Desidia en el Amira

Columna publicada en El Heraldo el 23 de julio de 2016.

Una nota de Publimetro anunció esta semana que hay planes de cerrar durante tres años al Teatro Amira de la Rosa por arreglos y remodelaciones. Se prevé una inversión de 100.000 millones de pesos, y se espera que el primero de agosto el gerente General del Banco de la República, José Darío Uribe, de a conocer el proyecto. En una nota de EL HERALDO se habla de que iluminación y el sonido serán la prioridad en la “modernización” del teatro, pero otros afirman que la cosa es mucho más grave, que el teatro Amira de la Rosa se está cayendo.

En 2014, el Banco de la República invirtió 750 millones de pesos para arreglos: adecuación de sus 26 camerinos, reemplazo de las bancas del parque, renovación del sistema de detección de incendios, arreglo de la humedad en el cielo raso, revisión de la tubería de los baños y adecuación de los ductos de ventilación para un nuevo aire acondicionado. Todos estos arreglos tomaron alrededor de seis meses. Si los nuevos arreglos obligarán a cerrar el teatro por tres años completos, cabe imaginarse que casi que lo van a reconstruir. Aunque no se necesita mucha imaginación, dice EL HERALDO que “En una visita reciente este medio corroboró el mal estado de algunas zonas, que se encuentran descuidadas. El daño más visible es en el techo, que desde su frente se observa corroído.” Es un secreto a voces que las instalaciones del teatro están en muy malas condiciones, una fuente dijo a este periódico que “los equipos llevan 35 años sin el debido mantenimiento”.

El teatro también se ha ganado fama por los robos que ocurren en sus instalaciones, algo que muestra un descuido, si no estructural, administrativo. Un cierre de tres años y tamaña inversión son señal del descuido sistemático que ha sufrido el teatro que, si tuviera mantenimiento constante, no tendría que cerrarse para dejar a Barranquilla tanto tiempo sin uno de sus escenarios culturales más importantes.

Y uno de los edificios insignes de la ciudad, uno de los mejores teatros del país, orgullo barranquillero. Solo que la desidia también es nuestra, estamos orgullosos del teatro de dientes para fuera pero la verdad es que el barranquillero promedio rara vez lo visita, incluso con sus muchas funciones gratuitas. Esto no es un problema de poco interés individual, algo falla en la educación, y en el acceso a la cultura de una ciudad cuando un escenario como este no se aprovecha en todo su potencial. Como tantas insignias de la región, nos gusta pensar en ellas románticamente, pero nunca nos preocupamos de su mantenimiento. Por eso fue que al Muelle de Puerto Colombia se lo llevó el mar. Mejor dicho, nosotros le dimos la espalda y así se lo entregamos al mar para que se lo llevara. Y algo similar parece que le ocurre hoy al Amira: luce muy bien en los folletos de turismo, pero ha caído en el olvido tanto nuestro como del Estado.

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