La pesadilla de la cirugía plástica en Colombia

Columna publicada el 13 de junio de 2016 en Razón Pública.

Cirugía plástica e identidad

La cirugía plástica es una de las ramas más rentables de la medicina. Podría decirse que esto sucede porque la demanda por procedimientos cosméticos responde a una necesidad masiva, creada por una sociedad que no nos acepta si no tenemos un tipo específico de cuerpo.

Esto es cierto en parte, pero decirlo así le resta espacio a la libertad de cada persona: todos sentimos la necesidad de que nuestros cuerpos sean como nosotros queremos. Este deseo está profundamente ligado a nuestra autoestima y a nuestro sentido de identidad.

Tanto la cirugía plástica cosmética como la reconstructiva tienen que ver con el derecho al desarrollo de la personalidad y con la necesidad que tiene cada persona de sentirse identificada con su cuerpo. Muchos ven la cirugía plástica cosmética como algo banal, pero en realidad tiene la posibilidad de “restablecer el yo” y de influir directamente sobre nuestro sentido de identidad.

La cirugía cosmética insegura se aprovecha de esta necesidad de las personas. En lo que va del año, se sabe que en Colombia doce personas han muerto por practicarse una cirugía plástica y alrededor de ciento cuarenta tienen daños en su rostro o cuerpo.

A diferencia de otras víctimas de malas prácticas médicas, las víctimas de la cirugía estética son revictimizadas por el prejuicio de que “ellas se lo buscaron” y que es un “castigo por su vanidad”. A esto se suma lo doloroso que es hablar públicamente de un cuerpo que no reconocemos; implica hacer públicos nuestros miedos más profundos.

Se dan entonces dos condiciones para el abuso: hay una alta demanda de cirugías plásticas que nace de una urgencia vital y es poco probable que las víctimas hablen pues serán revictimizadas por la sociedad.

Las víctimas

En este contexto las cirugías estéticas inseguras se hicieron frecuentes en Colombia. El Concejo de Medellín ha debatido desde hace casi diez años el fenómeno de la cirugía plástica ilícita en la ciudad. En este debate se ha señalado que muchas veces médicos estéticos se presentan como cirujanos plásticos, pero no están autorizados ni capacitados para realizar intervenciones quirúrgicas.

En 2014, el personero de Medellín, Rodrigo Ardila, recibió diecinueve quejas por presuntas irregularidades en procedimientos estéticos que fueron remitidas a la Fiscalía, aunque en ese año no se reportaron sanciones. También, según datos de 2015, a la Clínica de la Universidad Bolivariana de Medellín cada mes llegan entre tres y cinco mujeres en grave estado de salud por procedimientos estéticos ilegales.

Las autoridades no han sido capaces de contener el problema porque muchas veces sus intervenciones se reducen a verificar los documentos de estas clínicas de garaje, en donde los falsos cirujanos aparecen como ayudantes de cirugía cuando en realidad son los que operan. Por otro lado es difícil establecer la responsabilidad médica en estos casos, pues entre los peritos de Medicina Legal no hay cirujanos plásticos que puedan participar en los juicios. Pero estos casos se siguen presentando de manera insistente:

  • En 2009 nos enteramos del caso de la modelo Jessica Cediel, a quien el médico Martín Horacio Carillo le dijo que le inyectaría gratis ácido hialurónico en los glúteos y en cambio usó biopolímeros que le causaron graves problemas de salud física y emocional.
  • En 2015 la modelo Angie Mendoza murió debido a un aumento de glúteos realizado por una cosmetóloga en Barranquilla.
  • Luisa Toscano, una mujer ‘trans’ de 20 años, murió en 2014 como consecuencia de asistir a un centro estético ‘irregular’ que le ofrecía cirugías a mujeres ‘trans’ que quisieran intervenir su cuerpo.

En los casos de Cediel, Mendoza, y Toscano, las personas que realizaron las intervenciones no tenían títulos o estos no estaban avalados por el Ministerio de Educación. Las víctimas confiaron en estas personas que se presentaban con la autoridad de médicos y quizás algunas, como Mendoza y Toscano, se pusieron en riesgo buscando una intervención que pudieran pagar.

Esto nos muestra que existen dos poblaciones especialmente afectadas por las cirugías  cosméticas inseguras: las mujeres, ya que la sociedad nos repite todos los días que nuestros cuerpos son inadecuados, y las mujeres “trans”, que con frecuencia tienen problemas para acceder a servicios de salud y deciden no recibir atención médica o buscar alternativas, como recurrir a procedimientos médicos informales.

