Tolerancia

Columna publicada el 24 de octubre de 2015 en El Heraldo

Yo no le eché gasolina a la casa, ni a ella ni a los pelaos. Tampoco los maltraté, lo único que yo hice fue prender el colchón y fue afuera de la casa”, declaró Federmann Carrillo. En la primera versión del incidente se dijo que el hombre había rociado con gasolina a su esposa, Katty Milena Reyes, y a sus tres hijos. En la foto que acompaña el artículo se puede ver la huella del colchón incinerado sobre el pasto. “Yo salí con los niños y llamé a la Policía y se lo llevaron, él ni a mí, ni a los niños nos echó gasolina”, dijo Reyes. “En ningún momento me golpeó ni a los niños, lo que quiero es que esto se arregle y que él vea por los pelaos porque yo no tengo a más nadie”, y añadió que “si de verdad” ella y los niños hubiesen sido agredidos, habría presentado cargos para encarcelarlo.

Esta noticia es paradigmática de cómo sucede la violencia doméstica. Para Reyes, una agresión sería un golpe directo a ella o a sus hijos, como si llegar borracho a sacarlos de la cama y quemar el colchón con gasolina no fuera un gesto dramáticamente violento e intimidante. Es violencia doméstica, simbólica, física y psicológica. Y no es que Reyes sea tonta o que no la pueda reconocer; como bien dice, necesita que su agresor esté libre para que la ayude con la manutención de sus hijos porque no tiene a nadie más.

Stybaliz Castellanos, la secretaria departamental de la Mujer, afirmó al respecto que “Matar a las dadoras de vida no es una opción, rechazamos con toda contundencia ese tema, hay otras salidas, hay la posibilidad de rescatar los hogares con la tolerancia”. Esta es una afirmación problemática por dos razones: la primera es que eso de “dadoras de vida” insinúa que el valor de la mujer está en su capacidad de parir. Lo segundo, más preocupante, es que la funcionaria sugiere que la violencia intrafamiliar es solucionable pues hay que “rescatar los hogares con tolerancia”. Un hombre que es violento con su familia está cometiendo un delito, y la prioridad de las autoridades no debe estar en “rescatar” el hogar sino en garantizar seguridad a la mujer y al resto de la familia. Si el tipo maltrata a su familia ese no es un hogar. Además, una situación como esta no se soluciona con “tolerancia”, necesita la intervención de las autoridades y el repudio social, es, de hecho, una situación intolerable.

La violencia doméstica es un problema de salud pública, y nos implica a todos. El Estado debe garantizar a las víctimas condiciones seguras para escapar del abuso, que van desde apoyo psicosocial hasta soluciones prácticas que les permitan a las víctimas construir autonomía e independizarse de su agresor. Debemos entender que la violencia doméstica viene acompañada de un acoso sistemático que genera una dependencia psicológica y económica, y que impide a las víctimas reconocer el peligro inminente al que se enfrentan. Son muchas las mujeres en el Caribe que enfrentan lo mismo que Reyes, quizás de manera menos escandalosa, menos espectacular. ¿Cómo van a pedir ayuda cuando, ante un caso tan evidente, las autoridades competentes no parecen capaces de tomar acción inmediata, y en cambio, le sugieran a las víctimas un poco de tolerancia?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s