¿Nota rosa o amarilla?

Columna publicada el 19 de septiembre de 2015 en El Heraldo

Debo confesar que se me hizo un nudo en la garganta al ver en YouTube la entrevista que el periodista Omar Vásquez, disfrazado de ‘La Diva Rebeca’, le hace a la actriz y presentadora Ana Karina Soto. Vásquez, con una peluca rubia, un brillante vestido rojo, una interpretación afectada y una camaradería cruel –ofensiva para travestis y mujeres–, saca su celular en medio de la entrevista, y le muestra a Soto una página porno. A continuación le dice, frente a las cámaras, que en esa página está “su video”, y le da play. Entonces Soto guarda silencio y mira anonadada al celular.

Hace años, Ana Karina Soto fue víctima de revenge porn o ‘porno de venganza’. Su pareja de ese entonces grabó, sin permiso, un video de los dos teniendo sexo después de una fiesta. No le dijo a Soto de la existencia del video. Cuando terminaron y Soto estaba a punto de casarse con el también actor Pedro Palacio, el ex-novio publicó el video en Internet. Como cuenta Soto en esta entrevista, la divulgación del video, que es una violación imperdonable a su privacidad, hizo estragos en su vida personal y profesional. No solo se rompió su relación con Palacio (que dijo estar agobiado por el video) sino que el canal para el que trabajaba no volvió a mandarla a trabajar en terreno durante un año o más. Esto sin contar con el ataque a su honra y dignidad, la violación a su privacidad, y el hostigamiento que vivió por parte de su expareja, un inconfundible crimen de género.

“¡Yo no había visto esto!”, dice Soto antes de quedarse sin palabras. Vásquez le dice cruelmente “esa eres tú”, y declara “gordi, este suceso marcó su vida indiscutiblemente”, antes de preguntarle “¿qué se siente verlo?”. Ana Karina Soto rompe en llanto frente a la mirada indolente de Vásquez y de la cámara. Nos cuenta la historia del novio abusador que la atacó divulgando el video. Suena de fondo, una melodía triste, de cajón. Nos enteramos, además, de que para Soto no hubo justicia después de este episodio, su ex no tuvo condena, y ella sufrió los impactos del acoso: hostigamiento callejero, depresión, ansiedad. Soto buscó terapia, y luego siguió viviendo tratando de no pensar en el asunto. Hasta ahora. Vásquez continúa: “¿que se siente ser la puta del país?”. Luego, el video de YouTube es retomado por un sinnúmero de medios de comunicación como la gran ‘chiva’ periodística.

Debería darles vergüenza a los medios y especialmente a Vásquez (que se disfraza de drag para atacar con misoginia a su entrevistada) revictimizar a una mujer inocente en público para ganar clics. Soto no merecía que la obligaran a hablar en cámaras de un evento traumático, es una mujer sobreviviente de un ataque de género y su intimidad debe ser respetada. El porno de venganza no es un chiste, ni una nota roja, es un problema mundial del que somos víctimas especialmente las mujeres, es un ataque a nuestra moral sexual, y un peligro latente que enfrentamos todas hoy en día. De nada tiene que avergonzarse Ana Karina Soto, ni le debe a nadie una explicación. Lo que se merece Soto es que le pidan, como mínimo, una disculpa. El periodismo está para darle dignidad a la voz de las víctimas, no para violar la vida privada de los ciudadanos, ni para revictimizar morbosamente a las mujeres.

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