El Violentómetro

Columna publicada el 14 de mayo de 2016 en El Heraldo.

En lo que va del año se han cometido 6 feminicidios en el Atlántico. Esta fue la cifra presentada el jueves en la Tertulia de EL HERALDO sobre violencia de género en el departamento. El periódico reunió a expertos para discutir el tema y se habló de la violencia física y emocional que viven las atlanticenses, de la doble discriminación que sufren las mujeres por raza, etnia y clase social, y del terrible estado en que se encuentran las casas refugio, las personerías, las comisarías de familia y de la terrible infraestructura para atender a las mujeres. Se habló de la violencia hacia la comunidad LGBT, que también es violencia de género, y de lo desarticulada que está la ruta de atención y prevención.

Todas estas son medidas urgentes y necesarias para combatir la violencia contra las mujeres. Son además medidas con las que todos estamos de acuerdo, al menos en abstracto, pero debemos recordar que muchas son medidas de contingencia, y que, en el fondo, la violencia contra las mujeres exige, más allá de la política pública, un cambio cultural.

En Ciudad de México, los especialistas de la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género (UPGPG) se unieron para trabajar en conjunto en temáticas relacionadas con la perspectiva de género, como los derechos humanos de las mujeres, el acoso y hostigamiento y crearon una herramienta llamada el ‘Violentómetro’ para identificar y evaluar la gravedad de las conductas violentas. En la primera alerta están las bromas hirientes, los chantajes, las mentiras, la indiferencia como castigo, los celos, la culpa, la descalificación, la ridiculización, la ofensa, la humillación, todos comportamientos que son pan de cada día en las relaciones afectivas que tomamos por normales en el Caribe.

Luego la alerta sube a formas de control (como vigilar el celular, controlar las contraseñas de correos y el Facebook), la destrucción de artículos personales, manosear o hacer caricias agresivas, golpear “jugando”, empujar, jalonear, cachetear, patear. Finalmente la alerta llega a su máximo con conductas que son claramente inaceptables como amenazar de muerte, la violación o el feminicidio. La idea del ‘Violentómetro’ es que las personas, especialmente las mujeres, puedan reconocer los comportamientos violentos en su más mínima expresión y de esta manera reconocer el peligro. En la medida en que todos en la sociedad tomemos responsabilidad por rechazar estas conductas se crea un clima en el que las mujeres pueden protegerse y denunciar sin ser revictimizadas. Esto no es solo responsabilidad del Estado, o de las organizaciones de la sociedad civil dedicadas al tema sino de todos y cada uno de nosotros. Es importante que desde las instituciones, la educación, desde los medios de comunicación, y al interior de las familias, les digamos a las mujeres que la violencia es variopinta, y que en ninguna forma de violencia es aceptable, y que la violencia de género (muchas veces doméstica) no es un asunto privado, sino público: discriminación hecha problema de salud pública. Es un cambio en el que todos somos responsables.

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