diciembre de 1930, se llevó a cabo en Bogotá el ‘Congreso Femenino’, que fue la primera vez en la que hubo una discusión pública y abierta sobre feminismo en la que participaron las mujeres. Este congreso está considerado como uno de los hitos del feminismo colombiano, y tuvo el respaldo de embajadas internacionales. Vos Obeso también recoge una cita del periódico La Prensa, en Barranquilla, que comentó  “… la mujer ha proclamado su derecho a intervenir en la vida ciudadana. Es saludable esta reacción femenina y tiene una clara finalidad. No negaremos que, en otros países, los efectos del cambio de situación de la mujer han conducido demasiado lejos. Pero, por lo que hasta ahora se puede apreciar en Colombia, la tendencia feminista posee un carácter rotundamente constructivo y armonioso. Aún no se ha escuchado, por ejemplo, la voz lamentable del sufragismo inmoderado, ni las mujeres han exigido el ingreso a la administración pública”.

Estas citas muestran lo que se pensaba en los años treinta en Barranquilla: que la entrada de las mujeres al mundo laboral reconocido con sueldos (las mujeres históricamente siempre hemos trabajado, y mucho, pero solo hasta el siglo XX nos empezaron a pagar) se veía como una amenaza para los hombres; que para entonces, la idea de que las mujeres ocupáramos cargos públicos era impensable y que hay solo un feminismo que se tolera, el “armonioso” o mejor dicho, manso, que reclama por unos cuantos derechos, no todos, ya que las mujeres jamás deben ser inmoderadas. Estas citas podrían ser una curiosidad si no fuera porque son ideas que escuchamos con plena naturalidad en nuestra vida cotidiana. Aunque en Barranquilla contamos con una de las pocas alcaldesas de Colombia, a las mujeres nos queda un largo camino para tener plenos derechos. Que el día de mañana sirva para pensar en maneras de provocar un cambio cultural en Barranquilla, para que un siglo después no se sigan escuchando los prejuicios absurdos y discriminatorios que se rumiaban en los años treinta. Más que un asunto de leyes o de cuotas, se trata de un cambio cultural que se evidencie en la opinión pública. Es hora de dejar de decir cosas como “feminista, sí, pero…” pues la equidad de derechos no es a medias, ni las mujeres queremos “algunos derechos”, los queremos todos.

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