La primera reacción suele ser reclamarle a las víctimas por no haber buscado cirujanos idóneos y con las credenciales necesarias. Pero aun haciendo eso a uno le puede ir mal. El caso más reciente en medios es el de la periodista Lorena Beltrán, a quien el ginecólogo Francisco Sales Puccini le destrozó los senos.

El título de Sales como especialista en Cirugía Plástica es real y está convalidado por el Ministerio de Educación. Sin embargo, corresponde a un curso de no más de quince días en la Veiga de Almeida en Brasil que le dio un título que no serviría para trabajar como cirujano plástico ni siquiera en ese país. Los títulos fueron convalidados en Colombia porque el Ministerio de Educación parte de la “buena fe”. Gracias a la candidez del Ministerio, estos médicos están debidamente certificados en Colombia y es legal que practiquen carnicerías quirúrgicas.

Para confundir más a los pacientes, Sales Puccini es socio fundador de la Asociación Colombiana de Cirujanos Plásticos, que reúne a varios médicos con títulos dudosos bajo un nombre convenientemente parecido al de la Sociedad Colombiana de Cirujanos Plásticos, que sí tiene exigencias serias para su membresía. Por todas estas razones, Lorena Beltrán no desconfió de su médico y solo después se vino a enterar de esta especie de piratería de la salud.

Los periodistas que hasta ahora han dado la batalla por llevar estas historias a los medios también enfrentan una persecución jurídica. Juan Esteban Mejía en Medellín, quien el año pasado expuso las malas prácticas del médico general Carlos Ramos Corena, en cuya clínica fallecieron varias pacientes de cirugía estética, enfrenta una demanda por injuria.  La misma Lorena Beltrán, que llevó su historia a los medios, está siendo víctima de una campaña de desprestigio y ya recibió una carta de Jaime Granados, el abogado de Sales Puccini, anunciando que tomarán acciones legales en su contra.

¿Cómo resolver el problema?

Varias universidades pidieron al Ministerio que revocara la licencia de funcionamiento de las instituciones que otorgan títulos dudosos y que acaban por ser convalidados en Colombia. Argumentan que la formación de los cirujanos plásticos en Colombia es integral y exigente y que dichas instituciones no cumplen con los estándares de esta disciplina.

Como respuesta, el Ministerio de Educación acaba de suspender la convalidación de títulos de posgrado en cirugía plástica otorgados por varias de esas instituciones y abrió una investigación para comprobar la autenticidad de sus documentos.

Desde hace seis años está rotando un proyecto en el Congreso para regular la cirugía plástica, presentado por el senador del Partido Verde Jorge Iván Ospina. El proyecto busca resolver otros puntos además del problema de convalidación de títulos. Entre ellos que los procedimientos de cirugía plástica cosmética están expresamente excluidos del POS y por eso los pacientes que se someten a ellos no recibirían el tratamiento que requieran en caso de una complicación. También proponía crear un Registro Nacional de Especialistas, que obligaría a todos los médicos que cumplan los requisitos a registrarse ante el Ministerio de Salud, sancionaría la práctica ilegal y asignaría responsabilidades específicas. Pero el proyecto de ley tiene varios obstáculos por superar:

-La Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica acaba de publicar un comunicado criticando los micos que se le metieron al proyecto.

-La Mesa Nacional de especialidades con competencias médicas y quirúrgicas en medicina estética y en cirugía plástica estética fue convocada por el senador Ospina para participar en el diseño del proyecto. La ponencia original, redactada por la Mesa, fue radicada y discutida en la Comisión Séptima del Senado y fue aprobada en primer debate. Pero la Mesa dice que La Unidad de Trabajo Legislativo del senador Ospina realizó dos audiencias públicas en Bogotá en las cuales se introdujeron modificaciones que alteraron el espíritu del proyecto y que no fueron conocidas por ellos. Después, este proyecto con modificaciones fue aprobado en la segunda plenaria.

Según la Mesa, la propuesta desorienta y pone en riesgo a los pacientes, además de abrir la puerta para que personas no especialistas puedan ejercer la cirugía plástica. También afirma que Colombia no tiene las condiciones adecuadas para la formación de especialistas en cirugía plástica estética.

En todo caso, con o sin micos, el proyecto que regula las cirugías está a punto de hundirse en el Congreso, pues ya pasaron 21 meses y están a punto de acabar los tiempos del debate. Mientras tanto, las víctimas están decididas a insistir en su reclamo por una legislación que regule las prácticas de cirugía plástica y haga visibles las cirugías inseguras como un problema de salud pública que afecta física y emocionalmente.

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