Pensar: ¿cosa de hombres?

Columna publicada el 24 de marzo de 2016 en El Espectador.

Un “sesgo implícito” (“implicit bias”) sucede cuando un individuo hace asociaciones automáticas, afectivas y/o cognitivas, entre un grupo estigmatizado (como los indígenas, los negros, o las mujeres) y las características negativas de su estereotipo. Estas asociaciones automáticas afectan de manera real nuestros juicios, decisiones y comportamientos, y como funcionan a un nivel inconsciente son difíciles de identificar.

Jennifer Saul, cabeza del departamento de filosofía de la Universidad de Sheffield, se ha dedicado a estudiar este fenómeno. Saul cita las estadísticas: del total de filósofos profesionales en Estados Unidos, solo el 17% son mujeres. En el Reino Unido es ligeramente mejor: 29%. La mayoría de las humanidades se acercan a proporciones de 50-50, y la desigualdad en filosofía se asemeja más a la que enfrentan las STEM o —mal llamadas— ciencias “duras”. La discriminación aquí tiene muchas formas: comentarios sexistas (que parecen extensivos a todas las disciplinas asociadas con lo “femenino” como la psicología y la literatura), hay pocas profesoras mujeres en los departamentos, las estudiantes se sienten intimidadas para hablar en clase, pocas facultades han incorporado sistemas de calificación anónima (que ha probado beneficiar las notas de las mujeres), y hasta están naturalizadas las prácticas de acoso sexual. Una persona puede tener, explícitamente, posturas no prejuiciosas frente a un grupo mientras mantiene en sus actos o actitudes un sesgo implícito en su contra. Paradójicamente, el trabajo de Saul señala que mientras más objetiva y equilibrada se crea una persona, más susceptible es a los sesgos implícitos. Por ejemplo, la filosofía es una disciplina que se precia de combatir todo tipo de prejuicios y la principal herramienta de los y las filósofas es el examen. Y sin embargo, la filosofía, en el mundo, es una de las disciplinas con mayor desigualdad en términos de etnia, raza y género.

Por eso no extraña que el Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional hiciera un panel de filósofos que aplican la filosofía en otras áreas, conformado solo por hombres (hoy un panel así es conocido como un “Club de Tobi”). Con razón, las filósofas (y algunos filósofos) de la Nacional se quejaron. Afortunadamente el departamento superó su resistencia inicial a la crítica y varios de sus miembros pidieron disculpas públicas. Sin embargo, corregir el panel es apenas un gesto inicial para resolver la profunda discriminación que sufren las mujeres en la disciplina. Sin duda, el pensamiento filosófico “Es”, incluso sin el certificado de una institución, pero las instituciones (y más si son públicas) tienen un compromiso con la inclusión y la diversidad. En esa medida, cabe resaltar espacios como el Coloquio Mujeres y pensamiento filosófico, organizado por la Universidad del Bosque (que lleva dos ediciones), o un nuevo espacio en la Javeriana llamado “Filosofía fuera del canon”. En los últimos años ha aumentado considerablemente la bibliografía sobre el tema; poco a poco las cosas están cambiando.

Una pregunta frecuente en muchos sistemas filosóficos es “¿será que esto es como aparece?”, pero si bien posible, no necesariamente es lo más probable que un “Genio Maligno” nos engañe. Con el sesgo implícito, en cambio, lo más probable es que nos equivoquemos. Por esto es urgente entender al cuerpo como un problema filosófico válido, y preguntarse si la “voz filosófica” tiene género o no. Toda experiencia de pensamiento está fundada en un cuerpo (un cuerpo sexuado). Por eso, también, la viabilidad y aceptación de una idea depende en gran medida del cuerpo que la encarna y enuncia. Como, además, las ideas son los cuerpos que las producen, es problemático que solo sean reconocidas un tipo ideas-cuerpo dentro de los marcos de autoridad. Así, no es solo un asunto de ética, justicia y política, también epistemológico, la diversidad es deseable en aras del rigor y el respeto a los conceptos. Pierde el pensamiento cuando pensar es solo cosa de hombres.

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