“Maluca”

Columna publicada el 17 de octubre de 2015 en El Heraldo

“Tantas mujeres hermosas y vinieron a escoger a esa maluca”, dijo el senador Musa Besaile Fayad, del Partido de La U, ante más de 3.000 espectadores, refiriéndose a Noris Hernández, candidata a la Alcaldía de ese municipio y adversaria de Rodrigo Pérez, el aspirante que respalda el congresista. Hernández es artesana, nacida en el corregimiento Nueva Estrella, de Tuchín. Fue concejal de ese municipio en el periodo 2008-2011.

También ha estado en las mingas indígenas y demás movimientos que se han realizado en esa zona de Córdoba y Sucre, y además trabaja por la igualdad de género. “Siento que no solo me ofendió a mí, sino a todo el pueblo zenú que lo respeta y acoge como cordobés y como senador de la República”, dijo Hernández.

A pesar de que su comentario fuera de un sexismo y racismo tan evidentes, el gamonal y zar de votos Musa Besaile no ha pedido disculpas. En entrevista con Félix de Bedout afirmó que ha sido “malinterpretado”. Pero, no senador, todos los escuchamos muy bien, y no hay ambigüedad alguna sobre la intención de sus palabras. Tendríamos que empezar por decir lo obvio: que ser fea o bonita en nada afecta las calidades de una candidata, y que sí, su comentario es sexista, porque usted no anda por ahí hablando de la apariencia física de sus colegas hombres. ¿Diría Musa Besaile que, por ejemplo, Santos es “bonito”? No, jamás. Los machos como él no hablan de la apariencia de otros hombres por un miedo –ridículo– a ser tildados de homosexuales (así de frágil es su masculinidad).

El juicio estético de Musa Besaile es racismo del más simple y poderoso. Aunque rechazamos el enunciado en la boca de un senador, los colombianos hacemos este tipo de juicios todo el tiempo. En Colombia, la belleza se asocia con rasgos de la raza blanca: bonita es la rubia, de nariz respingada, la de ojos claros. Cuando una mujer de rasgos indígenas o negros es considerada atractiva, antes que “bella” se le dice “exótica”. De las Miss Colombia que excepcionalmente se alejan de este canon, como Vanessa Mendoza o Paula Andrea Betancourt, decimos que son una especie de “Barbies étnicas”. Esto no es un problema de gustos, es un asunto de poder: son los blancos los que siempre han dominado este país, primero los chapetones, y luego los criollos (que eran los mismos pero descastados porque nacieron acá) y desde entonces nuestra clase dominante sigue teniendo los mismos rasgos físicos (y hasta los mismos apellidos). Por eso, desde la Colonia, las familias colombianas han buscado el “blanqueamiento” de la siguiente generación, que opera como una forma efectiva de movilidad social. Estos juicios estéticos no solo mantienen el poder en las mismas manos, también son testimonio de un complejo endémico que desemboca en una suerte de xenofilia, y por eso nos deslumbramos tan pendejamente con apellidos europeos.

Este país no cambiará hasta que el acceso al poder sea para todos, pero nuestros juicios sobre la belleza son un sutil y efectivo obstáculo para lograr la democratización de este poder. Y lo más trágico: ¿cómo vamos a plantear buenas políticas públicas desde la negación, el rechazo y la vergüenza frente a la naturaleza mestiza de nuestros propios cuerpos?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s