Carnaval y paz

 Columna publicada el 6 de febrero de 2016 en El Heraldo.

Conocemos muy bien el génesis de la Batalla de Flores. Entre 1898 y 1902 la organización del Carnaval fue suspendido debido a la Guerra de los Mil Días. El festejo popular continuó ininterrumpido, pero se cancelaron todos los bailes “oficiales” del Carnaval. En 1903, para celebrar el fin de la Guerra, el general Heriberto Vengoechea decidió organizar una “batalla”, pero de flores, y así hacer una celebración de paz desde el ingenio y la ironía propia de las carnestolendas. La Batalla de Flores se convirtió en un ritual de posconflicto y en uno de los primeros gestos colectivos de construcción de paz en Colombia.

Los barranquilleros siempre repetimos que Barranquilla es un remanso de paz, una ciudad que, de rara manera, ha sido afectada con tanta intensidad por las varias oleadas de violencia en Colombia. Muchos explican esto desde un mito: que es por el Carnaval que la ciudad es tan pacífica, que los barranquilleros somos tan cuidadosos de nuestra fiesta que nos inmunizamos ante la violencia y que en carnavales hasta los malandros andan de fiesta. Cierto o no, esto no sucede por arte de magia, implica una suma de esfuerzos individuales por hacer de Barranquilla una ciudad más pacíficas (al menos durante cuatro días).

Según el comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, el brigadier general Gonzalo Londoño, no hubo homicidios el viernes de Guacherna: “El año anterior hubo un homicidio. Este año aumentaron las riñas por intolerancia y el consumo de licor y los hurtos. Ocho armas de fuego fueron incautadas y 28 personas fueron capturadas por diferentes delitos”, informó el oficial. Me inquieta tremendamente eso de “riñas por intolerancia”. ¿Qué es eso que no toleramos los barranquilleros que puede llegar incluso a aguarnos el Carnaval? La tolerancia es el vértice moral de las carnestolendas; no podemos hacer una fiesta en la que nos burlamos de todos y nos vamos a ofender.

Por su parte, la policía barranquillera tiene que cuidar al máximo su comportamiento durante las fiestas. Al final de la Guacherna el Esmad intervino con gases lacrimógenos pues parece que un grupo de personas lanzó botellas a la multitud. Obviamente está mal que lancen botellas, pero ¿no tendríamos que diseñar estrategias alternativas para controlar estos disturbios sin espantar a todos con el Esmad? Tenemos que pensar que cualquier gesto violento por parte de la fuerza pública es doblemente violento durante el Carnaval. El Carnaval puede ser un escenario para ensayar estrategias para fortalecer a la ciudadanía y para aprender a mediar entre nosotros. Que el inmenso capital cultural de nuestro Carnaval sirva a toda Colombia como un modelo para la construcción de paz.

Pata: Un saludo pechichón a la ‘Puntica No Ma’ y a su capitana de este año Mar Velilla. Desde México, todo mi amor para los punteros que este año van a iluminar la Batalla con su creatividad. Puntica: ¡qué rica estás!

 

 

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