¿No te gustan los piropos?

Columna publicada el 18 de abril de 2015 en El Heraldo.

En noviembre del año pasado EL HERALDO repitió en las calles de Barranquilla un ejercicio que se hizo en las calles de Nueva York y que le dio la vuelta al mundo con su video en Internet. El experimento consistió en que una mujer caminara por las calles, y que, con una cámara escondida se grabara a todos los hombres que la acosaban en el camino. En dos horas de caminata por el centro de Barranquilla, la voluntaria recibió más de 30 insinuaciones que vinieron de jóvenes y viejos. Cuando la mujer pasaba y no sonreía a los ‘piropos’ le contestaban que era “grosera” o “antipática”.

El año pasado, en Carnaval, estaba con una amiga cachaca en una fiesta. Llegó a saludarnos un amigo mutuo y nos miró a ambas, de arriba abajo y con una evidente lascivia que pretendía ser un cumplido. Yo no dije nada, no porque no me sintiera incómoda, sino porque sabía que eso se suponía un ‘gesto amable’. Su mirada me hizo tener una hiperconciencia de lo que tenía puesto y de mi cuerpo. Mi amiga, que a diferencia mía no tiene naturalizado que los costeños la estén morboseando, se quejó enseguida. Le dijo: “No me mires así”. Nuestro amigo se ofendió mucho. Hinchó pecho y le dijo: “Acostúmbrate, así es como miramos los hombres en la Costa”.

Cuando lo cuento en este párrafo puedo ver el episodio en toda su agresividad. En su momento yo no dije nada. Me tomó al menos quince minutos de conversación trivial entender qué era lo que había pasado. No es que los hombres de otras regiones de Colombia no hagan lo mismo, lo hacen, sin duda. Pero en el Caribe nos han dicho una y otra vez que estas insinuaciones y miradas deben ser bien recibidas, que son piropos, cumplidos, que debemos sonreír con gracia y agradecerlos. Que un hombre insinúe que quiere tener sexo con nosotras debe ser un halago, quiere decir que existimos como mujeres. Las costeñas, por su parte, suelen ser mujeres vanidosas que se sienten muy cómodas con sus cuerpos. Entienden desde muy niñas que en tanto su función en el mundo es sexual, estos piropos y miradas les dan ‘poder’. ‘Poder’, porque al final no hay poder en un halago que no tiene nada que ver contigo, halagos genéricos que los galantes hombres piropeadores le dirán a cualquiera, que no tienen nada que ver con un interés real en nosotras. Por eso contestamos “eso les dices a todas”. Porque así es.

Las mujeres no nos sentimos bien cuando nos dan opiniones no pedidas sobre nuestro cuerpo y después nos callan y nos dicen que nos tenemos que aguantar esas opiniones y sonreír. No hay nada de ingenioso o de galante en un piropo genérico que los hombres sueltan y cuyo verdadero mensaje es que creen que tienen derechos sobre nuestros cuerpos, sobre el espacio público, y que estamos ahí en la calle para distraerles la tarde y no porque tenemos que ir a algún lugar. Espero que las actividades que se llevaron a cabo en Barranquilla ayer, a propósito de la Semana del Acoso Callejero, hayan servido un poco para que los barranquilleros entiendan que las mujeres que vamos por la calle no somos adornos, ni musas, ni propiedades. Las mujeres somos personas y tenemos vidas, vamos a algún lugar.

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