La ciudad de los hombres

Columna publicada el 2 de febrero de 2016 en Sin Embargo.

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La semana pasada rodó por las redes sociales una foto de los asistentes a la promulgación de la reforma política que cambia el estatus de “Distrito Federal” de la ciudad, que de ahora en adelante se llamará “Ciudad de México”. La foto fue tristemente célebre porque era un rotundo “Club de Tobi”: 16 hombres de traje sentados a la mesa.

Gracias a un blog de Tumblr que se hizo popular el año pasado por criticar los páneles y conferencias de solo hombres (All Male Panels) y su versión mexicana, el Club de Tobi, se aceptó de manera rotunda y popular esa crítica feminista de toda la vida que reza que los hombres monopolizan las voces de autoridad, los micrófonos y cualquier forma del discurso público. Como ahora está mal visto hay muchos que evitan las mesas de solo hombres para no pasar la vergüenza, pero sin detenerse a pensar o sin siquiera estar de acuerdo con los problemas que implica un Club de Tobi. La excusa de siempre es que “no había” mujeres que pudieran hablar del tema (·es que las mujeres solo hablamos de temas de mujeres·) o que lo que pasa es que ·somos muy tímidas o apocadas y por eso no gusta hablar en público·.

Sin embargo, en el Club de Tobi fundacional de la Ciudad de México no había manera de dar esa excusa porque ninguno de los señores que está ahí sentado es opcional, todos son jefes, cabezas, líderes, son la más alta encarnación del poder en la ciudad más poderosa de México. Y son todos hombres.

Significa que este Club de Tobi en particular lleva un buen rato construyéndose. Imagínense cuantas decisiones, nombramientos, sobornos, palancas, llamadas, favores, firmas tuvieron lugar para sentar a esos señores, todos cisgénero en apariencia, todos con el mismo corte de pelo, el mismo color de piel, y la misma morfología genital entre sus piernas. Pongámosle un pie de página que diga “Anatomía del poder”.

Los miles de retratos de señores como estos firmando papeles y declarando cosas -lienzos, murales, grabados- con los que cuenta el arte mexicano, reiteran la importancia de estas imágenes. Patria y fetiche. Por eso, esta foto no es cualquier cosa, marca el valor performativo de este evento público, y el gobierno mediático de Peña está muy consciente. Lo que no ven es que en el evento no solo no hubo mujeres, no hubo nadie que no fuera del gobierno, ninguna discusión con la ciudadanía, ningún proceso social.

Al promulgar la Reforma, Peña Nieto, aseguró que hoy concluye un proceso histórico que es “triunfo del diálogo y de la democracia, pero sobre todo, es un triunfo de los habitantes de la Ciudad”. ¿De cuáles habitantes? Pues es muy claro, solo un tipo de habitante está sentado en esa mesa. Luego como si un genio de la ironía le dictara sus palabras dijo “Así se escribe la historia, con determinación, con responsabilidad y visión de futuro ”. ¿Qué personas aparecen en esa visión de futuro? Pues ya lo saben, un muy específico tipo de hombre.

Lo más miedoso de todo esto es que lo que sigue es armar una Asamblea Constituyente que redacte la nueva declaración ontológica de la ciudad. ¿Alguno de estos señores puede garantizarnos que en esa selección sí habrá diversidad real, tanto de personas como de intereses, agendas y proyectos políticos? Seguro que eso está garantizado en alguna ley porque si no qué oso, pero, miren de nuevo la foto, piensen en que ellos ni se dieron cuenta de que hacían un Club de Tobi, ¿cómo nos van a garantizar diversidad?

Luego ya para desternillarse de la risa Mancera dijo que “Debemos lograr que la Ciudad de México tenga una Constitución moderna y de avanzada que bien pudiera servir de inspiración para avivar el debate por una nueva Constitución para nuestro país”. Avanzadisima pero eso sí, escrita por hombres y pensada para hombres, igualito que en 1917.

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One comment

  1. Una nueva Constitución se justifica cuando el lugar en cuestión ya está “constituido” de una forma distinta a cuando se creó la primera.

    Sin embargo, si seguimos teniendo los mismos vicios y el poder político lo sigue ejerciendo el mismo anticuario de dinosaurios (machos, por supuesto), ni al caso vendría una nueva Constitución.

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