Los genes de la Toti

Columna publicada el 2 de mayo de 2015 en El Heraldo.

Una pareja de enamorados decide tener hijos y crea ‘embriones exitosos’ con información genética de ambos para fertilización in vitro. La relación fracasa y se acaba, precisamente, porque uno de los dos no quiere y decide que no, que finalmente no quiere que los embrioncitos cobren vida. El otro insiste en usarlos, ya en un vientre subrogado, sin la autorización de su expareja.

Es el caso jurídico y bioético que acaba de llegar a los medios, protagonizado por la actriz barranquillera Sofía Vergara y Nick Loeb, su exnovio, quien publicó una columna en The New York Times. En esta alega que es un hombre católico y que siempre ha soñado con una familia. “Una mujer tiene el derecho de llevar un embarazo a término, incluso si el hombre no está de acuerdo. ¿Por qué entonces un hombre que está dispuesto a asumir todas las responsabilidades parentales no puede implantar esos embriones, incluso si la mujer no está de acuerdo?”

En el caso específico de Vergara y Loeb hay un documento legal firmado por ambos, en el que queda claramente establecido que debe haber un acuerdo mutuo con respecto al futuro de engendros ‘perfectos’. Ante algo tan claro no debería haber debate alguno: La Toti prefiere dejarlos congelados indefinidamente, parece natural que no quiera tener hijos de alguien que se convirtió en un agresivo exnovio que exhibe su vida personal en los periódicos. Más allá de eso y de las razones que ella tenga, cualesquiera que sean, el argumento que presenta Loeb es el mismo argumento de los antiderechos, esos que se hacen llamar a sí mismos Provida. Parafraseando, el argumento de Loeb es que los crearon con el propósito de que fueran vida, que son vida antes que ser una propiedad, que dejarlos congelados indefinidamente equivale a matarlos. En serio.

Y sí, puede ser cierto que los embriones sean vida, pero no son personas, ni son son sujetos, ¡ni siquiera están gravitando en el placentero vientre!  Son, sí, la ‘vida’ que incluye el material o la información genética de dos personas adultas que sí tienen derechos y que pueden decidir sobre su reproducción. En el caso de las mujeres preñadas que deciden llevar a término ese embarazo sin el consentimiento del hombre la situación es diferente: las mujeres tienen plenos derechos sobre sus cuerpos y no pueden ser obligadas ni  a abortar, ni a parir. En el caso de los embriones no hay un vientre (perteneciente a una mujer con plenos derechos) involucrado. Y en este caso, el de los genes de la Toti, se trata de una mujer y de un hombre que tienen iguales derechos sobre unas células que engendraron artificialmente pero que, a su vez, una de las partes no quiere que se utilicen bajo ninguna circunstancia.

Si no hay un acuerdo, lo más probable es que este caso llegue a una corte californiana, donde, según el marco legal y el sentido común, todo indica que ganará la Toti. Sin embargo, y aunque sus argumentos sean absurdos, no podemos culpar a Loeb por estar empecinado con los genes de la talentosa barranquillera.

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