Miércoles!

Columna publicada el 28 de noviembre de 2015 en El Heraldo

Sin duda, en los últimos años hemos notado un cambio favorable en este periódico hacia los derechos de las mujeres, la comunidad LGBTI, y otros grupos minoritarios que son discriminados en la Región. Es un cambio que influye positivamente para construir un Caribe menos violento, y es importante reconocerlo. Sin embargo, la semana pasada se publicó un texto muy desafortunado, y como pienso que la crítica es mejor hacerla desde casa quiero comentarlo en mi columna, sin que ello demerite los esfuerzos del periódico para construir una sociedad más justa y respetuosa de los derechos de todos.


El miércoles de esta semana fue el Día Mundial de la Concientización y Sensibilización sobre la Violencia Contra las Mujeres. Ese mismo día, la emblemática revista Miércoles! cumplió 34 años e hizo una edición especial. En la columna editorial de la revista, el editor jefe de EL HERALDO, Iván Bernal, nos explica que los hombres costeños tuvieron una primicia: que las mujeres costeñas somos un recurso natural y de exportación, una “joya”, como las esmeraldas, pero mejor, porque somos renovables. Por supuesto, nosotras no nos descubrimos. Nos descubrieron ellos, que son quienes nos miran, pues somos un adorno del paisaje que les alegra la vida, un tesoro que se hace evidente cuando jóvenes modelos exhiben su cuerpo en situaciones tan ridículas como la de una portada con chica en bikini junto a un árbol de Navidad. Resulta que la belleza de nuestros rasgos físicos es “un factor determinante más allá del ímpetu y la gracia”, que estamos para que se admiren nuestros contornos (¿no nuestros logros?), que  “doblegan” a los hombres. Como quien dice que en la Costa no hay lesbianas, ni mujeres trans, y que los pobres hombres no son personas pensantes, sino animalitos que caen vencidos frente a ciertas imágenes, o como dice Bernal “estrechamente dependientes del aparato visual” –por no decir “ojos”–.

Dice Bernal que le preocupa lo que digan “sus amigas feministas” (¿yo?) y declara que la motivación de los hombres son las sonrisas de las mujeres bellas. Porque ya saben, ellos hacen, nosotras motivamos, somos las que ayudamos a “sobrellevar la vida”, no las que la viven. Somos las musas, pero nunca las artistas o las creadoras. Y ya los veo diciendo que llegó la tiranía feminista a decirles que no pueden tratarnos como objetos decorativos, ¡qué horror! Para que les quede claro, bonitas somos –de muchas maneras, no solo a la manera de las Chicas Miércoles– pero, antes que paisajes, somos personas. Quizás ustedes –hombres– no lo entienden porque no pasan sus vidas definidos por sus cuerpos. Nadie escribirá una columna dilucidando si el editor de EL HERALDO es bonito o feo, ni depende de sus rasgos físicos para conseguir amor o trabajo. No están sometidos a eso que en inglés se llama male gaze, o “la mirada masculina”, que obliga a las modelos, por ejemplo, a comer helados como si fueran falos o, en general, a ir por la vida tratando de ser una imagen que logre agradarles. No crean, por favor, ni por un minuto, que reducirnos a un objeto es una forma de piropo. Un piropo es algo agradable que se dice a la cara de alguien conocido, con respeto y con la intención de animar; no el comentario no pedido de un hombre que –quizás alentado por Miércoles!– se siente con derecho a comentar nuestros cuerpos. Y sí, esto es grave, porque tanto el que nos grita por la calle como el que nos mata parten de la misma premisa: que somos solo un cuerpo que está ahí, a su disposición. Feminicidio y acoso callejero parten de la misma ecuación mental, aunque el primero sea la forma más evidente y espectacular del machismo. No hay concientización ni sensibilización sobre la violencia contra las mujeres si el periódico más leído de nuestro Caribe saca un texto alentando la objetualización de las mujeres caribes (y es que el editorial ni siquiera es sobre las mujeres, es sobre “la belleza”).

Por demás, es hora de decir en voz alta que la revista Miércoles! es anacrónica, que no tiene sentido esa publicación en el siglo XXI, cuando las mujeres ya logramos ser reconocidas como seres humanos, y que llegó la hora de que se muera de vieja.

 

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