Cirugía con un sable

Columna publicada el 31 de octubre de 2015 en El Heraldo

Hace años los barranquilleros nos ufanábamos de tener una ciudad tranquila y feliz. Fue sorprendente que la brutal violencia del narcotráfico fuera mucho menor en Barranquilla. Sin duda, tuvimos miedo, pero no fue nada comparado con lo que vivieron Bogotá, Cali o Medellín. En tiempos de La Violencia, con mayúsculas para diferenciar el periodo de la violencia perpetua que ha tenido Colombia, Barranquilla fue un remanso. Al punto que, en 1950 y 51, mientras en otras ciudades del país se hablaba del “corte de corbata”, aquí se publicaba la revista Crónica, y los intelectuales podían darse el lujo de hablar de deporte y literatura, de irse a tomar y conversar a La Cueva, dando origen al modernismo colombiano.

Por eso, al principio fui escéptica ante las historias de atracos en Barranquilla. No fue sino hasta que, en vísperas de Carnaval, un tipo en una moto le sacó un arma a mi mamá para robarle la billetera y el celular. Eran las siete de la noche en el barrio Boston. La cosa no pasó a mayores, pero nos quedó claro que ahora en Barranquilla toca “cuidarse”. Esa sensación de inseguridad fue uno de los motores del voto para la Alcaldía, y, cómo no, todas las campañas para la Alcaldía lo capitalizaron. Días antes de su elección, el electo alcalde Char dijo que “si la Policía no puede garantizarles la seguridad a los barranquilleros, pediré al Ejército que salga a las calles a ayudar”.

La declaración dio para un titular en este periódico, y seguro que agradó a muchos barranquilleros, pero a mí me preocupa profundamente. El mismo Char explicó que “muchos policías cumplen su labor, pero hay otro problema, ellos capturan, los llevan a la justicia y los sacan por vencimiento de términos u otras razones”. Es decir, nuestro sistema de justicia no da abasto: los detenidos se liberan rápidamente y, si llegasen a ser convictos, no caben en las cárceles; nada más hace un año se incendió la Modelo, que estaba sobrepoblada.

La solución para la inseguridad en Barranquilla no está en llenar la ciudad de armas, Policía y Ejército. Quizás deberíamos mejor preguntarnos por qué en otros momentos de la historia del país, Barranquilla fue, por contraste, una ciudad segura. Y la respuesta no es tan difícil: teníamos calidad de vida. La mayoría de las personas no elige robar en respuesta a una maldad intrínseca, lo hace porque no hay otras oportunidades, y porque hay todo un contexto de violencia que genera otras violencias. En los últimos años Barranquilla ha recibido desplazados por la violencia y catástrofes naturales, desmovilizados, gente de toda la Costa que llegó a Barranquilla a buscar unas oportunidades que la ciudad no ha sido capaz de darles. Sin duda esa es la razón por la que muchos han caído en la delincuencia común. La seguridad que añoramos no vendrá con vigilancia y represión, sino con programas sociales, salud, educación, empleo formal y trabajo estable que aseguren bienestar económico. Es la única manera de mostrar resultados reales y sostenibles en materia de seguridad. Los ejércitos no están hechos para combatir el crimen común; eso es como hacer cirugía con un sable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s