Cirugías estéticas ilegales

Columna publicada el 3 de octubre de 2015 en El Heraldo

Hace unos días murió en Barranquilla Angie Mendoza, de 23 años, tras un procedimiento estético irregular de aumento de glúteos, en un centro de estética ilegal en el barrio Porvenir. Quienes realizaron el procedimiento literalmente dejaron a Mendoza tirada en el hospital, donde murió. Dijeron que estaba “descompensada”. En estos momentos hay orden de captura contra Erika Ordóñez, profesora de cosmetología en una escuela de estética en Barranquilla, dueña del negocio ilegal y que, al parecer, fue quien llevó a Mendoza al hospital, disfrazada de enfermera.

La cirugías estéticas ilegales son un problema creciente en toda Colombia (y el mundo). En los últimos años se han registrado casos en Cali, Medellín y Bogotá. De acuerdo con la Secretaría de Salud de Barranquilla, en la ciudad solo tienen licencia para realizar procedimientos quirúrgicos estéticos 15 clínicas, sin embargo, los anuncios de clínicas que prestan ese servicio son de lo más común, lo que de entrada debería causar sospecha.

El Concejo de Medellín ha debatido públicamente desde hace casi diez años el fenómeno de la cirugía plástica ilícita en la ciudad. En el debate se ha señalado que muchas veces médicos estéticos se presentan como cirujanos plásticos, cuando no están autorizados ni capacitados para hacer intervenciones quirúrgicas, y que la única sustancia autorizada para inyectarse en el cuerpo es la propia grasa. En 2014, el personero de Medellín, Rodrigo Ardila, recibió 19 quejas por presuntas irregularidades en procedimientos estéticos, y estas fueron remitidas a la Fiscalía, la Seccional de Salud y el Tribunal de Ética Médica, pero en ese año no se reportaron sanciones. De hecho, un artículo de el periódico El Colombiano en ese año denuncia que, pese a la citación del Concejo de Medellín al debate, ningún miembro del Tribunal de Ética Médica se hizo presente. Según datos de 2015, a la Clínica de la Universidad Bolivariana de Medellín llegan cada mes entre tres y cinco mujeres en grave estado de salud, por procedimientos estéticos ilegales. Las autoridades no han sido capaces de contener el problema pues muchas veces sus intervenciones se reducen a verificar los documentos de estas clínicas de garaje, en donde los falsos cirujanos aparecen como ayudantes de cirugía cuando en realidad son los que operan. Por otro lado, establecer la responsabilidad médica en estos casos es difícil, pues entre los peritos de Medicina Legal no se cuentan cirujanos plásticos que puedan participar en los juicios.

Una práctica recomendada es que las mujeres revisen el nombre del cirujano en la páginawww.cirugiaplastica.org.co, en donde hay registros de los médicos autorizados para estas intervenciones. Pero debemos recordar que quienes tienen la obligación de vigilar y controlar estas prácticas son los organismos arriba citados, y no las mujeres que pasan de clientes a víctimas. Muchos culpan a Angie Mendoza por su muerte: escogió mal, era muy vanidosa, no se aceptaba “como era”. Pero debemos recordar que esa necesidad que sienten las mujeres de cambiar su cuerpo suele ser creada por toda la sociedad en su conjunto. Todos somos culturalmente responsables.

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