Hace treinta años

Columna publicada el 7 de noviembre de 2015 en El Heraldo

Hace treinta años estaba en casa con mis abuelas en Barranquilla, triste porque era la víspera de mi cumpleaños, y mi mamá estaba de viaje en República Dominicana. Mis abuelas me tenían ocupada haciendo manualidades: la idea era que yo iba a ayudar a hacer las sorpresas de mi fiesta, armar las cajitas, llenarlas de dulces. Recuerdo que mi bisabuela salió de la cocina, corriendo, a prender el televisor del comedor, que era de perilla, blanco y negro. Se escuchó la voz de un locutor de noticias que paralizó la casa. Mis dos abuelas y Anita, la empleada doméstica, se acercaron perplejas al televisor. Mi abuela dijo que nos fuéramos a su cuarto, donde estaba el televisor a color en una mesita bajo la ventana. Tras ajustar las antenas empezaron a verse llamas en la pantalla. Yo recuerdo con toda claridad esta imagen de las llamas que dejó a mis abuelas estupefactas y calladas.

A la mañana siguiente, la edición de El Tiempo del 7 de noviembre de 1985, titulaba “No negociaremos: el Gobierno”, y debajo los puntos clave: “Devastador incendio en la edificación; Confusos informes sobre víctimas; Retenidos varios magistrados; Se combate piso por piso; Dramático pedido del presidente a la Corte; Desde España, M-19 anuncia guerra total; Cámara y Senado repudian el atentado; Recién indultado uno de los asaltantes”. En la segunda página, junto a la programación de televisión –que se mantenía intacta–, el crucigrama, los anuncios promocionando viajes a San Andrés, o prometían detectar un embarazo, o resolver una enfermedad venérea, estaban las fotos de los magistrados. “A las once y media de la mañana uno de nuestros redactores logró en forma difícil comunicarse telefónicamente con la secretaria general del Consejo de Estado, en busca de información. Contestó una voz que le era desconocida al redactor judicial y pidió que le pasara a una empleada; respondió que era imposible y hablaba una guerrillera del M-19”; “La Plaza de Bolívar: ¡Un campo de batalla!”, bajo una foto de soldados y tanquetas; la ministra Noemí Sanín pide prudencia a los medios; “Reyes Echandía sale de su mutismo y grita: No he podido comunicarme con el presidente… y nos van a matar. Están como a 20 metros, dice y vuelve a cortarse la comunicación”; “Millos empezó con lo justo”; se estrenaba una película de Mr. T: Penitenciaría, y en portada de la sección 1C, las fotos de las reinas en vestido de baño: Guajira, Antioquia, Atlántico, Santander y Magdalena eran las favoritas, y estaban patrocinadas por Max Factor.

Mi generación creció con la firme intención de ser apática frente a la política. Supongo que aunque no entendiéramos las noticias, podíamos sentir el miedo que venía del noticiero de las siete. Creo que, afortunadamente, esto ha cambiado, y que en Colombia finalmente entendimos que el pasado no va a desaparecer si nos hacemos los locos. Los esfuerzos de construcción de memoria sobre la toma del Palacio de Justicia nos prevendrán de volver a pensar, así sea por un instante, que hay alguna justificación en la vía armada. El posconflicto colombiano se construye manteniendo viva la memoria de nuestros momentos más violentos. La paz se construye recordando.

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