Blanco, dorado y negro

Columna publicada el 2 de marzo de 2016 en Sin Embargo.

El presentador Chris Rock habl en la ceremonia de los Oscar el domingo 28 de febrero de 2016 en el Teatro Dolby en Los Angeles. (Foto Chris Pizzello/Invision/AP)

El presentador Chris Rock habl en la ceremonia de los Oscar el domingo 28 de febrero de 2016 en el Teatro Dolby en Los Angeles. (Foto Chris Pizzello/Invision/AP)

Este año, otra vez, todos los 20 actores y actrices nominados a un Oscar fueron blancos. Además, todas las nominadas a mejor película contaban historias de blancos. Las críticas a los premios Oscar por racismo no se hicieron esperar y algunos actores, como Will Smith (que no fue nominado por su papel en Concussion, aclamado por la crítica) y su esposa Jada Pinkett-Smith anunciaron públicamente que no asistirían a la ceremonia. El asunto se volvió un gran problema de PR para los premios, que contrataron a Chris Rock, negro, como presentador.

Parecía bastante claro que Rock debía incorporar esta crítica en su discurso de apertura, que, necesariamente, tendría que hacer sentir incómodos a las y los blancos de la audiencia. Las cámaras estaban preparadas, e hicieron énfasis en grabar sus reacciones, o mejor dicho, sus no-sé-cómo-reaccionar. Y sí, Rock hizo varias bromas incómodas, dijo que Hollywood es racista, que los negros necesitan mejores partes en las películas, oportunidades. Peeeeero… otras bromas trivializaban la protesta por la blancura de los premios. Por ejemplo, dijo que le llamaba la atención que este año, en la edición número 88 de los premios, sí protestaran porque no hubiese nominados negros, cuando en otras, 71 ocasiones, nadie dijo nada. “¿Por qué nadie protestaba en el 62 o el 63? Porque teníamos problemas reales que motivaban la protesta, stábamos ocupados siendo violados y linchados como para preocuparnos por quién gana mejor cinematografía. Sabes, cuando tu abuelita está colgando de un árbol, es difícil pensar en el mejor documental extranjero.”

Básicamente lo que dijo es que hay razones legítimas para la protesta (que maten a los negros, o los violen) y otras no (pedir que no haya discriminación en lo simbólico y en la representación). Sin duda uno parece más “urgente que el otro”, salvo dos detalles: primero, que hoy, hoy todavía están matando a los negros por ser negros en Estados Unidos. Las protestas de Ferguson no se deben a una discriminación simbólica, sino a los muy reales muertos que ha cobrado la violencia policial en EU Solo que ya no los cuelgan de los árboles. Entonces, sí hay problemas reales que motiven la protesta por discriminación y violencia racial.

Pero, entonces, ¿por qué no protestar por eso y dejar a los Oscar ser lo que son, qué más dan los símbolos cuándo a los negros los matan? Para contestar esta pregunta es necesario preguntarse por qué, tantos años después, cuando todos nos pusimos de acuerdo en que la humanidad no depende del color de piel, a los negros los siguen matando. Y la respuesta tiene todo que ver con los simbólico. El racismo, de hecho, nace en lo simbólico. Ser racista significa que uno valora menos a una persona porque es negro, o parda, o trigueña, o cualquier color que no sea blanco. Dado que todos somos personas iguales, esta desigualdad, este desprecio, solo existe en lo simbólico. Desde lo simbólico vemos a los negros como un “Otro”: “violentos”, “furiosos”, “peligrosos”, “malandros”, “delincuentes” ¡disparo! Nuestras construcciones simbólicas tiene efectos palpables en la realidad.

Y, ¿qué es Hollywood sino una de las más poderosas máquinas productoras de símbolos de nuestros tiempos? ¿Qué pasa cuando los símbolos dominantes de nuestra cultura asocian lo virtuoso, lo heroico, lo bondadoso, con las historias de hombres blancos? Que, gracias a las historias, estos valores se encarnan en unos cuerpos, muy reales y muy específicos. En estas historias los negros, los latinos, las mujeres, y todas las minorías son personajes secundarios, que existen en función del héroe, el hombre blanco. La realidad no es muy diferente. Los ejemplos en términos de impunidad, violencia y acceso a la justicia son infinitos. Así que nuestras representaciones sí importan, y hasta que Hollywood no reconozca las historias escritas por, y encarnadas en negros (o mujeres, o indígenas…) no les daremos a estos grupos, en lo simbólico, el carácter de personas.

Además, las buenas películas hechas por personas que no son hombres blancos sobran, pero son ignoradas de manera reiterativa. Este año estaban Straight Outta Compton, Creed (en la que nominaron a Sylvester Stallone, el único actor blanco en una pelicula sobre la vida de un negro), y entre las actuaciones destacadas por la crítica estaban Idris Elba en Beasts of No Nation, y Will Smith en Concussion. Es decir, películas había, y es de suyo racista ese cuento de que solo los blancos pueden hacer buen cine.

La diversidad no se trata solo de incluir personas que no sean hombres blancos en la creación de nuestras narrativas, historias y símbolos, se trata de reconocer que los hombres blancos no tienen el monopolio de las buenas historias, se trata de que nuestras formas de arte reconozcan a todo el espectro de la humanidad.

No bastó con trivializar la protesta, Rock se burló de las cabezas más visibles: Will Smith, de quien hizo un chiste cruel: un video paródico en donde hace pensar que van a reconocer el trabajo de Smith en el Black History Month (mes de la historia negra) y termina honrando al actor, blanco, Jack Black (que traduce, Juan Negro). Y lo peor es que habría podido ser una crítica a la Academia, perfectamente capaz de hacer algo así, pero terminó siendo una crítica a Smith por quejarse del sistema. Chris Rock ha podido aceptar el trabajo de presentador y usar el espacio para realmente criticar desde adentro, pero terminó afirmando que el racismo de los premios Oscar no era tan grave como otras formas de racismo, y que estos eran los blancos más amables de todos: los liberales. Y además, que todo no tenía que ver con raza, ni con género “Todo no es sexismo, todo no es racismo.” El monólogo de Rock parecía gritar que lo negro no te quita lo statu quo, tenía como ese dejo triste que llega con la domesticación.

“¿Y qué importa? Son solo bromas. ¿Por qué tienen que ser políticamente correctas?” Por una razón sencilla: caerle al caído no es chistoso. Fomentar estereotipos que luego se traducen en violencia solo da para los chistes flojos. El humor no tiene una obligación moral, pero sí toca directamente nuestras simpatías y antipatías y en esa medida se hace testimonio sintomático de lo que consideramos moral o inmoral. Habrá a quien le parezca chistoso burlarse de las personas discriminadas critiquen el sistema y reclamen sus derechos. Otros preferirán reírse de los opresores. Creo que podemos hacernos una idea sobre qué tipo de persona es cada cual.

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