La violencia de Pablo Armero

Columna publicada el 11 de junio de 2016 en El Heraldo.

Hace unos días el jugador de la selección Pablo Armero, le pegó a su pareja y madre de sus hijos, María Elena Bazán. La agarró de las extensiones de pelo y se las empezó a cortar con una máquina en la habitación del hotel Metropolitan en Miami, todo porque ella le dijo que estaba cansada y no quería tener sexo con él. Como no pudo violarla, le pegó. Cuando la policía le preguntó a Bazán si ella había consentido, ella contestó llorando “¿por qué le pediría a él que me cortara el pelo?”. Armero estuvo detenido durante un día y salió al pagar la fianza de 1500 dólares. Aunque el futbolista no solicitó ayuda consular, el consulado de Colombia en Miami entró en contacto con él para prestarle asistencia, una fortuna que no tienen la mayoría de los colombianos en Estados Unidos.

Poca prensa mojó este caso de lamentable de violencia doméstica. Fue inoportuno comentarlo en vísperas de la Copa América. Pero lo que sí ha levantado muchas conversaciones es la decisión de Bazán de volver con Armero, algo que anunció en su Instagram con el siguiente mensaje “Es un momento difícil por el que atraviesa nuestro hogar, sobre todo para mi esposo que por una acción incómoda, no creí que llegaría a esos límites. […] Por nuestros hijos, por ser el mejor papá, por los bellos momentos vividos y la unión familiar seguiremos adelante”.

“Boba, bruta, cómo puede llamar ‘acción incómoda’ a que su pareja le arrancara el pelo, después que no se queje si le vuelve a pegar”. A todos nos resulta más fácil juzgar las decisiones de ella que las de él. A Armero no queremos criticarlo porque tiene que ver con las exiguas alegrías que nos da la Selección. Es más importante que la Selección gane, a que se acabe la violencia doméstica, y por eso Armero no es el primer jugador de fútbol al que le perdonamos agredir a su pareja. En cambio a Bazán le vamos a cobrar volver con él, como si la postestad de salvarse fuera solo suya, como si la violencia doméstica no fuera un problema de salud pública que también nos compete.

Bazán es libre de elegir volver con Armero o dejarlo, esto no se trata de juzgar su decisión sino de entender que hay muchas mujeres como ella en Colombia, que se quedan con sus agresores porque todo alrededor les dice que es a es su mejor opción. Y con “todo alrededor” me refiero a nosotros, nosotros aceptamos el comportamiento de Armero, el mismo consulado corrió a salvarlo, los representantes del Estado le enviaron a Bazán el mensaje de que estaban con Armero y no con ella. También somos nosotros los que le decimos a las mujeres que deben tolerar las violencia de sus maridos si son buenos padres de familia. No podemos exigirle a las mujeres que dejen a sus agresores, como si fuera tan sencillo, un golpe está precedido de tanta violencia psicológica que muchas de las víctimas sienten que jamás podrán tener autonomía. A las víctimas de violencia doméstica les debemos un cambio de comportamiento, tenemos que dejar de juzgarlas a ellas, y en cambio, exigirle a los hombres que no agredan, decirles que la violencia es pública y no hace parte de su “vida privada”, y que no se perdona ni por ser buen padre, ni jugar fútbol, ni por bailar bonito.

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