Virgen del Carmen

Columna publicada el 4 de julio de 2015 en El Heraldo.

La niña Sofía Tovar, de 13 años, acaba de suicidarse ingiriendo un herbicida (Paraquat Gramoxone) en el Carmen de Bolívar. Un reportaje para la revista Vice –publicado esta semana– cuenta que no es la primera en intentarlo, Angelina Arias, de 10, se mantiene en cuidados intensivos, pues intentó lo mismo con un insecticida. “Desde finales de mayo del año pasado, cuando 23 niñas de la Institución Educativa Espíritu Santo sufrieron los síntomas en plena jornada escolar, el pueblo no ha parado de sufrir. Al principio se habló de brujería y de juegos con la tabla Ouija, teorías vigentes hasta que la asociación de padres identificó que lo que tenían en común todas las afectadas era la fecha de aplicación de la segunda dosis de la vacuna del VPH: marzo de 2014”. Ahora estos intentos de suicidios son atribuidos, también por los padres de familia, a la vacuna contra el papiloma, satanizada en miles de páginas de internet por grupos de conservadores.

Quiero hacer énfasis en que las atribuciones están hechas por un colectivo de padres y no por médicos, o epidemiólogos, o por nadie que pueda medianamente mostrar alguna experticia en el tema. Tan poca es la claridad que la primera hipótesis para el asunto fue la brujería. Sin embargo, la explicación de la vacuna se hizo viral rápidamente y ahora los padres dicen que es lo único que tienen en común las 930 niñas “que han registrado síntomas”, sin embargo, el año pasado también se informó que algunas niñas, que no recibieron la vacuna, también presentaron el mismo cuadro. Por eso también se habla de estrés colectivo, lo cual no debería sorprender después de la reciente ‘epidemia de desmayos’ causados por el juego supuestamente sobrenatural de Charlie Charlie, también en la costa colombiana. Como después se supo que la cosa se debía a la promoción de una película, en ese caso sí se aceptó que los adolescentes son altamente sugestionables. Aunque sea lo más razonable, los padres de familia se ofenden cuando se habla de estrés colectivo, y en cambio afirman con vehemencia que todo se debe a que se dañó la cadena de frío de la vacuna, a pesar de que el Ministerio de Salud, en un informe oficial, ya desmintió esta teoría.

Seguramente algunas de estas niñas sí están enfermas de algo, pero además del mito popular no hay nada que realmente conecte la sintomatología de estos casos, entre los que puede haber desde intoxicaciones hasta epilepsia, y mucha, muchísima sugestión. Es altamente improbable que el Ministerio esté ocultando error humano en su informe o que esté administrando una vacuna peligrosa, cuando las consecuencias son tan graves y lo mejor que podría pasarles es tener un chivo expiatorio. Sin embargo, la prensa contrasta las declaraciones oficiales del Ministerio, hechas por expertos, con las de padres de familia que no tienen más experiencia en el tema que la preocupación por sus hijas. Por otro lado, nadie se pregunta si hay otros motivos para intentos de suicidio, motivos más escabrosos, pero también más comunes, como abuso sexual y maltrato infantil. Faltan muchas preguntas por hacer sobre lo que sucede en el Carmen de Bolívar.

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