Arrestar a Gerardo Ortíz no hace que las mujeres estemos más seguras

Columna publicada el 19 de julio de 2016 en Univisión.

El fin de semana, el cantante de música norteña, Gerardo Ortíz, fue detenido en por hacer “apología al delito” en el video de su canción Fuiste mía.

Es innegable que el video es misógino y violento, muestra a Ortiz asesinando a el amante de su pareja y luego un feminicidio (encierra a la protagonista del video en el baúl de un carro y lo quema).

El video generó una gran polémica, en incluso se hizo una petición en Change para que el canal de Youtube, Vevo, lo bajara por hacer “apología al feminicidio”. A pesar de que el video es un horror, esta conversación fue muy importante: nos mostró que muchos espectadores son capaces de reconocer que el feminicidio está mal.

En los noventas, Eminem hace lo mismo en su video con Dido y a la mayoría de nosotros eso no nos causó ni la menor incomodidad. Esta vez, en cambio, el fatal video de Ortíz avivó la discusión sobre la violencia contra las mujeres en México, y, esto fue un triunfo para los derechos de las mujeres, pues la sola conversación desnormaliza la violencia.

Hasta ahí todo bien. Pero este fin de semana la Policía Federal de México detuvo al cantante en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, por “apología al delito” en el video de Fuiste mía. Como la apología al delito no es considerado un “crimen grave” el cantante pagó una fianza de 2700 dólares (50,000 pesos mexicanos) y salió en libertad. Sin embargo, de ser encontrado culpable, podría hasta ir un año a prisión.

La detención fue absurda y contraproducente. Tendrían que crear una especie de “cárcel de las estrellas” para acoger a todos los y las cantantes mexicanos que han usado lenguaje machista y violento en sus canciones. La cultura popular es simplemente un reflejo de la sociedad, y en esa medida, casi todos nuestros productos culturales son misóginos. Tenemos que entender, entonces, que el problema no es la cultura, es la sociedad.

Una cosa es hacer una petición de Change para pedir que un canal privado baje un video. El canal privado Vevo está en todo su derecho de escoger los contenidos que más le convengan según los intereses de su audiencia, y la audiencia tiene derecho a hacer todas las exigencias que quiera y esto no es un intento de censura: se necesita tener poder, por ejemplo, el poder de un Estado, para censurar.

Por eso, usar los recursos del Estado (humanos, económicos, etcétera) para “capturar” al cantante por “apología al delito” no solo es inútil (Ortíz pudo pagar su fianza con total frescura) sino que atenta contra su libertad de expresión. Con el arresto de Gerardo Ortíz, ni los hombres son menos violentos ni las mujeres están más seguras, y en cambio el efecto es contraproducente: al capturar a Ortíz lo convierten en un adalid, en un héroe, prohibir el video de Fuiste mía solo le otorga celebridad. En vez de debilitar el discurso misógino lo fortalece.

Es mucho más fácil capturar a un cantante en un aeropuerto por supuesta apología al delito, que investigarlo de verdad por posibles vínculos con la ilegalidad. Por ejemplo, se sospecha que la casa en la que se grabó el video ha sido escenario de ilícitos (en un operativo se encontró un cadáver, fusiles de alto poder, armas y 14 personas fueron detenidas).

Cabe anotar que grabar un video en una casa en donde ha habido actividades ilegales no es un delito en sí, como no lo es ser amigo de un narco. Por lo pronto se puede creer que el cantante tiene admiradores entre los narcos, pero faltaría probar que de hecho ha estado involucrado en actividades ilegales.

En los premios Bilboard de la Música Mexicana 2013, Ortiz cantó su éxito “Dámaso” una canción, se dice, fue dedicada a el llamado “sucesor de El Chapo”, Dámaso “el Minilic” López, hijo de alias “El Licenciado”. La canción es su mayor éxito y la canta en todos sus conciertos en México. Esto, sin embargo, no ha sido considerado una “apología al delito”.

Así, la selectividad parece indicar que se trata de un arresto mediático, para mostrar resultados en materia de disminución de violencia contra las mujeres. Resultados que no existen, pues los índices de impunidad en cuanto a feminicidios siguen siendo de un 95%.

¿Qué pasaría sin en vez de perseguir cantantes, investigaran a los agresores? ¿Qué pasaría si en vez de fiscalizar los contenidos del entretenimiento incorporaran la perspectiva de género en el sistema educativo? Los discursos, por ofensivos que sean, están para discutirlos, no para censurarlos. Es en esas discusiones en las que podemos desmontar los prejuicios y cambiar los comportamientos. En nada ganamos las mujeres cuando se atenta contra la libertad de expresión para disimular la incompetencia.

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