¿Por qué violaron a Sansa Stark?

Columna publicada el 27 de mayo de 2015 en Sin Embargo.

Foto: blogs.tribune.com.pkFoto: blogs.tribune.com.pk

*Este texto está lleno de spoilers, y referentes específicos a la serie de HBO, Game of Thrones.

Cuando vi la violación de Sansa en Game of Thrones fui una de las muchas personas que dijo que dejaría de ver la serie. De repente sentí que la serie ya no me entretenía, que en realidad últimamente después de verla quedo angustiada, deprimida y con la líbido por el piso. Tampoco ayuda que la den en domingo. En el siguiente episodio otro intento de violación. Sin embargo, esta no fue ni será la última violación en Game of Thrones; ¡son miles! A Cersei la viola Robert Baratheon, y luego a Daenerys la viola Khal Drogo (¡y después se enamoran!). También es muy interesante que la serie de televisión (que es mil veces mejores que los libros) haya tomado partido por hacer más fuerte el tema de la violencia sexual: en los libros, la escena entre Daenerys y Khal Drogo es mucho menos violenta y ella tiene agencia sobre su sexualidad (la está usando para hacer a un poder que aún no tiene). El polvo incestuoso y necro-coyuntural de Cersei y Jaimie, es consentido en los libros, pero en la serie tenemos una fade a negro mientras Cersei repite “no, no, no”. La violación a Sansa de hecho no sucede, en los libros violan a un personaje sin nombre.  ¿Son las violaciones en la serie de televisión gratuitas? ¿Está Game of Thrones normalizando la violación? ¿Cuántas violaciones se necesitan para contar esta historia? ¿De verdad vale la pena ver una serie que nos hace sentir tan mal?

Tras la oprobiosa escena de la violación de Sansa (que se había salvado de esto tantas veces) la revista feminista Mary Sue publicó un artículo (escrito por Jill Pantozzi) en el que anuncian que dejarán de promover la serie: “En este caso particular la violación no es necesaria para el desarrollo del personaje de Sansa -que ya ha sufrido otros ultrajes por parte de los hombres; no es necesaria para establecer la maldad del Ramsay -ya sabemos que lo es- y no es necesaria para establecer la violencia contra las mujeres -ya sabemos que Game of Thrones existe en un universo excepcionalmente patriarcal.”

La verdad es que mi reacción inmediata fue mandar al carajo a Game of Thrones y quedarme con alguna serie que me deje dormir después. Sin embargo (y aunque no estoy segura de que mi cerebro produzca suficiente serotonina para seguir viendo la serie), de ese sentimiento no se deriva que la serie sea mala o que la violación de Sansa sea gratuita. La violencia sexual contra las mujeres ha sido un tema trasversal y reiterativo de la serie, y es coherente con un universo de hiper machos que lleva eso que llamamos patriarcado a unos niveles de brutalidad insospechados. Nivel: dragones. En esa medida el tema de la violación está perfectamente justificado. Más cuando es claro que una violación no se trata de sexo, sino de control y poder. Ahora, es posible que esto no aparezca en los libros porque siempre se han caracterizado por ser más tibios que la serie, que, por mucho, está mejor contada. Por su parte, Alyssa Rosenberg en el Washington Post también argumenta que la serie siempre ha sido sobre violencia sexual. Quizás el mejor argumento es el de Amanda Marcotte en su blog Pandagon en la revista Raw Story, con el que llega hasta a defender la escena, anotando que cualquier otro resultado habría sido traicionar la construcción de los tres personajes involucrados, Sansa (sumisa), Ramsay (sádico) y Theon (sometido). “Solo habría podido ocurrir de esa manera.”

Para Marcotte, Sansa, lejos de ser el personaje más débil, es uno de los pocos Stark que ha sobrevivido, en parte porque ha sido capaz de adaptarse, aguantar, mediar. En realidad, señala Marcotte, de nada habría servido que Sansa escapara hacía una fortaleza, hacia la nieve, hacia un mundo que la ve a ella como una posesión de Ramsey y que no tardaría en devolverla a “su amo”. Por otro lado, una manera de tomar control sobre el apellido Stark es esa, violar a Sansa, así que habría sido hasta ilógico que Ramsay, un conocido sadista sexual, no lo hiciera. “Sería ridículo que en una serie que investiga las consecuencias de una sociedad patriarcal y semi-feudal, en la que las mujeres son tratadas como objetos para vender e intercambiar en el juego de tronos, haga como que la violencia sexual no es parte del proceso.”

