La Estrella

Columna publicada el 9 de mayo de 2015 en El Heraldo.

Cuando la gente habla de Sofía Vergara comienza por un tema ineludible: sus inmensas tetas naturales. Pero además está todo su cuerpo, que aún haciendo parte del canon, lo desafía con una voluptuosidad desbordada, que deja a todos boquiabiertos. Por esa belleza inconcebible, muchos han llegado a decir que Sofía es tonta, superficial, una caricatura de lo que significa ser latina, “sin talento pero buenamoza”. Pero este juicio se enfrenta con una contradicción empírica: no basta ser bonita para tener el lugar en Hollywood que tiene Sofía: esa estrella que le dieron no fue un premio para sus tetas (que no necesitan premio alguno), fue un reconocimiento a más de 20 años de trabajo sin tregua para abrirse camino en un país ajeno y desde cero. Sofía no tuvo un camino fácil, escaló cada peldaño de su carrera y enfrentó las mismas desigualdades de los actores latinos en Estados Unidos. Para abrirles trocha a los que vengan después fundó Latin World Entertainment. Sofía es una mujer migrante, latina, colombiana, de 42 años (que para Hollywood es “vieja”), y sí, ser “bonita” es una ventaja que ella ha aprovechado sin pena (ni boba que fuera), pero en su caso ese atributo es lo de menos (mujeres bonitas hay en todas partes). Sofía es, antes que nada, una mujer persistente, y con un sentido del humor incomparable, indispensable para que pudiera ir por la vida sin ser avasallada con sus tetas.

Así que, ahora, Sofía conquista a los gringos; se burla de ellos con tal encanto, que hasta a ellos mismos les toca reírse. “Lady Gaga say Hi to Manolo”, le dijo una vez en una entrevista en vivo a la reina de las excentricidades, que deslucía junto a su desparpajo. A su personaje de Modern Family le critican ser la “caricatura de una costeña gritona”, pero, ¿acaso no es la comedia una caricatura? ¿Acaso no somos las costeñas gritonas? Con caricatura y todo, es el primer personaje en la historia de la televisión gringa que logra humanizar a un colombiano. Gloria le da cara a miles de mujeres migrantes, latinas y del Caribe, y su exageración de cada uno de los ‘rasgos latinos’ termina siendo una resistencia: Gloria muestra a las latinas como mujeres empoderadas de sus cuerpos, que no tienen miedo a ser sexis, ni a decir lo que quieren y lo que sienten; de eso deberíamos estar orgullosas, en vez de bajar la voz y contener las caderas para parecer más domesticadas ante un sistema de valores gringo.

La Toti ha dicho varias veces que es consciente de que los roles que Hollywood tiene para ofrecerle son muy limitados. Para llegar a Modern Family tuvo que teñirse el pelo de café para verse “más latina”, según los sesgados estereotipos estadounidenses. “Creo que voy a ser estereotipada siempre, pero no me importa ser estereotipada”, dice, quizás porque, antes de dejar que la reduzcan, ha aprovechado esos estereotipos para construirse una carrera. Miles de veces le han dicho que su cuerpo la hace ver como una puta, o como un travesti, y ella contesta, pícara, que le encanta, porque toda su fuerza está en aceptar sin ironía a ese cuerpo inescapable, y desde esa seguridad ser honesta, espontánea, alegre: auténtica, sin disculpas ni remordimientos. Todas las mujeres, migrantes, latinas, barranquilleras, necesitamos ese ejemplo.

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