Caras de la moneda

Columna publicada el 30 de enero de 2016 en El Heraldo

Pronto entrará en circulación una nueva familia de billetes que buscan destacar elementos culturales y paisajes de la geografía colombiana y a diferentes personajes del país. En el billete de $100.000 estará Carlos Lleras Restrepo, en el de $50.000 García Márquez y la Sierra Nevada de Santa Marta, en el de $20.000 Alfonso López Michelsen y, aunque los de mayor denominación vienen con cara de hombre, en los de $2.000 y $10.000 se incluye a dos colombianas maravillosas y muy importantes para la historia del feminismo en Colombia: Virginia Gutiérrez y Débora Arango.

La antropóloga y etnóloga Virginia Gutiérrez nació en El Socorro, Santander, en 1921; estudió en el Instituto pedagógico Nacional y luego se fue a la universidad de Berkeley. Gutiérrez hizo estudios académicos en etnografía indígena, sobre la familia y la antropología médica y fue pionera en introducir la categoría de género en su análisis. Su trabajo sobre la transformación de los papeles de la mujer y su impacto en la estructura de la sociedad colombiana, o sus análisis sobre control natal y su influencia sobre la mentalidad femenina, fueron pioneros en el debate académico nacional. Virginia Gutiérrez fue una de las académicas más importantes de Colombia y estuvo dando cátedra casi hasta el final de su vida. Murió en Bogotá en 1999.

En el billete de $2.000 aparece la valiente pintora Débora Arango. Las pinturas expresionistas de Arango eran políticas, transgresoras, polémicas, rebeldes, en suma, una dura crítica a la sociedad colombiana y a nuestra idea de nación. Sus personajes eran obreros, monjas, prostitutas, mujeres relegadas. Fue la primera pintora colombiana en atreverse a pintar desnudos, y estos no eran los desnudos cualquiera, los suyos eran mujeres en medio de desgarradores partos, o dando gritos agresivos contra el espectador. Cuando su obra, Cantarina de Rosa, ganó el primer premio en el concurso del Club Unión de Medellín, la sociedad de la época repudió su obra diciendo que era impúdica, sórdida y pornográfica, y tuvo que autoexiliarse en España. ¿Qué hubiese opinado Arango de verse hoy como la cara de un billete, celebrada por la misma sociedad que un día la repudió? Quizás habría estado complacida de aparecer en el billete de menor denominación, el más manoseado por los personajes de sus cuadros.

Cada país cuenta su historia en sus billetes. Estas elecciones no son triviales, literalmente narran a qué se le da valor en un país. Hasta ahora, solo habíamos tenido dos mujeres en nuestros billetes: una mujer indígena sin nombre (¿ven la ironía?) y gran independentista Policarpa Salavarrieta. No deja de ser paradójico que la  nueva familia de billetes incluye entre los símbolos patrios a dos mujeres que vivieron para estudiar y criticar nuestra sociedad. Es grato saber que gracias a los billetes, muchos conocerán su historia y tendremos el orgullo de contar entre nuestros héroes a estas agudas y tenaces mujeres colombianas.

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