Una madre de rodillas

Columna publicada el 5 de mayo de 2015 en Sin Embargo.

Foto: tomada de la redFoto: tomada de la red

“¡La madre del año!” denominaron los medios de comunicación la semana pasada a Toya Graham, una madre soltera negra en Baltimore, Estado Unidos, que vio a su hijo de 16 años protestando contra la policía y salió a la calle a sacarlo de la protesta a punta de gritos y coscorrones. La historia se hizo viral en Internet y los medios internacionales, incluidos los mexicanos y latinoamericanos, re-publicaron la noticia sin distancia crítica alguna y tragando entero los titulares, convirtiendo en historia oficial la idea de que debería haber más madres como Graham, que “controlen a sus hijos”, para que a nadie se le ocurra salir a quejarse contra el status quo.

Desde el año pasado (¿o desde siempre?) Estados Unidos enfrenta fuertes protestas por abusos policiales contra jóvenes negros, que han sido llamadas “disturbios raciales”. El año pasado hubo protestas multitudinarias en Ferguson, Missouri, por la muerte del joven negro Michael Brown a manos del agente de policía Darren Wilson (blanco). El joven de 18 años estaba desarmado cuando lo detuvieron y luego, sin explicación alguna, recibió 6 impactos de bala a quemarropa que lo mataron. En Baltimore, Maryland, el joven, también negro, Freddie Gray, murió a causa de una lesión devastadora que al parecer sufrió mientras estaba bajo custodia policial.

La policía de Baltimore dice que cuando Gray vio la patrulla el 12 de abril empezó a correr, sin embargo, la policía no tenía ninguna causa probable para perseguirlo; además de estar corriendo y ser negro. Según el abogado de la policía “Existe una argumentación del Tribunal Supremo que establece que si te encuentras en una zona de alta criminalidad y huyes de la policía sin ser provocado, la policía tiene la capacidad legal para perseguirte, y eso es lo que ellos hicieron”. Pero más allá de que la policía pudiera o no perseguir y apresar a Gray, las condiciones de su muerte son injustificables. Gray murió a causa de una lesión grave en la médula espinal y su laringe estaba destrozada y su cuello roto antes de entrar en coma y morir. Nadie sabe qué sucedió al interior del vehículo en donde Gray estuvo arrestado durante media hora antes que fuera llevado al hospital. La policía no ha dado detalles de lo ocurrido, sin embargo el viernes pasado se determinó que la muerte de Gray fue un homicidio y se levantaron cargos contra seis oficiales.

Michael Graham, el hijo de “la madre del año” hacía parte de las protestas por estas “irregularidades” (aunque en realidad la gente salió a las calles porque estos sucesos son aterradoramente regulares). Al ver a su madre, Michael dijo que estuvo “un poco avergonzado” pero que después entendió “los motivos de su progenitora”. “Llegamos a casa y me dijo que lo hizo porque se preocupa por mí y que no lo hizo para avergonzarme sino para cuidarme”, dijo el estudiante. “Ella no quería que [yo] fuera Freddie Gray o cualquier otro que es asesinado por la policía”, agregó. “Soy una madre soltera con un hijo. Él no va a ser un Freddie Gray”, escribió también Toya Graham en su cuenta de Facebook poco después de que imágenes en las que aparece agarrando por la cabeza y golpeando a su hijo encapuchado se volvieron virales.

“Nadie mejor que una madre puede llevar a su hijo por el buen camino. Los retos a los que se enfrentan los progenitores son de distinta índole, desde enseñar modales hasta ayudar a decidir el futuro de su prole, una constante batalla que libran día y noche.” dijo el periódicoEl Mundo, en la misma línea de todos los que glorificaron las acciones de la Graham. “¿Qué te hicieron? ¿Alguna vez te lastimaron?” pregunto también la madre a su hijo que, que confesó que no, que no había sufrido una agresión directa pero que estaba en las protestas por solidaridad con sus amigos. “Me arrepiento de haber ido ahí y meterme en esta situación cuando se suponía que debía estar en casa”, dijo el joven a los medios dejando claro que “había aprendido la lección”. Ahora los periódicos hasta citan “activistas negros” y “raperos” como Mike Render, hijo de un policía que reafirma “Nunca he ido a prisión porque siempre he tratado a la policía con respeto. Esta mujer salvó la vida de su hijo, que ahora puede ir y aprender cómo organizarse para mejorar la situación de opresión racial de su comunidad local”.

Es decir, las quejas de las protestas son caprichos: no hay que dialogar con ellos, ni escucharlos, ni siquiera considerar que su queja es legítima, y la única manera de controlar a los jóvenes negros es enviando a su mamás a pegarles. Por otro lado hay “maneras correctas” de protestar y de evidenciar la opresión racial, esas que no son incómodas ni molestas, con los jóvenes negros reunidos en salones comunales “organizándose” de la manera más domesticada y manejable posible, en vez de salir a las calles a confrontar y reclamarle a la autoridad.

Es impresionante cómo todos los medios construyeron este discurso unánime, aún citando la explícita declaración de motivos de la mujer: que no quería que su hijo muriera a manos de la policía. Lo que básicamente evidencia que las madres negras en Estados Unidos prefieren pegarles a sus hijos a que mueran a manos de algún blanco con autoridad. Toya Graham no habría salido a sacar a su hijo de la protesta por los pelos, si la protesta en sí, y el hecho de que él fuera un hombre negro, no fueran condiciones de posibilidad para la muerte de su hijo. Es precisamente contra esa brutalidad policial a la que la madre Graham teme, la razón por la que los jóvenes protestan. Una razón sin duda legítima, pues no es admisible que ser negro, y ejercer el derecho a la queja en el espacio público constituya un riesgo indiscutible, no, al menos, en un país que ondea a su elegante presidente mestizo para alardear de haber superado su racismo y que se ufana de ser una democracia.

El discurso debería ser que la protesta es justa, que la madre tiene miedo, terror de la policía e hiperconciencia de la altísima impunidad a la que se enfrenta su comunidad. En cambio, el discurso es que debemos ser mansos, dóciles, aguantar los abusos en silencio y no meternos en más problemas. Mientras nos quitemos del camino de quienes atropellan nuestros derechos no habrá todo marchará con normalidad. No es que los policías sean racistas y violentos, es que los jóvenes negros se están buscando la brutalidad policial.

Nada tan efectivo como lograr que el mismo grupo que está siendo oprimido justifique gestos de sometimiento que en realidad nacen del miedo y no del respeto, creando un sistema de vigilancia horizontal que ahoga todo intento por reclamar derechos diciendo que eso es “buscarse problemas”. Hay una revictimización profunda a todos los negros de Baltimore que entra en función cuando los medios le llaman “heroína” a Toya Graham.

Y entonces, protestar es una travesura juvenil que deberían controlar y castigar los padres. No es un acto político, es una pilatuna de jóvenes rebeldes sin causa. Solo es válido quejarse cuando a un individuo lo han atacado, pero solidarizarse con quienes han sufrido abusos sistemáticos por parte de las fuerzas del Estado, es una ociosidad. Ponerse capucha es un ridículo gesto de rebeldía y no el ejercicio del derecho a mantenerse anónimo para protestar políticamente en un contexto violento y opresor. Y ser buena madre es enseñar la sumisión precavida a la próxima generación.

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