10 años del derecho al aborto en Colombia

Prologo para separata de La mesa por la salud y la vida de las mujeres.

¿Por qué es importante que las mujeres podamos acceder a un aborto libre, seguro, legal y oportuno si lo deseamos? La primera respuesta es pragmática: es un problema de salud pública. Los abortos ilegales matan a las mujeres, su violencia puede dejar traumas, y daños físicos. La única manera para reducir los abortos clandestinos es legalizar el aborto, pues, una vez tomada la decisión (una decisión que suele tomarse en momentos desesperados) las mujeres buscarán interrumpir su embarazo haciendo lo que sea necesario, incluso arriesgar la vida. Ahora, si una mujer tiene dinero, y puede pagar el precio necesario, tendrá acceso a un aborto seguro incluso si no es legal. Como resultado, la prohibición del aborto es una medida que afecta a las mujeres por clase, pone en peligro la vida, sobre todo, de las más vulnerables. Este era el panorama en Latinoamérica antes de que en Colombia se aprobara la Sentencia C355 en 2006, hace 10 años, que desencadenó un movimiento de despenalización en todo el continente.

Pero hay un segundo motivo para legalizar el aborto. Este, es si se quiere, ontológico: tiene que ver con a quiénes consideramos como personas, como sujetos de derecho en esta sociedad y a quienes no. No existe una intervención médica que pueda ser necesaria para salvar la vida de un hombre que esté prohibida. Simplemente no existe. En cambio, cuando un embarazo pone en peligro la vida de una mujer, usualmente le dicen, lo siento, no podemos ayudarte, tus derechos no son suficientes, tu vida está subordinada a esa vida-en-potencia, que depende de tu vida, ya potente y vivida. Es tremendamente cruel. Por eso reconocer el derecho al aborto es reconocer que las mujeres somos personas, que somos plenos sujetos de derecho, y que podemos decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos.

Desde 1994, la Mesa por la vida y salud de las mujeres se ha dedicado a trabajar por hacer realidad el derecho al aborto en Colombia. Desde el 2006, se han dedicado a trabajar en incidencia jurídica y legislativa para lograr la implementación efectiva de la sentencia, a trabajado por la disminución de las barreras de acceso a este derecho, y a informar y educar sobre los contenidos de la sentencia, con miras a que todas las instancias involucradas entiendan sus alcances y aplicación.

Esta labor de incidencia se ha articulado en torno a crear un consenso para que se interprete la Causal salud desde una perspectiva de derechos humanos. La salud, y lo ha dicho la OMS, debe ser integral, y esto incluye dimensiones físicas y psico sociales, pues, en realidad, no hay diferencia entre el bienestar emocional y el físico. En esta línea, que una mujer se vea obligada a llevar, durante nueve meses un embarazo, un cuerpo que rechaza creciendo dentro de su cuerpo, dependiendo de su cuerpo, dejando cambios irreversibles en su cuerpo; su cuerpo, sobre el que no puede tomar una decisión, es una tremenda violencia contra la persona, contra su cuerpo y contra su identidad. Un embarazo no deseado, altera nuestras relaciones sociales, puede venir acompañado de juicios muy fuertes, rechazo y ostracismo. Parece mentira que tengamos que argumentar lo devastador de estos efectos, no es tan sencillo como “si no lo quieres dalo en adopción”. Al entender esto se entiende que un embarazo no deseado pone en peligro la salud física y mental de las mujeres, y por eso, un aborto por esta causal, no solo es legal en Colombia, sino que está ampliamente justificado.

Este documento presenta un análisis sobre el movimiento de interpretación e implementación de las causales en Colombia y América Latina, problematiza las barreras de acceso al derecho a la interrupción del embarazo y esboza los próximos retos: la búsqueda de una legalización total del aborto en Colombia y su articulación con el tan deseado posconflicto Colombiano.

Está basado en el trabajo en defensa de los derechos de las mujeres que ha realizado la Mesa por la vida y la salud de las mujeres. Un trabajo que ha sido decisivo para que el Estado colombiano (y los Estados latinoamericanos) nos reconozcan a las mujeres como personas, como sujetos de derecho, como seres humanos. En un mundo patriarcal, en el que una afirmación tan sencilla como esa, es de suyo transgresora y peligrosa, el trabajo constante, de la Mesa, durante 22 años, ha fortalecido la lucha de las mujeres por el derecho al aborto en el continente con admirable tesón y valentía. Las defensa de los derechos humanos es lo que subyace a las siguientes líneas.

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