Gossip Girl

Columna publicada el 20 de abril de 2016 en Sin Embargo.

En lo que va del año, el City Manager de la delegación Miguel Hidalgo, Arne van der Woodsen aus den Ruthen ha mojado prensa y pixel con sus estrategias para “construir” una “mejor” cultura ciudadana en su delegación. Las comillas son porque en vez de construir nada mejor se dedicó a perseguir ciudadanas y ciudadanos, a ventilar su privacidad en las redes sociales, y a juzgarles al son de los comentarios online. Esta especie de servidor-público-troll es un engendro que exige estudio: de una lado, está la genialidad de ser un agent-provocateur, del otro, una mal comprensión absoluta de la democracia, de los medios digitales y de la ética.

Empecemos por el argumento base, que muchos ya han señalado: los servidores públicos tienen menos expectativa de privacidad que un ciudadano corriente. A diferencia de, por poner un ejemplo, una “socialité”, un servidor público ha tomado una decisión libre de hacer su vida pública, le ha dado a los ciudadanos el derecho a comentar, escudriñar, vigilar su vida, en especial cuando hay de por medio posibles violaciones a derechos humanos o la gestión de su cargo. No es el funcionario público quien debe grabar a los ciudadanos, es al contrario, y sin embargo, uno le levanta el teléfono a un policía y lo primero que intenta es confiscar la cámara, pues, repiten “no se puede grabar a la autoridad”. Las redes sociales sirven para la denuncia en defensa de los derechos humanos, pero la perspectiva de aus den Ruthen es autoritaria: todos deben ceñirse a su estándar moral desde lo individual, y a él nadie le reclamará por los problemas estructurales. Entonces el problema es que la señora bota basura en la calle y no que no haya botes de basura en el barrio o que el camión de la basura pase en horarios insospechados e impredecibles.

O como cuando se fue a grabar a mujeres que se paraban en minifalda en la colonia Verónica Anzures y fue a acusarle de ser trabajadoras sexuales. Todo mal: si él puede asumir que ellas son trabajadoras sexuales por estar paradas ahí a esa hora y vestidas de esa manera, uno podría asumir, de la misma manera, que aus den Ruthen, aparentemente hombre cisgénero, parado ahí, a esa hora, y vestido de esa manera, es un solicitante de servicios sexuales. Y digamos que sí son trabajadoras sexuales. El funcionario no se pregunta por qué eligieron eso ni cómo puede ayudar a mejorar sus condiciones laborales (preguntas por lo estructural); las juzga por putas. Todo mal porque ni siquiera es un delito. Y todo mal porque él, que es quien tiene el poder, humilla a estas mujeres difamándolas en línea, publicando su imagen sin sus consentimientos, y encima les lee en su cara los comentarios agresivos que al gente les deja online.

En su último ardid publicitario, aus den Ruthen nos muestra, una vez más, que para él la ciudadanía se construye aireando sus trapos sucios. A aus den Ruthen le parece que “el Gobierno no tiene por qué mantener hijos”, criticando el apoyo económico que actualmente el Gobierno de la Ciudad de México le da a madres “solas” con hijos menores de 15 años. Genial, bautiza el programa “Él que la mete la paga”. Se supone que la crudeza del título se justifica porque a una mujer, la delegada en Miguel Hidalgo, Xóchitl Gálvez, le pareció buena idea. Una (1) mujer aprueba y queda certificada la perspectiva de género. Ya.

El título del programa está mal porque asume que las mujeres son una especie de portería en una cancha de fútbol, y que los hombres, único principio activo, “la meten”, ergo “la pagan”. Las mujeres tienen agencia cero. Sin duda, México tiene un serio problema de paternidad irresponsable que se extiende a todas las clases sociales. Aus den Ruthen cree que esto es un problema individual, ay, esos hombres malos, ¡contraventores!, y no ve lo estructural: las mujeres tienen pocas opciones para la independencia económica, que además no está facilitada ni social ni culturalmente, que a las mujeres las juzgan por sus decisiones sobre cómo y cuándo ser madres y las juzgan aún más si son madres “solas” lo cual disminuye sus posibilidades para un mejor empleo. El City Manager no se pregunta por qué estas madres “solas” necesitan un apoyo económico, ¿cómo son sus condiciones laborales? ¿qué facilidades les da el Estado para el cuidado de sus hijos? Porque no, no es tan sencillo como que “él qué la mete la paga”. Cuidar y educar a los niños y niñas, la nueva ciudadanía, también es responsabilidad del Estado. El trabajo de crianza y cuidado de las nuevas generaciones no es responsabilidad única de las madres, ni de las madres y los padres, es responsabilidad de toda la sociedad y del Estado (que aquí está representado en Don Arne).

Claro que está bien que se de asesoría a madres solteras para demandar pensión alimenticia, la idea es que todos los ciudadanos tengan agencia sobre sus derechos a través del acceso a la información. Pero esto es lo mínimo. Y aus den Ruthen lo presenta como la solución, como la panacea que nos sacará del costoso -y conchudo- asistencialismo. A así mismito dirán algunos en el “Upper East Side”. Pero la cosa no es tan sencilla como que las madres aprendan a demandar a los padres de sus hijos, tiene que ver con la manera en que construimos y entendemos las familias, las responsabilidades económicas y de cuidado en nuestra sociedad.

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