En silencio

Columna publicada el 12 de febrero en El Heraldo.

¡A pagar por la música en los buses!, anuncia Sayco-Acinpro, que acaba de sacarse de la manga una nueva manera de lucrarse de nosotros. Resulta que en Colombia, y esto lo sabemos desde hace rato, el marco de ley para derechos de autor es un desastre. Por ejemplo: nuestra ley no permite prestar libros sin autorización expresa del autor. Esto hace de las bibliotecas gigantescos emporios de la piratería que caerían como un castillo de naipes si alguien quisiera demandarlas. En 2010, le llegó una carta del programa de Piratería de Obras Cinematográficas a la biblioteca de los Andes pidiendo un montón de plata para legalizar el préstamo de las películas. Hoy no pueden sacarse de esa biblioteca y solo pueden verse en grupos de máximo seis personas.

Esto quiere decir que la ley está a favor de Sayco-Acinpro cuando les pide a las empresas de transporte de pasajeros pagar por la música que suena en sus vehículos, así sea radio, y recordemos que las emisoras ya le pagan derechos a Sayco-Acinpro por poner la música. Esto se fundamenta en un artículo absurdo que señala que “la ejecución pública, por cualquier medio, inclusive radiodifusión, de obra musical con palabras o sin ellas, habrá de ser previa y expresamente autorizada por el titular del derecho o sus representantes”. La ley es de 1982, y a Sayco-Acinpro le tomó más de 20 años en hacerla efectiva. ¿Será porque están ganando menos plata, gracias a la evidente crisis del sistema de lucro en materia de derechos de autor?

Sayco-Acinpro siempre dice que lo hace por los artistas, que viven de lo que esta organización cobra. Uno no se explica, entonces, cómo es que tanto compositor e intérprete se muere de hambre en Colombia. Fernán Martínez en El Tiempo lo pone así “100 dólares de regalías, la sociedad de gestión saca de esa suma, por costos de mantenimiento y operación, un 7,5 por ciento del bruto recaudado. De los 92,50 dólares que sobran, la mitad (46,25) van para el autor por derechos de ejecución, y la otra mitad, para la editorial o publishing, que a la vez saca su porcentaje según el acuerdo con el autor (entre el 10 y 50 por ciento) y el resto se lo envía al autor”. Pero no todos los autores cobran ni saben que deben cobrar. Además, Sayco-Acinpro es poco transparente con esta información (otras sociedades de autores publican abiertamente sus cuentas).

Cada vez es más claro que quienes ganan con este sistema de derechos de autor son los intermediarios y no los autores. Además, la mayoría de estas leyes son del siglo XX y no contemplan los avances en materia de tecnología y distribución que tenemos hoy. Es urgente que revisemos nuestras leyes de derechos de autor para que realmente le den los derechos a quien toca: a los autores, y que no nos priven a los consumidores de acceder a la cultura y a la información. Comienza con el transporte público, ¿qué otros espacios empezarán a quedarse en silencio?

 

 

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