Cuentos de miedo

Columna publicada el 30 de mayo de 2015 en El Heraldo.

“Una se desmayó, a otra se le metió un demonio y otra más se empezó a rasguñar la cara como loca” contó una estudiante, refiriéndose a los ‘efectos’ del juego de azar binario Charlie Charlie, que esta semana, tras una efectiva campaña en Internet para promocionar una película, causó furor entre adolescentes del mundo entero. El juego consiste en poner un lápiz sobre otro de manera perpendicular y bajo estos una matriz con dos opciones: sí y no. Entonces se hace una pregunta al “espíritu de Charlie Charlie” también conocido como “el mismísimo diablo”, el lápiz se mueve (pues es un cilindro irregular apoyado sobre otro) y se asume que contesta.

El fenómeno se ha convertido en “un problema” que “preocupa a profesores y padres de familia” y este periódico reportó ayer que en la institución educativa Soledad Acosta de Samper tres niñas fueron “poseídas”. Ramírez Castellón, rector del plantel, contó que han dado aviso a la Policía, para “determinar” si había personas “que le están haciendo daño a los niños del colegio”. Ya comenzaron los exorcismos y –de nuevo– hay histeria colectiva en adolescentes (y adultos) de toda la región. EL HERALDO consultó el punto de vista de “diferentes religiones”, pero solo publicó testimonios y referencias de la religión católica, como una declaración de la Arquidiócesis, cita del Deuteronomio y hasta del papa Francisco afirmando que “¡El diablo existe!”. En cinco notas publicadas solo un psiquiatra y una psicóloga dijeron que el fenómeno podría deberse a sugestión, pero docentes (2), curas (3), estudiante (1) y psicóloga mentalista dieron crédito al suceso y coincidieron en manifestar su preocupación. El profesor de psiquiatría de Harvard Stephen Schlozman explica que el cerebro de los adolescentes apenas está aprendiendo a manejar sus emociones y controlar sus impulsos. Los juegos paranormales suelen ser populares entre ellos porque les permite a sus cerebros ponerse en una situación de peligro sin que haya un peligro real. Estos juegos son entrenamientos para el cerebro y por eso están lejos de ser un problema, de eso se trata ser adolescente. Lo que sí es preocupante, pero por lo absurdo, es que “adultos educados” se sientan tan amenazados por el pensamiento mágico. Peor aún las declaraciones de la curia educativa, explicando que no es lo mismo un ritual de Youtube que uno respaldado por su institución y tradición.

La creatividad y la imaginación son claves para desarrollar el pensamiento crítico. El pensamiento mágico es coherente con nuestra historia latinoamericana y la explicación a todas las cosas no necesariamente se encuentra en la frialdad del logocentrismo. Jugar con la imaginación es algo útil, deseable, y bonito, y se puede mantener en todas las edades sin cruzar la línea que va de la fantasía a la insensatez y la irracionalidad (algo que los adolescentes están aprendiendo). No se puede aplicar la “lógica de la realidad” a la religión o la imaginación. Solo desde este cruce de paradigmas se puede creer que un juego de recreo sobre “lo sobrenatural” puede ser nocivo o peligroso. Es evidente que estos adultos supersiticiosos no han sabido manejar un fenómeno adolescente, que tiene que ver menos con lo sobrenatural y más con la natural (y hasta saludable) indisciplina que viven las personas a esa edad. Charlie Charlie solo es “un problema” porque desde el mundo de los adultos (profesores, médicos, prensa) le han dado legitimidad.

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