Texas para las mujeres

Columna publicada en Univisión el 20 de junio de 2016.

Una cosa es tener un derecho y otra poderlo usar. En el 2013 el estado de Texas pasó dos leyes que hacen parte de lo que hoy se conoce como HB2 (House Bill 2), una serie de restricciones impuestas sobre las clínicas prestadoras del servicio de interrupción del embarazo. Restricciones absurdas, inútiles y casi imposibles de cumplir, que obligaron a cerrar varias clínicas (de 44 solo quedaron 19 y varias están a punto de cerrar) y a que muchas mujeres recurrieron a abortos clandestinos e inseguros. El argumento de los antiderechos era que estas no eran restricciones sino exigencias para que las mujeres pudieran abortar en condiciones más seguras, pero eran más de 90 páginas de regulaciones que iban desde el ancho de los pasillos hasta que los médicos que realizan abortos debían estar autorizados a ejercer en hospitales y las clínicas deben respetar las mismas pautas que los hospitales para la cirugía en pacientes ambulatorios, lo cual es absurdo y exagerado dado que un aborto puede ser un procedimiento tan sencillo como una colonoscopia.

El caso llegó a la Corte Suprema de los Estados Unidos en medio del suspenso, pues muerte del ministro Anthonie Scalia dejó a la corte con un número par y si la discusión acababa en un empate la restricciones de la HB2 quedarían intactas, y sin duda el movimiento anti-derechos empezaría a replicar la estrategia en otros estados. Era una de esas situaciones en donde se gana o se pierde todo.

Afortunadamente las ministras liberales de la Corte, Ruth Bader Ginsburg, Sonia Sotomayor y Elena Kagan, a punta de preguntas sencillas y reducciones al absurdo acabaron sistemáticamente con toda la argumentación detrás del HB2. Probaron, más allá de toda duda, que las restricciones no tenían ninguna justificación médica, y así mostraron que su único propósito era torpedear el acceso al derecho. La votación fue 5 a 3 contra las restricciones, la Corte no encontró evidencia de que dichas medidas hubiesen ayudado a alguna mujer a tener un mejor servicio y que en cambio imponían una carga innecesaria sobre las cínicas, los y las médicas y las pacientes, entorpeciendo el acceso al derecho a la interrupción del embarazo. El fallo envía un mensaje a todo el país, a favor del derecho de las mujeres a decidir.

Los antiderechos tienen una larga trayectoria usando un discurso ambiguo, que parece bienintencionado y esa, quizás, es su mejor arma histórica, ¡al punto que se autodenominan movimiento “pro-vida”¡ Y claro, todos estamos a favor de la vida, pero especialmente quienes defendemos el derecho de las mujeres a escoger, ya que un aborto seguro y oportuno puede salvar la vida y/o el proyecto de vida de de una mujer, de muchas mujeres (al menos de un tercio de las mujeres estadounidenses). Prohibir u obstaculizar el acceso al derecho al aborto solo va en detrimento de la salud de las mujeres, el resultado son abortos clandestinos e inseguros, muchos como salidos de una película de terror: las mujeres usan ganchos de ropa, toman sustancias tóxicas o se tiran por las escaleras por las escaleras. La mayoría de las mujeres que ha decidido tener un aborto va a llevar a cabo su decisión así tengan que arriesgar su vida o hacer algo ilegal. Y quizás es crudo decirlo, pero también es necesario, porque solo así se entiende por qué es inadmisible que un movimiento que dice defender la vida provoque este tipo de violencias y ponga una vida en potencia por encima de una vida potenciada.

Con el HB2 la estrategia era la misma. Una estrategia perversa, pues usa el discurso sobre la salud de las mujeres para imponer restricciones el acceso a un procedimiento necesario para la salud y la vida de muchas. Dice que ayuda cuando en realidad jode. Dice que salva, cuando en realidad mata. Y por eso fue hermoso ver a las ministras de la Corte desarmar esta falacia con la soltura implacable de quien tiene la lógica y el sentido común a su favor. Antes que los gustos o las preferencias morales están la salud pública y el derecho a la vida. Pero no una vida sin más. La discusión sobre la autonomía de las mujeres pasa por entender que el derecho a la vida no es blanco y negro, estar vivo no basta si no hay bienestar, autonomía, derechos. Una vida que valga la pena ser vivida.

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