Descaro estatal

Columna publicada el 7 de abril de 2016 en El Espectador.

“Fuimos víctimas el día que nos abusaron y nos violaron, hoy somos sobrevivientes y luchadores; esa es la consigna que miles de mujeres en el mundo hemos adoptado y replicado ante la barbarie de la violencia sexual, pero la impunidad todos los días nos quita algo de sobrevivientes y nos va matando lentamente”.

Con estas palabras comenzó Jineth Bedoya la audiencia sobre su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDG), que tuvo lugar este martes en Washington. Una vez más, Bedoya contó su caso, habló de cómo el Estado le negó el esquema de protección y seis meses después fue secuestrada, torturada y violada. El Estado colombiano no solo no protegió a Bedoya, sino que permitió que su expediente se perdiera, que la siguieran amenazando, y que, 16 años después, apenas haya dos condenas (recientes), mientras los autores intelectuales siguen en la absoluta impunidad, pues no hubo investigaciones internas sobre los funcionarios que estuvieron envueltos en este crimen.

Como sucede en muchas de estas audiencias de la CIDH, el Estado dijo que ellos habían hecho todo bien, y hasta llegaron a ufanarse de la condena de dos de los paramilitares, victimarios de Bedoya: Alejandro Cárdenas Orozco y Mario Jaimes Mejía. Pero resulta que Cárdenas confesó —¡en 2011!— y, aún así, lo soltaron al año siguiente. Al Estado le tomó cinco años para asignar responsabilidades, con confesión y todo. En cuanto al Panadero, este paramilitar aparece en el expediente desde la primera página, pero le dijo al Estado que nada tenía que ver, y el Estado a él sí le creyó. Cuando el Panadero tuvo un “cambio de opinión” hace unos meses, y dijo que sí había atacado a Bedoya, les tomó mes y medio más asignar responsabilidades. Lo peor del cuento es que dijeron que habían investigado, cuando la mayor parte de la investigación la ha hecho Bedoya, a quien el mismo fiscal del caso alguna vez le dijo que ella, como periodista, era quien debía investigar. Y sí, si no fuera por su trabajo como periodista y en defensa de los derechos humanos el caso no habría llegado hasta una audiencia internacional. Mejor dicho, el Estado fue a la CIDH a presentar como suyos los logros que Bedoya y las organizaciones que la acompañan han conseguido con las uñas durante estos 16 años. Y no contentos con eso, dijeron que eso de la violencia contra los periodistas en Colombia era cosa del pasado. Ja. Ja.

El 10 de marzo Bedoya fue amenazada por las Águilas Negras. Y sí, Bedoya tiene un esquema de protección, pero su seguridad nunca será completa mientras haya impunidad. El Estado también buscó en estos días a Bedoya para llegar a un “acuerdo amistoso”, una negociación para cerrar el caso. Pero Bedoya, con el tesón de siempre, les dijo que no hay suficiente dinero para pagar la dignidad.

Si el caso de Jineth Bedoya llega a Corte Interamericana de Derechos Humanos, enviaría un mensaje en contra de la violencia contra mujeres periodistas en toda la región. La comisionada, Margarette May Macaulay, preguntó si el Estado colombiano, desde sus instancias más amplias, ya condenó pública y tajantemente cualquier tipo de violencia sexual contra las mujeres, contra las periodistas y contra las defensoras de derechos humanos. Y si bien nuestro presidente es muy bueno condenando cosas condenables, falta la voluntad política real para que la violencia contra las mujeres, periodistas y defensoras acabe. Como nos dice Bedoya cada 25 de mayo: ¡No es hora de callar!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s