Opinión: La masacre que puso en jaque todos nuestros prejuicios

Columna publicada en Univisión el 14 de junio de 2016.

La masacre del sábado en un bar gay de Orlando ha puesto a muchos en jaque ideológico porque la única postura pública aceptable es rechazarla. Tan solo poner un status en Facebook nos obliga a una pregunta: ¿por qué y desde dónde la rechazo?

Si digo que esto no es un problema de homofobia y que la rechazo en tanto que “son personas”, “seres humanos” que han muerto y pues, que “todos somos iguales”, estoy diciendo una mentira y una estupidez. A estas 49 personas no las mataron en cualquier bar. Los y las mataron en un bar gay donde había personas de todo el arcoiris lgbti, en donde, además, muchos de los asistentes suelen ser latinos, y por eso viven una doble discriminación en Estados Unidos.

Es mentira que todos los muertos son iguales. Las calaveras serán indistintamente blancas pero unas están en fosas y otras en mausoleos. No es lo mismo morirte durmiendo en tu casa a los ochentaitantos, que a golpes a manos de tu pareja o que asesinado por un homófobo la noche de sábado cuando saliste a divertirte. No da lo mismo morirse de una manera u otra, pues para los humanos la muerte es simbólica, y está directamente atada a nuestra dignidad.

Si digo que murieron “personas”, tan solo eso, como fue el primer impulso de los medios de comunicación, borro el motivo, descontextualizo sus muertes y, como resultado, no tengo que revisar mi propia homofobia que, en tanto que móvil de la masacre, es lo que el asesino y yo tenemos en común.

Para muchos estadounidenses y latinoamericanos, la fe musulmana se siente lejana y ya viene marcada con el fácil perjuicio del terrorismo. De repente, Omar Mateen es presentado como “musulmán” y no como un estadounidense.

No importa que Mateen es hombre y estadounidense, como lo son la mayoría de los “shooters” (blancos en su mayoría, a diferencia de Mateen). Es más fácil decir que una religión “extraña” es peligrosa a preguntarse por qué tantos hombres de Estados Unidos son susceptibles de convertirse en asesinos en masa. Además, criticar al Islam por homofobia sin condenar la visible y escandalosa homofobia de muchos grupos cristianos es una indulgencia descarada.

En otro relato, el problema es que Mateen es que es bipolar. Y en vez de llevarnos a una discusión sobre la salud mental como un problema de salud pública, en Estados Unidos y en todos los países, se usa para decir que el asesino es un monstruo, un loco, alguien que no es como nosotros, y de quien podemos desidentificarnos. Las condiciones mentales no matan cuando hay cuidados, bienestar, un entorno de apoyo. Cada vez que le echamos la culpa a la supuesta bipolaridad de Mateen estamos creando un estigma que hará que sea más difícil para las personas con esta condición -o cualquiera- pidan ayuda.

La gente no asesina por ser musulmana ni por ser bipolar. “Bipolar” y “Musulmán” son simplemente categorías que para nosotros significan “lo otro”, “lo que no somos nosotros”, es una manera de desidentificarse del problema, llevándose entre las piernas a unas categorías que devienen estigmatizadas sin tener una violencia intrínseca. Y, ¿hay categorías con violencia intrínseca? Sí. Por ejemplo: “homofobia” o “armas”.

Ninguna masacre es obra y gracia de una sola persona. La policía ya sabía que Mateen le pegaba a su esposa, y lo dejó libre, como a tantos agresores de mujeres. El FBI lo interrogó dos veces con sospechas de terrorismo. Estas sí son señales de que una persona puede ser violenta. Todas señales conocidas por el sistema, que, en vez de prevenir un incidente como este, lo facilita. Pues no hay ley que impida que una persona como Mateen tenga un arma. Y las armas no tienen usos múltiples o ambiguos, se usan para matar, incluso cuando se usan en defensa propia. Quizás reeducar los prejuicios de la gente y tratar toda la rabia estadounidense tome un par de generaciones (si es que se logra) pero dejar de vender armas como si fueran caramelos es una solución inmediata. ¿Qué pasa cuando un hombre violento y homofóbico se aísla, se compra un arma? Y no “un arma”; un rifle de asalto AR-15, famoso por haber sido usado en otras masacres y que bien habría podido ser otra señal a gritos de sus intenciones.

Mucho se ha dicho sobre lo dañino que es todo tipo de discurso discriminatorio contra la población lgbt, pero es importante recordar que este discurso es dañino porque está respaldado por prejuicios, miedo y odio, que además siguen institucionalizados. El problema no está en las palabras, sino en que estas palabras se usan para difundir prejuicios violentos muy reales y muy populares en toda América. Y de nada sirve cancelar las palabras si se mantienen los prejuicios.

No son las palabras, es nuestra homofobia diaria y socialmente aceptada, que hasta disfraza de amabilidad su condescendencia. El daño que causan estas palabras está directamente relacionado con los privilegios (o la falta de ellos): no es lo mismo insultar a quien tiene poder —o un techo, trabajo, educación y familia respaldándolo— que insultar a quien no lo tiene. Si empezamos a escribir en contra de los heterosexuales nuestro discurso se enfrentará a un claro y permanente control social.

Nuestra idea no se verá reforzada por todo un sistema; por el contrario: resultará minúscula en comparación. La población lgbti, y la población latina, tienen, en cambio, una serie de desigualdades que se suman. Desde nuestra homofobia, clasimo, xenofobia, cisexismo, somos responsables. Una masacre como esta se previene, también, eliminando las desigualdades, que están, cómo no, en nuestra vida cotidiana, pero que también están en el Estado, son estructurales, y le merman a la población lgbt su calidad de ciudadanos.

Quizás, en vez de preguntarnos qué pasaría si una de las víctimas es nuestro hijo, nuestra hermana o nuestro amigo, debemos preguntarnos qué habríamos hecho si el asesino fuese alguien conocido, querido en nuestro entorno. Ponemos la causa en otro para decir “no fui yo”. Pero en nada aportamos a este debate desentendiéndonos, diferenciándonos del asesino, se trata de ver en qué nos parecemos, porque eso en lo que nos parecemos sí lo podemos problematizar y hasta cambiar si es necesario. Menos excusas y más examen.

 

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One comment

  1. Reblogueó esto en gabrielaocanay comentado:
    Me parece muy interesante el factor, de salud mental, del cual ni El Estado ni los Seguros Medicos particulares quieren hacerse cargo. ahora porque en el País más poderoso del mundo existen tantas muestras de enfermos mentales sin atención , ya que si estuvieran bajo supervisión médica creo por lo menos bajaría el índice de este tipo de asesinatos.

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