¿Es relevante el feminismo en el siglo XXI?

Columna publicada el 8 de marzo de 2016 en Univisión.

¿Es relevante el feminismo en el siglo XXI? Es la pregunta más repetida para en este 8 de marzo, Día de la Mujer. La respuesta sencilla son cifras como estas:

● 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia sexual, la mayoría a manos de su compañero sentimental,

● 800 mujeres mueren cada día por causas relacionadas con el embarazo que pueden evitarse

● ganamos entre 10% y 30% menos que los hombres (por supuesto la brecha es más grande si no eres blanca, o si eres migrante),

● Solo el 50% de las mujeres en el mundo tiene un empleo remunerado, aún no nos reconocen la cantidad de horas extra que dedicamos al trabajo doméstico, trabajos de cuidado o de reproducción,

● Aunque tenemos el voto hace más de 50 años (en la mayoría de los países), la representación política sigue siendo muy baja y apenas el 22% de las parlamentarias del mundo son mujeres,

● y el 46% de las noticias en la prensa refuerzan estereotipos de género.

Entonces, ¿Por qué, ante cifras tan contundentes, todavía hay quien piensa que las conquistas de los derechos de las mujeres son cosa resuelta y del pasado? ¿Por qué muchos no ven la desigualdad que enfrentamos las mujeres?

Una razón por la que no vemos la desigualdad es que muchas juzgamos la condición de todas las mujeres por nuestro entorno personal. Pero que uno no haya vivido la discriminación personalmente (o no se haya dando cuenta) no quiere decir que la discriminación no exista.

Nos cuesta trabajo ver la discriminación porque el patriarcado, que es el sistema de poder que busca subvertir el feminismo, existe también en lo simbólico. Las cosas que vemos y entendemos están mediadas por las palabras que usamos. Por eso, por ejemplo, en casos de violencia doméstica, a un “golpe” (que debería significar agresión, rechazo) puede ser llamado “amor” (por el agresor o por la sociedad), y esta resignificación hace que el golpe se vea, de hecho, como un gesto de amor.

Otro ejemplo: a las mujeres nos dicen constantemente que somos “naturalmente” débiles, o indefensas, o delicadas, pero no hay nada “natural” en esta asociación (de hecho nuestros cuerpos son bastante resilientes y resistentes al dolor). Precisamente a lo que se dedica el feminismo es a cuestionar estas creencias, que no solo no nos dejan ver la desigualdad, la justifican.

Quizás la mayor dificultad de los argumentos feministas radica en que son incómodos, son personales, y todos y todas, fuimos criados en una cultura machista y por lo tanto seguro en muchos momentos de nuestras vidas repetiremos estas actitudes.

El feminismo, entonces, implica cambios reales en la vida diaria, desde cómo tenemos sexo (con consentimiento) hasta cómo tratamos a otras personas en el trabajo (sin discriminarlas por sus cuerpos). Y sin duda es difícil: entender que la desigualdad de las mujeres implica reconocer las propias culpas y reconocer que muchas cosas están mal, incluso algunas que no será fácil cambiar. Pero, afortunadamente, también hay cientos de maneras de ser feminista, quizás una por cada mujer, y cada una de estas luchas -aunque no siempre estén de acuerdo- convergen en una premisa que se sostiene con el mero sentido común: que nadie debería ser discriminado en virtud de su género o su sexo.

La pregunta sobre la relevancia del feminismo también muestra que la perspectiva está cambiando. Es de notar que hace unos años no se hablaba en la prensa del Día de la Mujer ni los medios se tomaban el trabajo de preguntar si el feminismo es relevante.

En cambio, hoy, cada vez más mujeres, y mujeres jóvenes, se identifican como feministas o al menos se enfrentan a la pregunta vital de serlo o no.

Soy una convencida de que, una vez abierta la puerta a estos cuestionamientos, es fácil coincidir con alguna forma de feminismo. Además, una vez uno entiende cómo opera la discriminación por género, no la puede dejar de ver.

En lo que va de los últimos dos milenios, no ha habido una época tan favorable para las mujeres como esta. ¡Hemos ganado tantos derechos en tan corto tiempo que muchas mujeres los dan por sentados! El feminismo ha sido un movimiento social tan exitoso y efectivo, que en apenas un siglo y sin violencia, logró derechos, como la ciudadanía o la propiedad, para la mitad de la población que antes no los tenía.

Esto es un revolución social sin paralelo.

Recordemos que hace dos generaciones las mujeres ni siquiera podíamos votar, mucho menos opinar en público. En esta medida, asumirse feminista, es reconocer que los derechos que tenemos hoy las mujeres (que no son todos) no los tuvimos siempre, fueron conquistas de feministas que, antes que nosotras, trabajaron y se esforzaron para que nuestra vida hoy fuera más fácil, para que tuviéramos más oportunidades.

Hoy es mucho lo que hemos avanzado, pero también es mucho lo que falta.

Un día entenderemos, plenamente y como sociedad, una verdad que debería ser obvia: que las mujeres tenemos derecho a todos los derechos (en el papel y materializados en la realidad). Hasta entonces, el feminismo será pertinente y necesario.

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