Quizás, como lo señala la misma autora en Slate (y en esto también estoy de acuerdo), esta es la única vez que en la serie se ha tocado el tema de la violación en serio. La verdad es que las violaciones a Cersei y Daenerys y todas las mujeres que han violado en la serie, han pasado como una contingencia. En la de Cersei (villana) y su hermano, junto al cadáver del incestuoso hijo de ambos, muchos ni creyeron que esa era una violación porque los gemelos Lannister están “enamorados” o algo así. Luego a todos nos pareció muy normal que la madre de los dragones se enamorara de un tipo que la compra y la viola en su noche de bodas. En cambio a todos nos molestó profundamente que a Sa nsa (la buena) fuera violada por Ramsay (el malo más odiado de la serie desde de Joffrey) aunque fuera una evolución hasta lógica de la historia. Nos molestó en parte porque es la única violación en toda la historia que ha sido tratada con la seriedad que el tema merece, incluso a pesar de que la escena fuera sobre el dolor de Theon y no sobre el de Sansa.

Según una investigación del departamento de literatura en el Laboratorio de Creatividad de la Escuela de Diseño de la Universidad Politécnica de Hong Kong, es claro que en casi todos los mundos de ficción (libros, películas, videojuegos) existe alguna especie de “Dios” (independientemente de si el autor del mundo es ateo o creyente). Esto sucede porque las ficciones humanas (y esto parece ser transversal a casi todas las culturas) tienen una lógica moral en la que los villanos son castigados por sus malas elecciones y los héroes premiados por superar la adversidad. En la mayoría de historias para niños este maniqueísmo es evidente: los buenos ganan y los malos pierden. Nadie habría soportado que en el séptimo libro se muriera Harry Potter a manos de Voldemort. De hecho, parece que las ficciones existen justamente para establecer ese mecanismo moral en el mundo real, esa idea de la “justicia cósmica” sin la cual las historias (reales y de ficción) serían simplemente registros de hechos sin relación alguna. Incluso en manuales de guión como Screenplay (de Syd Field), se recomienda que aunque el villano pueda equivocarse, el héroe debe ser castigado por cada una de sus malas decisiones, hasta que aprenda a tomar unas buenas, y entonces llegue a un final feliz. De hecho se usa el término “narrativa triste” (bleak narrative) para hablar de esas historias en las que a los personajes malos les va bien y a los buenos les va mal. Y si bien algunas llegan a ser adoradas por la audiencia lo normal es que los lectores o espectadores rechacen visceralmente estas historias. La gente se refugia en la ficción, en donde espera escapar de una realidad indigerible y sin sentido. Por eso, usualmente, si la historia no castiga a los villanos, los espectadores castigan a la historia.

A pesar de su éxito, Game of Thrones hace parte de esa narrativa triste. Su truco se basa en aniquilar todos nuestros clichés sobre la ficción épica y fantástica y nuestras expectativas sobre los héroes. Aunque para todos es clarísimo que nada bueno vendrá jamás de seguir el código de honor de los Stark, seguimos esperando que alguna vez a alguno le funcione. Sin embargo, siguen pasándoles cosas malas y caemos en la trampa una y otra vez (como en las tiras cómicas de Lucy, Carlitos y el balón de fútbol americano) porque en nuestro sistema de contar historias está profundamente marcada la idea de que los héroes deben ser premiados, los villanos castigados que nos cuesta mucho trabajo imaginarlo o ver que suceda de otra manera.

Así que es por eso que nos sentimos mal. No porque hayan violado a nadie, sino porque en nuestro sistema moral-emocional, sí nos hace diferencia si violan a una mujer “mala” o “buena”. Y esto es extensivo a la vida real.

Claro, Sansa no existe. Las ficciones, arte, entretenimiento, cultura, no tienen un obligación moral. Las historias de ficción son espacios donde experimentamos de manera segura nuestros todo el rango de nuestros sentimientos sin que esto tenga un efecto en nuestra vida, o más o menos por ese lado va la “catharsis” que le atribuyen a Aristóteles. Por eso no podemos legislar las historias con moralina platónica, el arte y el entretenimiento no están para educar. Pero lo que sí no podemos olvidar es que las ficciones creadas por una sociedad son espejos de sí misma.

Ese rechazo que nos produce la violación a Sansa y esa aceptación pasiva con la que contemplamos las violaciones de Cersei y Daenerys, dice cosas de nosotros. Si bien Game of Thrones es un universo “exagerado”, su crueldad solo es exagerada versus otras ficciones, no frente a la vida real. En la vida real a las mujeres las violan todo el tiempo y por cualquier cosa, y más en contextos de conflicto de guerra. No nos enteramos porque por más incómodo que sea, es más fácil ver la violación de Sansa que acercarse a un caso de violencia sexual real (que será mil veces peor por ser real). Si acaso llegamos a enfrentarnos con la historia de un caso, preguntamos también si la violada fue una Cersei o una Sansa, si después le cogió cariño a su agresor, como Daenerys, y administramos la justicia más o menos igual que en la serie: impunidad para todos los que tienen el poder, y tibia solidaridad con las “víctimas buenas”. Somos una sociedad a la que le cuesta sentir empatía con las mujeres reales y que muy de vez en cuando solidariza con las mujeres de la ficción. La crueldad, el sadismo y el machismo en Game of Thrones son un reflejo de la sociedad de sus espectadores. Game of Thrones nos duele más, pero a nuestros noticieros solo les faltan zombies y dragones.

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