Tierra mala

Columna publicada el 2 de febrero de 2016 en El Heraldo.

Esta semana una profesora del Colegio Sagrado Corazón en Aguachica, Cesar, divulgó en redes sociales un video que muestra cómo se roban la comida de los niños y niñas en el plantel educativo. El video muestra a los estudiantes en fila, posando cada uno con el mismo plato de comida (para tener registro de la entrega). Después, en otra fila, les entregan, en la mano, un par de patacones: el “verdadero almuerzo”. El video ha destapado las nefastas condiciones del plantel y una sarta de irregularidades que delatan un robo millonario. Hoy también se conocen imágenes de niños y niñas tirados en el suelo comiendo un huevo duro y un mango en el mismo colegio.

Todas las entidades que tendrían que haber estado involucradas o monitoreando desde el comienzo pararon oreja ante el escándalo, y ya se anuncian visitas de la Alcaldía, la Defensoría, la Contraloría y la ministra de Educación, Gina Parody, a las instalaciones del plantel. Cristina Plazas, directora del ICBF, dijo que los responsables eran unos “desgraciados criminales”, y el alcalde, Henry Montes, suspendió el contrato por 500 millones de pesos a la Fundación Porvenir, que suministra atención a las ocho instituciones educativas del municipio. Ante un video como ese no podían menos que reaccionar, pero, tenemos que preguntarnos ¿cuántas veces pasó algo así sin que nadie lo grabara? Y ¿por qué todos parecen sorprendidos de que algo así estuviese pasando? ¿Cuántas personas –y por cuánto– se hicieron las de las gafas para que llegáramos a esto?

En nuestra Colombia adultocéntrica no se piensa en los niños y niñas como personas sujetos de derecho. Para muchas familias los niños son propiedad de quien tenga la custodia tutelar, y como son pertenencias, muchos no reciben mejor trato que cualquier animal doméstico. Por eso la explotación y el trabajo infantil es tan ‘popular’. Solo así una serie de adultos puede pensar que pueden cambiarles un almuerzo por dos patacones a las y los estudiantes del Sagrado Corazón.

Las 5 primeras causas de mortalidad infantil son las enfermedades respiratorias y malformaciones (ambas parcialmente evitables si mejoran los servicios de salud) y las otras tres son maltrato, infecciones diarreicas y desnutrición: tres causas que deberían darnos permanente vergüenza, porque tienen que ver directamente con el desamparo de los niños y niñas colombianos, ante los adultos y ante el Estado. A la hora de los votos todos los políticos dicen “piensen en los niños”, pero a la hora de la plata los niños y niñas no existen más que como excusa para robar. La denuncia de Aguachica es paradigma de un país que no reconoce a los niños y niñas como personas, que los usa y los abusa, y de un Estado que parece más interesado en el registro de los indicadores de éxito (las fotos del colegio) que en la garantía de sus derechos de alimentación y educación. Tierra mala, donde los niños y niñas no pueden crecer.

Pata: Celebro el último comunicado de Fenalco Atlántico en el que rechazan tajantemente la violencia contra las mujeres y se desmarcan de su infame ex director, que ahora parece estar involucrado en otros delitos.

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