Por el derecho a amamantar en público

Columna publicada el 10 de octubre de 2015 en El Heraldo

A propósito del mes de conciencia sobre el cáncer de seno, la revista Fucsia hizo un especial sobre las tetas, incluido un artículo sobre la lactancia, sobre cómo muchas mujeres se niegan a esconderse en un baño para darle pecho a sus hijos. La portada, por supuesto, muestra a una mujer –Cristina Warner– amamantando, en una hermosa imagen del reconocido fotógrafo Ruven Afanador. Paradójicamente, el jueves en la noche, cuando iban a enviar la revista a circulación, la cadena de Almacenes Éxito les informó que no se podía poner en las góndolas de los supermercados así, porque tenía “contenido sexual explícito”, que hay una supuesta ley que prohíbe este tipo de imágenes en los supermercados y que “esa portada debía circular con una solapa que tapara el seno”. Ante la perspectiva de que la revista no circulara, la editora jefe, Angélica Gallón, aceptó sacarla con una bolsa con una franja que cubría la imagen del pezón. El viernes, Almacenes Éxito decidió que “la revista no afecta la moral de nadie” y accedió a distribuirla sin censura, pero alcanzaron a hacerse evidentes los prejuicios absurdos que rodean al tema de la lactancia.

Este es un problema más amplio que los prejuicios de Almacenes Éxito. Por ejemplo, no se puede subir la revista a iTunes porque sus políticas no permiten subir “contenido sexual”. Todo esto muestra lo brutalmente injustos que somos con las mujeres que están amamantando. Una sociedad en la que es tabú sacarse una teta en público para darle de comer a un niño no les pone las cosas fáciles a las mujeres.

Cuando las mujeres estábamos obligadas a ser amas de casa sacarse una teta en la alcoba no tenía problema alguno. Pero las mujeres hoy, y especialmente en Colombia, donde hay tantas madres solteras y cabezas de familia, trabajan, y por eso deben intercalar su vida profesional con la maternidad. Esto, entre muchas cosas, implica tener que amamantar a sus bebés cuando están en la calle, o en el trabajo, y entonces les toca escoger entre soportar las miradas de reprobación y hasta lascivas de las personas o ocultarse en sucios baños públicos, esconderse y avergonzarse de algo que debería ser natural. He oído historias de amigas ejecutivas que tienen que encerrarse en un cuartito de la oficina para exprimir la leche con una aparatosa máquina de tubos y chupas como soñada por la ciencia ficción. Amamantar es incómodo y “se ve de quinta”, y las mujeres que trabajan (en todas las clases sociales) tienen muy difícil ese malabar. Nuestra sociedad les exige a las mujeres dar pecho, pero si no lo hacen las juzga por ser malas madres. Al mismo tiempo, tampoco facilita espacios ni revisa los prejuicios que obligan a las mujeres a esconderse para hacer algo que no solo es natural, deseable y necesario; también es moralmente inofensivo. Como dice Gallón: “Si no lo podemos ver en una portada de revista, ¿cómo vamos a lidiar con eso en la vida real? ¿Es acaso el seno solo un lugar de construcción machista que lo llena de referencias sexuales? ¿No es acaso la fuente fundamental de la vida? ¿Por qué tanto misterio con unos senos que amamantan?”.

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