Milagros tardíos

Columna publicada el 26 de septiembre de 2015 en El Heraldo

Con la reciente visita del papa Francisco, los medios se han esmerado en divulgar las palabras de este líder religioso “del Siglo XXI”, tolerante y abierto, liberal, que dijo que “Si una persona es gay, y busca a Dios, y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”. Este año, Francisco también concedió a los sacerdotes la “facultad para perdonar” el “drama moral” de las mujeres que abortan.

A simple vista, esto nos habla de un cambio en la Iglesia Católica. El problema es que el progresismo de Francisco no aplica en el interior de la Iglesia, en donde se tolera el cambio de lenguaje siempre y cuando no haya un cambio estructural de políticas. El primero de septiembre, la Coalición Nacional de Monjas Americanas (estadounidenses), NCAN, le dirigió una carta al Papa diciendo que sus declaraciones sobre el aborto nada tenían de afirmativas porque “1. No respeta la autoridad moral de las mujeres para tomar decisiones sobre su aparato reproductivo; 2. Sigue asumiendo que estas decisiones son pecaminosas; 3. No reconoce que los espermatozoides de los hombres produjeron estos embarazos no planeados; 4. Solo resalta el hecho de que las mujeres deberían ser elegibles para todos los sacramentos y 5. Perpetúa la práctica de hombres decidiendo qué es lo correcto y justo para las mujeres”. La claridad de las monjas muestra que el discurso liberal de Francisco sigue siendo de dientes para afuera. En el Congreso estadounidense, el discurso reciente del Papa fue bastante conservador en lo que se refiere a los derechos sexuales y reproductivos, habló literalmente de proteger la vida “en todas sus etapas” y a las monjas opositoras que se hicieron presentes les dedicó un “I love you”.

Quizás los verdaderos impactos del discurso del Papa se notan fuera de la Iglesia. Su encíclica sobre el calentamiento climático era necesaria para convencer a los pocos creacionistas que aún dicen que el calor es por la venida del Apocalipsis. En su discurso ante los estadounidenses esbozó una doctrina de política exterior que implica diálogo entre enemigos y el rompimiento de inercias históricas, y fue enfático al hablar de flexibilizar políticas migratorias, algo que enfureció a los republicanos. Por otro lado, su mensaje en La Habana en favor del proceso de paz fue un espaldarazo importante, y su negativa de visitar México fue muy significativa: no le permitieron realizar una misa en la escuela Normal de Ayotzinapa, y por eso canceló su paso por el país.

Las palabras del Papa son culturalmente importantes para países mayoritariamente católicos como los latinoamericanos. Sin embargo, de la agenda progresista, Francisco toma solo los temas que ya están por demás superados en una agenda laica hace más de treinta años, es decir los fáciles. En cambio, aunque sus feligreses entorpecen activamente el avance de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y de la población LGBTI, sus declaraciones en estos temas son tibias, y no vienen acompañadas de cambios estructurales y poco revierten el daño de dos papados conservadores que dominaron la mitad del siglo XX. Las palabras del Papa tienen el potencial de generar un cambio cultural que nos lleve a una sociedad realmente garante de los derechos humanos. Es una lástima que su “amén” sea más un “así fue” que un “así sea”.

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