Ser gay en el Portal del Prado

Columna publicada el 16 de julio de 2016 en El Heraldo.

En enero del 2015, Héctor Barrios Peña fue humillado por los guardias de seguridad del centro comercial Portal del Prado en Barranquilla. Cuando salió del baño, tres tipos de vigilancia se le acercaron y le gritaron a los presentes que él se estaba masturbando con otro hombre en el baño. La acusación era falsa e imposible de comprobar porque el baño ni cámaras había. Aun así lo sacaron del centro comercial, gritándole “puerco” y Barrios perdió su trabajo como ejecutivo de cuenta en una empresa, ya que varios de sus clientes observaron la escena en el Portal. Tras el chisme por lo que había sucedido, se quedó sin cartera de clientes. Barrios estuvo nueve meses sin trabajo; finalmente consiguió un empleo –con menor salario– y prefiere no entrar a los baños de los centros comerciales para no recordar el incidente.

Barrios se asesoró legalmente con el colectivo LGBTI Caribe Afirmativo e interpuso una tutela que fue negada en primera instancia, pero, afortunadamente llegó a la Corte Constitucional. La Corte falló a favor de Barrios y obligó al centro comercial (administrador del sitio, jefe de seguridad, supervisores, todo el personal de seguridad y todos los jueces que negaron la tutela) a pedirle una disculpa formal. El fallo también obliga a la Defensoría del Pueblo (la misma que no le hizo caso a Barrios en primer lugar) a dictar un cursito sobre la dignidad humana, el buen nombre, la honra y la igualdad.

Incluso sin las disculpas del personal del Portal del Prado, el fallo sienta un antecedente en contra de la discriminación de la comunidad LGBTI en Colombia, y especialmente en el Caribe, donde los chistes homofóbicos inundan las calles, las emisoras, y casi todos los productos culturales. Gracias a todo este aparato de prejuicios, en el que todos y todas tomamos parte, es que los guardias de un centro comercial creen que pueden usar su “poder” para matonear y discriminar a una persona. Es lo mismo que hacen en muchos contextos sociales; es más, estas manifestaciones de violencia hasta sirven para crear vínculos y complicidades dentro de los grupos, al reafirmar formas tóxicas de masculinidad. Quienes no participamos activamente, estamos perfectamente familiarizados con estas formas del matoneo, y las observamos en silencio convirtiéndonos en cómplices. El fallo, desde su impacto simbólico, está para decirnos que si discriminamos habrá consecuencias, pero los obstáculos sistemáticos que encontró Barrios para acceder a la justicia nos habla de una cultura, nuestra cultura, que no acepta y ataca la diferencia, que se cree con derecho a arruinar todas las vidas y cuerpos que no correspondan con esa limitada heteronormatividad que termina por convertirse en una cárcel para todas las identidades.

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